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1 de Abril de 1988
Vulcanología

Riesgo volcánico

Las recientes erupciones del monte Santa Elena y el Nevado del Ruiz, de efectos tan dañinos, han impulsado el desarrollo de la vulcanología, sobre todo en lo relativo a la evaluación de los riesgos y a la vigilancia de los volcanes.

Los volcanes han adquirido en los últimos años un innegable protagonismo, no sólo en el ámbi­to restringido de las ciencias de la Tierra, sino también en el interés del público general. Débese ello a las ca­tástrofes, humanas y materiales, provocadas por las erupciones del Santa Elena y el Nevado del Ruiz, entre otros.

No parece, sin embargo, que, desde una perspectiva geológica, e incluso histórica, pueda decirse que estemos ante un incremento de la actividad volcánica del planeta. Lo que sí ha crecido es la densidad de población en zonas volcánicas activas, con el consiguiente riesgo para sus vidas. Peligro que ha generado, en un movimiento de defensa, una mayor inversión en el campo de la investigación científica y técnica para evitar o mitigar al menos los efectos adversos de las erupciones.

Por marcar un hito de referencia, podría decirse que ese creciente protagonismo comenzó a las 8,30 de la mañana del 18 de mayo de 1980, cuando se produjo la erupción del volcán Santa Elena, dormido desde hacía 150 años. Aunque la estrecha vigilancia que los vulcanólogos estadounidenses mantenían sobre el mismo —alertados desde un año antes por el inicio de la actividad sísmica y varias explosiones freáticas, producidas por la presión del vapor generado al entrar el magma en contacto con el agua del subsuelo— evitó males ma­yores, la tremenda energía liberada a lo largo de las pocas horas que duró la erupción —equivalente a unas 27.000 bombas atómicas similares a las arrojadas sobre Hiroshima, con una cadencia de una bomba por segundo— ocasionó la muerte de 57 personas y pérdidas materiales cercanas a los mil millones de dólares.

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