¡Surf Rocks!

06/08/2015 0 comentarios
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Las olas que disfrutamos hoy en la costa vasca francesa son el resultado de una historia de millones de años.

Si insistimos en dar credibilidad al popular dicho de que un clavo saca a otro clavo, se deduce que para librarnos de esta ola de calor que nos asola, debemos recurrir a otra ola, pero en este caso, marina.

Así que róbale a tu padre su casete de los Beach Boys, pídele a tu abuelo su coche, que será el único en el que la puedas escuchar, agarra tu tabla y vámonos al norte a surfear un poco.

Ola, komo ase

Hay varias maneras de formar olas en el mar, pero aquí nos ocuparemos de las olas generadas por el viento. La fricción que tiene lugar entre el agua y la atmósfera cuando hay viento provoca unas pequeñas ondas en la superficie del mar que, al añadir resistencia al paso del viento, van aumentando de tamaño en un proceso de retroalimentación.

Esquema de la formación de las olas. Tomado de Pedraza (1996).

Lejos de la costa se forman olas estacionarias que tienen órbitas circulares que se van atenuando en profundidad. Dicho de otro modo, un barco no se movería del sitio (salvo de arriba abajo), mientras que un submarino por debajo de la base del oleaje ni se enteraría de que hay olas.

Pero cuando, ya cerca de la costa, la base del oleaje se topa con el lecho marino, las órbitas, que siguen siendo estacionarias, se vuelven elípticas. Al disminuir la profundidad, los materiales del fondo frenan el avance de la ola y, cuando la velocidad de la cresta de la ola es superior a la de su base, el frente de la ola se ahueca y la cresta, al fallarle el soporte, se proyecta hacia delante, en lo que se llama rompiente (surf en inglés).

Las olas más seguras, perfectas para surfistas principiantes, reciben el nombre de olas de derrame (spilling o rolling waves en la literatura inglesa) y se dan cuando la costa es relativamente llana. Son las que se pueden encontrar, por ejemplo en la famosa playa de A Lanzada y que se pueden disfrutar incluso sin tabla. Sin embargo, los surfistas experimentados prefieren las llamadas olas de vuelco (plunging waves según los angloparlantes) que son de mejor calidad.

Las olas de vuelco se forman cuando disminuye súbitamente la profundidad del agua antes de tiempo. Esta somerización puede ser debida a que la costa tiene una gran pendiente o a que hay un obstáculo en el fondo marino, generalmente un arrecife o una barra de arena, como en el caso de la mítica ola de Mundaka, en Vizcaya. Así, al romper antes de lo que les correspondería, son mucho más energéticas (y también más peligrosas, no en vano, take the plunge también significa jugársela).

Rompientes naturales (o no)

Los dos obstáculos que he citado (arrecifes y barras de arena) son muy delicados. El primero no ve con buenos ojos la presión que podrían ejercer los surfistas (y bañistas en general) en su frágil equilibrio ecológico, mientras que el segundo es simplemente efímero desde el punto de vista geológico: un cambio en las corrientes, en el aporte de sedimentos, un dragado mal hecho, un cambio en el tiempo atmosférico, y otros muchos más procesos pueden hacer desaparecer una barra de arena.

En Estados Unidos, que son muy dados a estas cosas, han llegado a construir obstáculos artificiales en lugares donde los vientos son relativamente constantes para provocar estas olas tan codiciadas por los surfistas.

Pero, en raras ocasiones, la geología nos proporciona las condiciones ideales para surfear sin tener que preocuparnos de la fugacidad de los obstaculos naturales más comunes. Eso sí, han tenido que confluir multitud de factores a lo largo de millones de años para que podamos disfrutar de tan anheladas olas de vuelco. A partir de aquí os contaré la historia de uno de estos paraísos surferos situado en la costa vasca fancesa, cerca de San Juan de Luz.

Tectónica de placas y surf

Viajemos en el tiempo hasta el Mesozoico, que comenzó hace unos 250 Ma (252,17 ± 0,06 Ma para los Sheldon Cooper de la vida). En esa Era, el supercontinente Pangea, que acababa de amalgamarse, se fue resquebrajando lentamente debido a un proceso extensional. Es lo que suele ocurrir justo después de formarse una gran cordillera, su altura la hace inestable y se desparrama. Los supercontinentes son como una familia mal avenida en la cena de Navidad, y Pangea aguantó reunida muy poco tiempo. El océano Tethys primero y el Atlántico después se ocuparon de dispersar los continentes actuales. Esos mares serían como una especie de cuñados.

