Divulgación de proximidad

19/12/2010 5 comentarios
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Internet es un gran aliado de la divulgación científica. Toda persona con inquietudes científicas puede profundizar en cualquier tema que le resulte interesante, a cualquier nivel, en cualquier idioma, leyendo, compartiendo, preguntando y aportando su granito de arena. Pero la verdad es que la mayoría de foros científicos tienen escasa participación. Por otra parte, la presencia de divulgación científica de calidad es muy escasa en los medios de comunicación para grandes audiencias. Tampoco abunda la divulgación en formato papel, debido en parte a los cambios de hábitos de la sociedad actual. No es exagerado decir que el futuro de la divulgación científica es incierto. Muchos creemos que la sociedad no puede permitirse el lujo de mantenerse iliterata en temas científicos, pero no es fácil intuir cuál es la herramienta más adecuada para mejorar la comunicación científica.

Sin embargo, un hecho aparentemente minoritario llama la atención: existen cada vez más iniciativas para compartir discusiones científicas de forma presencial. Aumentan el número de conferencias o, por ejemplo, de cafés científicos. Aparece incluso el fenómeno de turismo científico basado en visitas a grandes instalaciones de investigación. Aunque resulte paradójico, en el mundo de internet, el valor de hablar directamente con un científico real o de conocer los entresijos de un laboratorio cobra relevancia.

Es lo que podríamos denominar como “Divulgación de proximidad”. Una persona interesada en un tema científico desea poder hablar directamente con un investigador, con una persona que ha trabajado intensamente en el mismo problema que le preocupa. Cara a cara, las preguntas son directas, las respuestas son mucho más claras. De la misma forma que la magia de proximidad es fascinante, la divulgación de proximidad es una droga para todo diletante del descubrimiento.

Es fácil establecer analogías con otras actividades humanas. Por ejemplo, tenemos dvds, pero vamos al cine. Podemos escuchar música con calidad exquisita en nuestro mp3, pero vamos a conciertos en directo. Queremos que nuestras consultas telefónicas sean atendidas por un humano, no por una máquina parlante. Jugar por internet es divertido, pero los adolescentes se reúnen para jugar en el ciberespacio desde la misma habitación. La presencia de otras personas cobra una gran importancia en nuestra sociedad, demasiado poblada de soledad.

Parece pues razonable creer que la comunicación científica no es una excepción a nuestra necesidad de reunirnos, de hablar, de utilizar comunicación oral, bidireccional, implícita y no verbal. Tal vez ese es el camino a seguir. Podríamos dejar poco a poco las clases magistrales, las conferencias anónimas y sentarnos y científicos y no científicos en grupos muy pequeños en torno a un café, o reunirnos para conocer un laboratorio, o tomar cualquier excusa para reinventar la divulgación de proximidad.

Mi experiencia directa de crear junto a María Teresa Soto (UAB) el documental de divulgación científica “Universo Extremo” me hace ver este hecho de forma más evidente. El documental (podéis encontrar una versión reducida en http://benasque.org/general/cgi-bin/video_docu.pl ) fue creado para ser emitido en televisiones. Sin embargo, en cada pase que hemos realizado a adolescentes, en foros científicos o en cafés, la reacción personal supera a la experiencia audiovisual. El documental sirve de excusa para discutir apasionadamente. Si un punto no es comprendido con claridad, el intercambio de ideas se concentra y profundiza. Y eso es precisamente hacer ciencia.

Defiendo esa divulgación de proximidad. Es la que crea vocaciones, la que da sentido al propio científico, la que todos disfrutamos.