Detectado un nuevo impacto sobre el planeta Júpiter

29/05/2017 1 comentario
Menear

Un aficionado francés captó el pasado viernes 26 de mayo la pluma de impacto de lo que podría ser un asteroide en la región norte del disco de Júpiter. Vuelve a recordarnos que Júpiter es el gran protector de la Tierra.

 

El planeta Júpiter es ahora perfectamente visible al atardecer proyectándose sobre la constelación de Virgo. Nadie hubiera pensado que en ese pacífico lecho iba a sufrir otro brusco encuentro con un cuerpo menor. El pasado viernes 26 de mayo a las 19h25m T.U.C tuvo lugar la detección de un nuevo impacto por el corso Sauveur Pedranghelu que tenía lugar en la región polar Norte (Fig. 1). En esta nueva entrada veremos de responder a varias preguntas: ¿Por qué se hacen frecuentes estas detecciones del impacto de asteroides/cometas contra los planetas? ¿Qué podemos aprender de ellos?

Fig.1 

Figura 1. Frame extraída del vídeo de Sauveur Pedranghelu donde se marca con una flecha la pluma de impacto detectada el pasado 26 de mayo de 2017.

 

JÚPITER: EL GRAN PROTECTOR DE LA VIDA EN LA TIERRA

Con sus casi trescientas veinte masas terrestres, el campo gravitatorio de Júpiter actúa como un potente absórbelo todo. La gravedad del planeta gigante es capaz de desviar asteroides y cometas con órbitas excéntricas y capaces de impactar contra la Tierra u otros planetas rocosos. Por todo ello solemos decir que Júpiter es el mayor protector de la vida en la Tierra, sin su magna presencia la tasa de impactos de alta velocidad causada por asteroides o cometas con órbitas excéntricas sería mucho mayor (Trigo-Rodríguez, 2012). Empezamos a ser conscientes del papel único de ese planeta gigante en julio de 1994. Fue entonces cuando tuvieron lugar los ya famosos impactos del cometa Shoemaker-Levy 9 sobre Júpiter (Fig. 2) ¿No resulta una enorme paradoja que la mayoría de la humanidad no sepa ni identificarlo en el cielo?

 Fig. 2

Figura 2. El cometa Shoemaker-Levy 9 se fragmentó por efecto de marea gravitatoria al ser capturado por el planeta gigante. Una serie de sucesivos impactos de cada uno de los fragmentos del cometa dejaron grandes marcas en la atmósfera superior, siendo perfectamente visibles con telescopios de aficionado. Esta imagen muestra alguna de ellas, de tonalidad marronosa, capturadas por el Telescopio Espacial Hubble (NASA/ESA)

LA DETECCIÓN DE IMPACTOS SE HACE FRECUENTE...

Cuando tuvieron lugar los impactos del cometa Shoemaker-Levy 9 sobre Júpiter ya se había dado la revolución de las cámaras CCD (Charge Coupled Devices) y la imagen digital en astronomía. En aquel entonces estos dispositivos, hoy en día esenciales e imprescindibles, comenzaban a hacerse accesibles a los astrónomos aficionados a precios bastante asequibles. Aun así, muchos todavía gastábamos cámaras fotográficas y cierto es que todavía no se había dado el fenómeno posterior del desarrollo del vídeo digital, con todas las capacidades que supone para el registro de planetas a través de telescopio. De hecho, hoy el día el vídeo digital permite detectar fenómenos con gran resolución espacial y temporal, una carencia temporal extendida en el tiempo y que permite detectar fenómenos transitorios como son las plumas de impacto.

De hecho, el uso de técnicas de vídeo para detectar impactos fue primero desarrollada por equipos científicos interesados en detectar los impactos de meteoroides contra la Luna, precisamente aprovechando que la Tierra atravesaba las densas cortinas de polvo del cometa Tempel-Tuttle, produciendo la tormenta meteórica de las Leónidas en 1999 (Dunham, 1999; Ortiz et al., 1999, 2000). La detección fue tremendamente exitosa y abrió una nueva línea de investigación que ofrecía la posibilidad de extender la monitorización del paso de grandes meteoroides a través del sistema Tierra-Luna (Ortiz et al., 2006)

UNA NUEVA ERA: ASTRÓNOMOS AMATEURS DETECTANDO IMPACTOS EN JÚPITER

Por todo lo anteriormente explicado, una nueva detección de impacto sobre Júpiter tuvo que esperar quince años. Fue el 19 de julio de 2009, cuando el aficionado australiano Anthony Wesley detectó con su videocámara acoplada a foco directo de su telescopio una mancha oscura que no era el impacto mismo sino sus consecuencias, similares a las nubes oscuras mostradas en la Fig. 2. El papel extraordinario que los astrónomos aficionados pueden desempeñar en la detección de estos breves fenómenos se hacía manifiesto.

