Tabús científicos (2): ciencia militar

27/09/2017 0 comentarios
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No tengamos miedo del miedo.

Estaba el otro día en el gimnasio, intentando superar la crisis de los 40 corriendo en una cinta, cuando por las pantallas que intentan que no pienses en tu sofá (ese momento hámster) apareció el gran Carlos Arguiñano explicado una de sus recetas. Jalonando sus platos con chistes y anécdotas, explicó cuando en su período juvenil realizó el servicio militar como cocinero. Entonces dejó ir una de sus frecuentes y lapidarias frases "teníamos submarinos pero no peladores". Añadió que siempre se inventa para la guerra cuando hay necesidades más básicas y fáciles de resolver que quedan pendientes. El pelador de patatas, por ejemplo.

¿Tiene razón Arguiñano? Pues desde una perspectiva de la historia de las ciencias, sí, al 100 %. Existen intrínsecas, profundas y sólidas relaciones entre lo militar y las prácticas y los conocimientos científicos. Esto se entiende a la luz de la concepción situada del conocimiento: las preguntas y los objetivos intelectuales se encuentran tanto condicionados como incluso determinados por factores sociales y culturales. Tal y como resumió magistralmente en un breve haiku el excelso poeta Mario Benedetti: "En la razón/sólo entran las dudas/ que tengan llave". Es decir, en un sistema conceptual tan sólo se plantean las preguntas que el propio sistema conceptual permite, y, en consecuencia, se exploran los caminos que el entorno permite o reclama. Dado el potencial ventajoso que proporciona la tecnociencia a una comunidad, es normal ver que las sociedades guían y refuerzan determinados tipos de investigación de acorde a sus intereses.

El papel de lo militar en lo social es obvio: cuando hablamos del paso de la Edad del Bronce a la del Hierro, un proceso no universal pero frecuentemente universalizado, en realidad estamos refiriéndonos a la capacidad de un colectivo para crear armas más sólidas y efectivas, lo que contribuyó a que los pueblos que tenían mejor armamento y ejércitos organizados pudieron someter a otros pueblos. La supremacía actual norteamericana en el panorama internacional no se debe a su amabilidad o la atracción por su modelo cultural, sino a la posesión del arsenal militar más letal y efectivo del mundo. Del 100 % de gasto militar que se produjo en el 2011 en el mundo, los Estados Unidos de Norteamérica efectuaron el 41 %, en primera posición, teniendo a la Comunidad Europea en un segundo lugar... con un gasto del 12,9 %. Con la entrada de Trump, el presupuesto está aumentando y se cifra la inversión anual actual militar de los EE.UU. en US$ 600.000 millones. Esta inversión permea las investigaciones en numerosísimos ámbitos tecnocientíficos: telecomunicaciones, IA, diseño de nuevo armamento, robótica, biomedicina, u otras relacionadas con la amplia variedad de requerimientos del poderoso ejército norteamericano. Los países líderes en gasto militar, en estos momentos son: 1 EE.UU. (US$ 596 mil millones), 2 China (US$ 215 mil millones), 3 Arabia (US$ 87 mil millones), 4 Rusia (US$ 66 mil millones), 5 Reino Unido (US$ 55 mil millones) (Fuente:Stockholm International Peace Research Institute).

Fotografia: ¿quién al servicio de quién? Fuente: PixabayQue el conocimiento científico está ligado a aspectos sociales y prácticos es algo fuera de duda para la comunidad experta en la historia de las ciencias. Las relaciones entre recaudación de impuestos y geometría en el Antiguo Egipto (para medir los campos y calcular los impuestos correspondientes), astronomía y política en la China imperial (para disponer de las pautas agrícolas y organizativas relacionadas con el clima, al mismo tiempo que para justificar un sistema político basado en la divinidad estelar imperial), son claros ejemplos de lo expuesto. Si nos concentramos en lo militar, podemos encontrar rastros de lo dicho en épocas pretéritas: Arquímedes y el fuego griego, Vitruvio y las máquinas de asedio, Galileo calculando tablas de balística para el ejército u ofreciendo y legando su nuevo instrumento –el telescopio- a la República de Venecia para usos militares...

Algunas de estas interrelaciones son incluso determinantes desde una perspectiva a gran escala. Pensemos por ejemplo en los intentos de Charles Babbage de crear tablas balísticas de precisión para la Marina británica, dando lugar a la creación de la primera máquina mecánica programable de la historia, cuyo primer programa fue escrito por una mujer, Ada Lovelace (para otro día tenemos pendiente el papel oculto y ninguneado de las mujeres en las ciencias). Los nuevos estados europeos requirieron de máquinas de cálculo para cómputos sociales, dando lugar a los censos modernos y al desarrollo paralelo de la computación. También fue ésta el resultado de los intentos aliados por desencriptar las comunicaciones alemanas durante la segunda guerra mundial... lo que permitió a Alan Turing el desarrollo de una máquinas de cálculo muy potentes y a disponer de elementos para generar los fundamentos de la computación moderna y a la inteligencia artificial. Durante la misma contienda, emergió la Big Science a partir del proyecto Manhattan: unidos cientos de científicos e ingenieros, trabajaron codo a codo hasta demostrar que E = mc2 no era una simple fórmula sino una realidad que las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki pudieron demostrar. Ni la meteorología o la estadística se libraron de participar en diversas guerras (pensemos en su papel para la preparación del Día-D, aportando datos y aumentando sus presupuestos e inversiones en pos de un beneficio militar.

La amenaza nuclear y los investigadores de DARPA dieron lugar a los embriones del actual Internet, a las investigaciones de cohetes que permitieron la tecnología de satélites o a la teoria de juegos contemporánea. No debemos olvidar que la dura confrontación entre "ciencia democrática vs. ciencia comunista" (sic ambas), alentó inversiones sin parangón en el período de la Guerra Fría.

La robótica militar (y en cierto modo la civil) actual, el control sobre el Deep Learning, el Big Data, las telecomunicaciones e Internet están profundamente relacionadas a la lucha militar. Pensemos que lo militar no siempre debe entenderse bajo la imagen de un soldado con su traje operativo, sino que abarca múltiples ámbitos: coordinación, información, análisis, diseño de armamento, logística, espionaje...

Con todo, y a pesar de la íntima correlación entre conocimiento científico y el ámbito militar, no defiendo que ésta deba ser una relación necesaria. Más bien lo contrario: deberíamos ser capaces de crear conocimiento al margen de beneficios militares e industriales, teniendo en mente a las necesidades de la propia población humana. ¿Qué nos indica que hace pocas décadas un ejército dispusiera de submarinos pero no de peladores eficientes? ¿Cómo puede un país invertir tanto en "defensa" cuando su población está desatendida en tantos aspectos? Podemos mirar a la India y ver que si bien cerca de 600 millones de indios no tienen lavabo en casa (lo que acaba originando muchos problemas, entre ellos el de violaciones sistemáticas), y 750 millones no tienen acceso a agua potable, ese mismo país es capaz de crear y disponer por sus propios recursos de bombas atómicas, cohetes intercontinentales o cazas de combate. Pero no critiquemos a otros países sin antes pensar en nuestra situación, la cual es ciertamente criticable. Sabemos pero no hacemos nada. La lógica del poder y de nuestra inercia lo hace posible. Bueno, por lo menos ya tenemos un pelador. Ahora... ¡a por el resto!