EL FRACKING, LOS ROMANOS Y EL ADITIVO E-412

20/03/2013 18 comentarios
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La técnica de explotación de hidrocarburos denominada fracking es muy cuestionada por las poblaciones afectadas, y por diversos técnicos. Los romanos usaron una técnica similar para la extracción de oro. Y resulta que una de las sustancias que se mezcla con el fluído de perforación se usa también como aditivo alimentario.

 

Plinio el Viejo trabajó en una empresa de fracking.

Como titular, la frase anterior no está mal, y se acerca bastante a la verdad, cosa que no se puede decir de todos los titulares. En la comarca del Bierzo, en la provincia de León, hay zonas con cierta abundancia de oro, disperso en una tierra arenisca donde se había acumulado por aluviones fluviales previos. El oro en pepitas se puede separar de las arenas por simples procedimientos físicos basándose en que el metal tiene mucha más densidad. Los clásicos buscadores de oro usan la batea, en la que con un movimiento de rotación decantan y centrifugan la mezcla de oro, arena y agua, y las finas pepitas de oro que pueda haber se va agrupando en el centro del utensilio, como hemos visto en las películas que reproducen la fiebre del oro de la California del siglo XIX.

Pero si el oro está incrustado en rocas areniscas, primero hay que romper las rocas. Y eso hicieron los romanos. En la zona denominada Las Médulas, en la comarca del Bierzo (León, España) construyeron una red de canales de centenares de kilómetros, que condujeron hacia las montañas con areniscas auríferas. Allí, con un sistema de túneles y pozos, inyectaban el agua hasta la base de las rocas, que por la presión se desmoronaban, y se reducían a arenas o a piedras que luego rompían manualmente. En dichas arenas ya se podía buscar el oro por la técnica de decantación. El procedimiento se denominaba muy gráficamente ruina montium, y esta muy bien documentado por Plinio el Viejo (23dC-79dC), que trabajó en la Hispania como procurador, y antes en las Médulas como administrador.  El paraje de las Médulas es actualmente visitable como zona de arqueología industrial. Parece un paisaje natural, en cierto modo similar a los Orgues del Tet, en el Rosellón, pero fue provocado por la mano del hombre. Se supone que trabajaban ahí entre 20000 y 60000 esclavos, y se extrajeron durante toda la explotación unas 1500 toneladas de oro. Era una versión del fracking de la época romana.

Las Médulas

Desde siempre se han explotado las canteras para obtener materiales de construcción: por ejemplo, todas las casas de piedra de Barcelona, hasta mediados del siglo XX se construyeron con piedra de las canteras de Montjuïc. El plomo de las antiguas cañerías se obtenía de las minas de galena, el cobre para hacer bronce y latón, de las minas de pirita, y mejor si podían ser a cielo abierto, como en Riotinto. La potasa para hacer abonos, de las sales potásicas. Todas estas explotaciones generaban escombros y escombreras más o menos contaminantes. Y así con todos los minerales aprovechables. Los materiales combustibles se han extraído también de minas, como el carbón o el uranio, o de pozos, como el petróleo o el gas.

La crisis de la energía provoca el desarrollo de nuevas fuentes de materiales energéticos hasta ahora poco explotados, sea por el coste de hacerlo, por su ubicación remota, o por intereses de las compañías que preferían no invertir si no hacía falta. Las crisis político-energéticas (Irak, Irán, Arabia, Venezuela, etc) provocan que los estados vuelvan a mirar hacia sus propios recursos no explotados por el momento. Y desde hace algunos años se habla de shale gas (gas de esquistos) o de shale oil (petróleo de esquistos), entre otros recursos no convencionales. Son gas o petróleo que se encuentran incluido dentro de rocas similares a pizarras, pero menos concentrados que el petróleo o el gas de las típicas bolsas. Bolsas que de hecho no son bolsas llenas de gas o de petróleo como si fueran depósitos, sino que son también acumulaciones de rocas porosas impregnadas de gas o de petróleo, como en una esponja. El shale gas o el shale oil es similar, pero más disperso que el de las bolsas. Ello provoca que una perforación no pueda extraer el petróleo por simple bombeo o por las técnicas clásicas de la industria del petróleo.