Posteriormente a ese evento han tenido lugar otras detecciones, el 3 de junio de 2010, el 20 de agosto de 2010, el 17 de marzo de 2016 y la ahora detectada el 26 de mayo de 2017 (Fig. 1 y 3). Los impactos en el futuro van a hacerse mucho más frecuentes y no sólo en Júpiter, sino quizá también en Marte o Saturno. Así mismo, posiblemente buena parte de estos no dejen rastro en las atmósferas de esos planetas (como el impacto que nos ocupa), lo que viene a decirnos que las cámaras son cada vez más sensibles, detectan eventos producidos por rocas de tamaño métrico o de decenas de metros cuyos efectos sobre la atmósfera no son de tan larga duración (Hueso et al., 2013).

 Fig. 3

Figura 3. Secuencia del vídeo de Sauveur Pedranghelu con la pluma de impacto detectada el pasado 26 de mayo de 2017.

Dado el intenso campo gravitatorio de Júpiter los objetos que se atreven a cruzar sus dominios son absorbidos y acelerados hasta estrellarse contra la atmósfera superior del planeta, en un inexorable final. Por término medio los impactos acontecen con una velocidad unas cinco veces superior a la acontecida en la Tierra y, por tanto, la energía cinética (que es proporcional al cuadrado de la velocidad) son unas 25 veces más energéticos. Por ello son detectables desde grandes distancias: recordemos que como mínimo Júpiter se encuentra a unos 600 millones de km de la Tierra.

De paso, estos eventos nos recuerdan que, más tarde o más temprano, nuestro planeta volverá a ser golpeado por un asteroide o un cometa (Trigo-Rodríguez et al., 2017). Es tan sólo cuestión de tiempo pero con un margen en el que, afortunadamente, tendremos la capacidad para desarrollar y comprobar nuevas técnicas para desviar asteroides (Moyano-Cambero et al., 2017). En ese sentido, no cabe duda que la financiación de la Asteroid Impact Mission (AIM) debe seguir como una prioridad a nivel europeo. Tenemos una gran ventaja con los dinosaurios, pues ellos jamás llegaron a imaginar que la extinción les llegaría inesperadamente desde el cielo, por lo cabe tomar conciencia de ello y obrar en consecuencia.

   BIBLIOGRAFÍA

   Dunham, D.W., Cudnik, B., Hendrix, S., Asher, D.J. (1999) Lunar Leonid meteors. IAUC 7320.

   Hueso, R., Pérez-Hoyos, S., Sánchez-Lavega, A., Wesley, A., Hall, G., Go, C., Tachikawa, M.; Aoki, K.; Ichimaru, M.; Pond, J. W. T.; Korycansky, D. G.; Palotai, C.; Chappell, G.; Rebeli, N.; Harrington, J.; Delcroix, M.; Wong, M.; de Pater, I.; Fletcher, L. N.; Hammel, H.; Orton, G. S.; Tabe, I.; Watanabe, J.; Moreno, J. C. (2013) Impact flux on Jupiter: From superbolides to large-scale collisions. Astronomy & Astrophysics 560, id.A55, 14 pp.

   Moyano-Cambero, C.E., Pellicer, E., Trigo-Rodríguez, J.M., Williams, I.P., Blum, J., Michel, P., Küppers, M., Martínez-Jiménez, M., Lloro, I., and Sort, J. (2017) Nanoindenting the Chelyabinsk Meteorite to Learn about Impact Deflection Effects in Asteroids. Ap.J. 835: 2, article id. 157, 9 pp.

   Ortiz, J.L., Aceituno, F.J., Aceituno, J. (1999) A search for meteoritic flashes on
the Moon. Astron. Astrophys. 343, L57–L60.

   Ortiz, J.L., Sada, P.V., Bellot Rubio, L.R., Aceituno, F.J., Aceituno, J., Gutiérrez,
P.J., Thiele, U. (2000) Optical detection of meteoroidal impacts on the
Moon. Nature 405, 921–923.

  Ortiz, J. L., Aceituno, F. J.; Quesada, J. A.; Aceituno, J.; Fernández, M.; Santos-Sanz, P.; Trigo-Rodríguez, J. M.; Llorca, J.; Martín-Torres, F. J.; Montañés-Rodríguez, P.; Pallé, E. (2006) Icarus 184, 319-326.

  Trigo Rodríguez J.M. (2012) Las raíces cósmicas de la vida. Colección El espejo y la lámpara. Ediciones UAB, Barcelona, ISBN: 978-84-939695-2-3, 241 págs.

  Trigo-Rodríguez J.M., Gritsevich M. y Palme H. (eds.) (2017) Assessment and Mitigation of Asteroid Impact Hazards. Springer, Cham, Suiza, 256 págs.