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1 de Marzo de 2005
Virología

El virus de la gripe de 1918

Se ha conseguido resucitar a la cepa más mortífera del virus de la gripe de toda la historia. ¿Puede revelar el virus 1918 cómo mató a millones de personas y dónde pueden ocultarse otros similares?

El 7 de septiembre de 1918, en los momentos más críticos de la primera guerra mundial, un soldado de un campo de entrenamiento situado a las afueras de Boston cayó enfermo con fiebre elevada. Los médicos le diagnosticaron una meningitis, pero cambiaron de opinión al día siguiente, cuando una docena de soldados fueron hospitalizados con síntomas respiratorios. El día 16 se declararon 36 nuevos casos de aquella enfermedad desconocida. Sorprendentemente, el 23 de septiembre se habían declarado 12.604 casos en un campamento de 45.000 soldados. Al final del brote, una tercera parte de la población del campo había enfermado de esta grave dolencia y, de ellos, casi 800 murieron. A menudo, los soldados fallecidos presentaban una coloración azulada de la piel y, antes de morir por asfixia, padecieron terribles sufrimientos. Muchos fallecieron apenas 48 horas después de presentar los primeros síntomas; en la autopsia sus pulmones aparecieron repletos de líquido o sangre.

El conjunto de síntomas no guardaba relación con ninguna enfermedad conocida. William Henry Welch, reputado patólogo de la época, supuso que "debe ser alguna nueva clase de infección o plaga". La enfermedad no era una plaga ni ningún agente nuevo: se trataba de la gripe. Aquella cepa del virus de la gripe, especialmente virulenta e infecciosa, mató a unos 40 millones de personas en todo el mundo entre 1918 y 1919.

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