El fracking es la técnica de romper las rocas en que hay el combustible disperso, mediante perforación, inyección de líquido a presión, y generación y propagación de las fracturas internas de las rocas. Con las rocas fracturadas, las masas de gas o de crudo pueden fluir y agruparse en zonas desde donde ya es posible y rentable extraerlas. Es crear de forma artificial las bolsas que en otros lugares ya existen de forma natural. Esta técnica se aplica desde 1947, pero se ha aplicado a gran escala desde 1998, al haberse desarrollado técnicas que permiten la perforación en horizontal, siguiendo la veta del mineral. Antes, ya desde los inicios de la explotación del petróleo (1860) se habían probado técnicas parecidas al fracking inyectando ácido en los pozos, e incluso nitroglicerina congelada, que se hacía detonar en el fondo del pozo. El objetivo es y era fracturar las rocas, aprovechando las tensiones internas que la propia roca tiene acumuladas.

Esquema de la tecnología del fracking

En los USA, en 1970 el gobierno federal promovió diferentes proyectos de investigación, desarrollo y demostración de la técnica, que se aplicó a arenas bituminoses, a calizas o a esquistos y pizarras. Las perforaciones son profundas, a no menos de 1500 m, hasta los 6000 m. La técnica se ha usado también, o se ha propuesto, para extraer agua profunda, para favorecer las extracciones de minerales, para disponer en el subsuelo aguas residuales, para extraer energía geotérmica, o para enterrar gas carbónico sobrante y ayudar a reducir el efecto invernadero.

La técnica no ha sido rentable hasta que se ha diseñado una composición adecuada del líquido que se inyecta en el pozo. El líquido base es agua que se inyecta comprimida, y a la que se añade un 10% de arena, que ayuda a mantener abiertas las fracturas y microfracturas, junto con un agente gelificante, como los derivados de la celulosa, y goma guar o sus derivados, que ayudan a que la arena no sedimente. Además, se añaden diferentes agentes químicos complementarios para generar pre-fracturas y limpiar las tuberías (ácido clorhídrico), reductores de fricción del fluido (poliacrilamida), agentes que mantengan la viscosidad a altas temperaturas (boratos o metanol), desinfectantes para evitar bacterias en el agua, frenadores de corrosión (ácido cítrico), y sales inorgánicas que mejoran la acción del agente de gelificación (sales de zirconio, cromo, antimonio o titanio). Y muchos más aditivos, como modificadores de pH, o enzimas para romper los geles de perforación cuando la explotación toca a su fin.

Como toda explotación, los riesgos inherentes específicos tienen que ver con la contaminación atmosférica y la contaminación del agua, y, en este caso, con el riesgo de terremotos inducidos por la técnica. Puede haber escapes de gas metano a la atmósfera, similares o algo más altos que en una explotación de gas convencional. El consumo de agua es importante, pero el principal problema es la contaminación de los acuíferos por los líquidos de perforación, de los que en muchos casos no se conoce con precisión su composición por estar protegidos por el secreto de las patentes (AVISO 30-3-13: debido a la imprecisión de la afirmación anterior, véase comentario de "kuentas" y respuesta del autor).

Para evitar contaminar el agua, las compañías procuran mantener las perforaciones aisladas de los acuíferos, que circulan a unos niveles mucho más cercanos a las superficies. De todos modos, ha habido algunos casos de contaminación atribuibles al fracking.

Las aguas residuales extraídas de la perforación son un problema común a todas las explotaciones de hidrocarburos. Se estima que representan de la orden del 50% de los fluidos usados, y el resto se queda bajo tierra. Hay que proceder a su depuración si se tienen que verter a los acuíferos, si bien lo más común es recircularlas.

Por otro lado, la fractura hidráulica puede generar una sismicidad adicional a la natural. Ha habido casos de pequeños terremotos de valores 2,2 a 3,8 de la escala de Richter. Esto es muy poco, y este problema parece poco importante.

Una de las sustancias que se añaden al fluido de perforación y fracking es la goma guar. Este es un producto que se obtiene de las cutículas de las semillas de la planta de guar. Esta sustancia se usa para varias aplicaciones comunes, y especialmente como aditivo alimentario, en Europa con el número E-412. Es un espesante, texturizador y estabilizador. Se puede añadir a sopas deshidratadas, latas de pescado en salsa, algunos lácteos, y productos de pastelería y de horno. Pero ahora su precio como materia prima ha subido considerablemente, debido a que su aplicación principal ha pasado a ser el fracking. Casi el 80% de la goma guar proviene del estado de Rajastan, al norte de la India (Debo esta información al Blog del Buho, a quien le agradezco sus entradas siempre interesantes).

