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1 de Mayo de 2008
Cosmología

¿El fin de la cosmología?

Un universo en aceleración borra las huellas de su propio origen.

Transcurridos 100.000 millones de años, la sucesora de la Vía Láctea es una supergalaxia en forma de bola. La Tierra podría flotar, abandonada, por sus aledaños. Las demás galaxias no están al alcance de la vista. [DON DIXON]

En síntesis

A finales del siglo pasado se descubrió, contra todo pronóstico, que la expansión del universo se está acelerando. El fenómeno, causado por un misterioso agente conocido como energía oscura, afectará drásticamente al destino del cosmos.

La expansión acelerada hará que, en un futuro lejano, la inmensa mayoría de las galaxias desaparezcan para siempre de nuestra vista. Con ello desaparecerán los indicios observacionales de la expansión del universo.

El fondo cósmico de microondas y la composición química del universo también borrarán todo rastro de su pasado. Para nuestros descendientes, el universo será una laguna de estrellas sumergida en un vacío infinito y sin cambios.

Un artículo de Investigación y Ciencia que hubiese tratado hace cien años ­sobre la historia y la estructura a gran escala del universo apenas si habría dicho algo que fuese cierto. A principios del siglo XX, se creía que nuestra galaxia era todo el universo. La llamaban «el universo isla», como si fuera un cúmulo aislado de estrellas en medio de un vacío infinito. Hoy sabemos que nuestra galaxia es solo una entre las más de 400.000 millones de galaxias observables. A principios del siglo XX, el consenso científico admitía que el universo era estático y eterno. No se sospechaba ni remotamente que hubiese nacido de una «gran explosión». Se ignoraba que los elementos ligeros se sintetizaron en los primeros instantes de esa gran explosión y, luego, en el interior de los núcleos de las estrellas. Nunca se pensó en la expansión del espacio y en que la materia lo curvase. El conocimiento de que el espacio está bañado en radiación, imagen fantasmagórica del frío rescoldo de la creación, tuvo que esperar al desarrollo de técnicas modernas concebidas no para explorar la eternidad, sino para llamar por teléfono a casa.

Es difícil pensar en un área del saber que haya cambiado más en los últimos cien años que la cosmología. Pero ¿debe la ciencia del futuro reflejar siempre más conocimiento empírico que el que existía en el pasado? Nuestro trabajo sugiere que, a escalas cósmicas, la respuesta es negativa. Podríamos estar viviendo en la única época de la historia del universo en la que resulta posible adquirir un conocimiento preciso de su verdadera naturaleza.

Esta reflexión se encuentra motivada por uno de los hallazgos más impresionantes de los últimos años. En 1998, dos equipos de astrónomos reconstruyeron la expansión del universo a lo largo de los últimos 5000 millones de años y vieron que parecía acelerarse. Se cree que la fuente de tal antigravedad cósmica es una nueva forma de «energía oscura», asociada al espacio vacío. Algunos teóricos, entre ellos uno de nosotros (Krauss), habíamos anticipado este resultado a partir de mediciones indirectas efectuadas unos años antes, pero son las observaciones directas las que cuentan en física.

La aceleración del universo implica que el espacio vacío contiene tres veces más energía que todas las estructuras cósmicas que observamos hoy: las galaxias, los cúmulos y los supercúmulos de galaxias. Paradójicamente, Albert Einstein fue el primero en plantear la existencia de esta forma de energía, pero con el fin de mantener un universo estático. La llamó constante cosmológica.

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