Capitalismo epistemológico

03/04/2016 0 comentarios
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Tú me das la pelota (/acelerador/laboratorio) y yo me la quedo.

Mis periódicos ataques de procrastinación, si bien académicamente condicionados, me han llevado hace poco a comparar mis índices cuantitativos profesionales con los de los de aquellos más elevados. Es decir, he comparado mis números con los de los plusmarquistas de las ciencias.

Antes de continuar, debo clarificar una cosa: existe una multitud de fórmulas e índices que sirven para evaluar la capacidad investigadora o el impacto académico de los académicos: Índice de Impacto, índice h, RG Score, puntos de impacto acumulados, índice I10 o índice G, entre muchos otros aparecidos y los todavía por venir. Miro crecer los míos con avidez y preocupación año tras año, puesto que mi ocupación laboral depende de esto: mi plaza en la universidad, la obtención de becas de investigación, de recursos para la organización de actividades académicas... todo mi mundo, vaya.

Reconozco que los miro con demasiada frecuencia, casi compulsivamente, como si pudieran crecer mientras me los miro, lo cual es casi imposible, ya que tan sólo aumentando la producción y su difusión es esto posible. Y es evidente que mientras narciseo esto no sucede (¡¿para cuándo una IA de soporte a la loa del investigador precario?!).

A lo que íbamos, pensé en mirar las puntuaciones de un científico famoso en nuestros días por su brillantez, audacia e incluso facilidad para recoger ingentes dividendos económicos de sus investigaciones: John Craig Venter. Venter, nacido en 1946 es el paradigma del investigador exitoso: como biotecnólogo lideró el proyecto privado de la empresa Celera Genomics que permitió secuenciar por primera vez el genoma humano, y más tarde fue el primer científico en transferir a una célula un genoma sintético. Recientemente ha sintetitzado el ser vivo con el número operativo de genes más pequeño viable hasta el momento (el Minimal Genome Project): ha conseguido que la bacteria Mycoplasma genitalium pase de 470 a 375 genes esenciales, mediante modificaciones en su genoma. De pasada ha creado una nueva célula de 473 genes, denominada Syn 3.0 (transfiriendo el genoma de un Mycoplasma mycoides previamente 'limpiado de genes no esenciales', a un Mycoplasma capricolum también previamente rebajado. ¿Desviaciones de un científico loco? Pues no... para que os hagáis una idea, Venter ha captado los últimos años más de 100 millones de dólares de diversas empresas y se estiman unas inversiones futuras de 300 millones por parte de ExxonMobil para crear fuel sintético mediante bacterias diseñadas para ello mediante su empresa Synthetic Genomics (http://www.syntheticgenomics.com). Es decir: Venter publica investigaciones de gran calidad y además patenta organismos y técnicas con las que obtiene muchos beneficios económicos.

Para que os hagáis una idea, compararemos sus datos con los de algún investigador español del Centro Nacional de Biotecnología, usando Researchgate como fuente: José Carlos Alonso, director del Laboratorio de estabilidad genética del Centro Nacional de Biotecnología. Researchgate, una empresa privada, ha creado su propio índice teniendo en cuenta las publicaciones del autor y su aceptación dentro de la comunidad evaluada a partir de diversas cosas tales como el interés por sus publicaciones, las citaciones, su valoración en dar respuestas requeridas y otros elementos. Comparemos algunos datos:

 RG Score: Alonso 44,29 vs. Venter 49,14
 Publicaciones: Alonso 243 vs. Venter 442
 Citaciones: Alonso 5385 vs. Venter 73.791
 Índices de impacto acumulados: Alonso 945,2 vs. Venter 4654,73
 Lecturas de sus artículos: Alonso 4780 vs. Venter 15.710

No existe un abismo en la puntuación general del índice RG. A no ser que lo comparemos con un excelente filósofo como Manuel García-Carpintero (RG: 19,56, 71 publicaciones, 523 lecturas, 283 citaciones, 9,19 índices de impacto acumulados)... pero esto es normal puesto que estos índices están calculados con unos criterios que están pensados desde una óptica tecno-científica que valora ciertas variables en detrimento de otras más propias de las humanidades. Donde sí que hay diferencias es en la producción científica, las lecturas recibidas y el índice de impacto acumulado. En estos tres aspectos, la distancia es ya descomunal, ganando Venter la partida de forma evidente. Pero... ¿Y si nos fijamos en los plusmarquistas mundiales? Os voy a poner dos ejemplos: Walter C. Willett, médico y profesor en Harvard, contra el biólogo Adam B. Shapiro. De nuevo los datos:

 RG Score: Willett 56,33 vs. Shapiro 408,33
 Publicaciones Willett 1300 vs. Shapiro 65
 Citaciones: Willett 190.100 vs. Shapiro 2837
 Índices de impacto acumulados: Willett 13.955, 96 vs. Shapiro 213,43
 Lecturas de sus artículos: Willett 38.840 vs. Shapiro 3070

Si las puntuaciones de un líder mundial como Venter son impresionantes, los datos que presenta Willett oscilan entre lo demoledor, lo inhumano y lo aterrador. Shapiro, mucho más comedido obtiene un índice RG descomunal gracias a la conjunción de múltiples factores en los cuales que ahora no podemos ahondar.

Hay un concepto que deseo introducir ahora que nos ayudará a entender cómo es posible todo esto: capitalismo epistemológico. Por capitalismo epistemológico designaré el proceso de generación de conocimiento basado en una economía de producción colectiva donde unos pocos se benefician de la plusvalía intelectual de muchos otros. Es decir, que muchos trabajan para que pocos obtengan beneficios ingentes. Porque, ¿cómo puede uno publicar tantos artículos o libros cada año y con ello acumular puntos en revistas de impacto? ¿Cómo puede tener tiempo para rellenar solicitudes burocráticas para pedir becas, firmar contratos, pedir patentes...? ¿Cómo puede dirigir tantas tesis sin caer en el caos? Bueno, estamos hablando de gente dotada, muy inteligente, trabajadora, motivada, académicamente agresiva y con evidentes habilidades sociales. Todas estas cualidades son difícilmente aunables en una misma persona. Pero incluso bajo este prisma no debemos pensar que son genios aislados. En realidad son personas que se benefician de la ayuda constante e intensa de otros investigadores.

Las publicaciones aumentan gracias a que ellos dirigen/poseen grupos que producen constantemente, y sus nombres son añadidos hacia el final o zona final de casi cada publicación generada. De este modo, el autor suma puntos que le serán útiles para pedir fondos para pagar grupos, para pagar becas y contratos de nuevos colaboradores, tejiendo un círculo extremadamente vicioso en el que cuanto más tienes, mejor te va.

El capital favorece el capital: pero aquí no tan sólo hablamos de dinero, sino de capital intelectual. Y mientras estas dinámicas perversas se consolidan, víctimas colaterales emergen por doquier: personas menos afortunadas, con menos dotes de algún tipo, pertenecientes a disciplinas afectadas por estas leyes del mercado académico, estudiantes doctorales autofinanciados, investigadores post-doctorales superespecializados que optan entre el paro forzoso o la incorporación en cualquier grupo interesado por ellos, nacidas en el 'lugar equivocado', hablantes y defensores de una lengua no universalizada, etc., etc., etc.

La forma de sumar es fácil: haciendo que una plusvalía intelectual de otros se sume a tu propio CV. Porque una cosa es la simbiosis y otra, el parasitismo. Estos nuevos líderes, generalmente hombres mayores, blancos, occidentales, acostumbran no sólo a parasitar, sino también a crear guetos académicos donde las listas de favores mutuos son ingentes: yo te financio, tú evalúas positivamente a mí y a mis protegidos, yo te invito a un congreso como ponente,...

Yo abogo por la simbiosis epistemológica: por el crecer ayudando a crecer, por compartir y debatir trasversalmente, por mantener la ilusión que nos llevó a este punto de la academia: saber un poco más y compartirlo con gozo. En el fondo, somos unos niños ilusionados por la naturaleza y las cosas que en ella hay o se piensan. Bueno, creo que al final no me he comparado con nadie. Por vergüenza propia. Diré a mi favor que tengo una vida, por lo menos. Sic transit gloria scientia.

P.D. Para la transparencia de mi casta: Mis datos: RG: 17,99; 77 publicaciones, 10.940 lecturas, 54 citaciones, 8,99 puntos de impacto acumulados. No estoy orgullo de estos puntos, pero tampoco me arrepiento de cómo he llegado a ellos. Hay mucha Filosofía de por medio.