¡Mejor vivos que fósiles! Este extraño y, en mi opinión, absurdo lema es el que se han inventado los opositores a que se hagan prospecciones para evaluar la viabilidad del fracking en Cataluña, donde hay abierto un permiso de prospección denominado proyecto Ripoll, de la empresa Teredo Oils. La zona es básicamente de la comarca del Ripollès, con porciones de Osona y la Garrotxa, de una superficie total de 51000 hectáreas. Se les concedió el permiso de prospección en octubre de 2012, y se le ha retirado hace escasos días por una irregularidad formal, recurrible.

Veamos los términos del debate pro-anti fracking. Los argumentos a favor del fracking son conocidos y casi obvios. El fracking es una técnica más de explotación de hidrocarburos. Si hay hidrocarburos y el país consume hidrocarburos, es absurdo no aprovecharlos. Los riesgos son aceptables y no son superiores a los de otras tecnologías habituales. Los hidrocarburos extraídos harían que la dependencia energética y monetaria del país se redujera y se pudiera aplicar el importe ahorrado a otras finalidades, por ejemplo hacia el tránsito a una menor dependencia de los combustibles fósiles.


Los principales argumentos en contra del fracking son también muy conocidos. La extracción de hidrocarburos perpetúa la dependencia de los combustibles fósiles, y lo que hace falta es cambiar ya el modelo energético. Los riesgos no son aceptables, y fallarán las medidas de protección en alguna ocasión. Las empresas son opacas a dar información detallada de cuál es la composición detallada de los líquidos de perforación. Hay demasiado consumo de agua en el proceso. Hay contaminación de aire y de agua, y riesgo de terremotos. Los beneficios no se quedan en el país sino que van a las empresas extractoras.

Evidentemente no puede haber diálogo entre las dos posturas, porque las posiciones de los opositores son inmunes a la discusión. No se está hablando aquí de negociación para mejorar un ERE, o para sacar provecho de una negociación. Se niega la negociación de entrada. Y esta es la situación que se da siempre que el movimiento opositor tiene un eslogan de postura irreversible. Recordamos "El río es vida. No al trasvase". O "Somos lo que comemos" en oposición a los transgénicos. O la antigua "Nucleares no, gracias". O ahora "Mejor vivos que fósiles".

En honor a la verdad, hay que decir que el eslogan contra el fracking es menos virulento que otros. Reza mejor vivos que fósiles, pero parece que sugiere que, en fin, si finalmente somos fósiles y no vivos, no sería lo mejor que nos podría pasar, pero parece que sería algo aceptable. Y, en todo caso, ¿a qué fósiles se refiere? ¿A los hidrocarburos fósiles? ¿A los fósiles en que nos convertiremos cuando muramos y nos entierren en tierra directamente? ¿A los fósiles que se extraen cuando se realiza una prospección?

¿Mi opinión sobre el fracking? La de los expertos. En este tema, y en todo lo relativo a recursos energéticos, mi experto es Mariano Marzo, catedrático de Recursos Energéticos de la Universidad de Barcelona. Su perspectiva es que hay que razonar teniendo en cuenta el trinomio economía - ecología - energía. El fracking ayuda a la economía y a la menor dependencia de la energía exterior, y hay riesgos ecológicos asumibles. Hay que acordar las decisiones con el territorio. Y el territorio no deberían ser sólo las plataformas, sino los pueblos afectados, las fuerzas económicas a todos los niveles, etc.

Pero el territorio decidirá que no, como siempre. Los políticos no irán contra lo que el territorio exija, y será otra oportunidad perdida. Ya no viene de una. La deuda catalana y española irá aumentando sin ni saber tan solo si hay hidrocarburos ahí debajo. Alguien pagará la deuda, y yo pienso que ya sé quién será.

 

11-4-13 Información adicional

Enlace de la grabación de la conferencia «Shale gas? Shale oil? Fracking? De què estem parlant? El cas de Catalunya», impartida por Mariano Marzo, catedrático del Departamento de Estratigrafía, Paleontología y Geociencias Marinas de la Universitat de Barcelona, el 20 de marzo de 2013, en el Aula Magna de la Facultat de Geologia de la UB

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