Durante la mayor parte del Cretácico, Iberia era una isla situada a medio camino entre África y Europa. Pero a finales del Cretácico, la apertura del Atlántico empujando hacia el este y África empujando hacia el norte, provocaron una rotación de la península y su posterior choque con Francia para dar lugar a los Pirineos y el levantamiento de la Cordillera Cantábrica.

 Evolución de la isla/península ibérica durante el Mesozoico. Figura tomada de Vera (2004)

Durante ese empuje al este y al norte, en el surco de mar que quedaba entre Francia e Iberia se formaron las rocas que nos interesan para nuestra historia y que nosotros agrupamos con el nombre de flysch.

¿Y eso qué es lo que es?

Un flysch es un conjunto de rocas formadas a partir de sedimentos depositados en el fondo del mar, al pie de grandes desniveles submarinos. Grandes tormentas o pequeños terremotos pueden causar una inestabilidad en los materiales depositados en la parte superior de esos desniveles (siempre bajo el agua) y provocar gigantescas avalanchas de material, que denominamos corrientes de turbidez. Nos lo explica el Dr. Thierry Mulder en el siguiente vídeo (en francés).

Las características físicas de dichas corrientes hacen que primero se depositen los materiales más gruesos y, a medida que disminuye la energía de la corriente, se vayan depositando los materiales más finos. Es lo que conocemos como secuencia de tipo Bouma.

Thierry Mulder nos muestra una de las capas arenosas de la secuencia de tipo Bouma que constituye el <em>flysch</em> en la costa vasca francesa. Por cierto, ¿alguien ha visto el pliegue?

Pues bien, en los alrededores de San Juan de Luz se puede encontrar un flysch (equivalente a nuestro conocido flysch de Zumaia, ese que sale en la película "8 apellidos vascos") y en él se han podido distinguir diversas unidades, en función de sus características litológicas. A nosotros nos interesan dos de estas unidades, las llamadas "flysch calcáreo" y "flysch de sílex".

Mapa geológico simplificado del País Vasco francés. Las dos unidades de <em>flysch</em> que nos interesan, el calcáreo y el de sílex, están marcadas con flechas rojas. La flecha azul señala la bahía de San Juan de Luz. Mapa tomado de: http://sigesaqi.brgm.fr/-Geologie-de-la-Cote-Basque-.html

La litología condiciona la forma de la costa

Es bastante llamativa la morfología de la costa según nos encontremos en el flysch calcáreo (en color verde claro) o en el flysch de sílex (verde más oscuro). El primero da lugar a una costa rectilínea, mientras que en el segundo hay multitud de pequeñas bahías.

Parece claro que el flysch calcáreo es más duro que el de sílex y forma una barrera frente a la erosión del mar, mientras que el segundo, más blando y alterado previamente, se erosiona con facilidad.

Pero en la zona de San Juan de Luz, el mar ha conseguido abrirse paso a través del flysch calcáreo y ha formado esa gran bahía (señalada con la flecha azul en el mapa anterior). En el siguiente esquema (tomado de Genna et al., 2004) podéis ver la evolución del proceso de erosión de la costa.

Cuando las olas consiguen traspasar la barrera del <em>flysch</em> calcáreo dan lugar a una gran bahía porque el <em>flysch</em> de sílex es menos resistente a la erosión.

Pues resulta que los mejores sitios para surfear en esta zona se encuentran en el contacto entre estas dos unidades de flysch. El calcáreo, al ser más resistente, forma un obstáculo debajo del mar que provoca la rompiente de las olas antes de tiempo, justo lo que necesitamos para generar olas de vuelco.

La coincidencia de los mejores lugares para hacer surf con el límite entre las dos formaciones de <em>flysch</em> es bastante clara.

En la siguiente imagen, Thierry Mulder nos muestra un esquema de la costa en los alrededores de San Juan de Luz, en una salida de campo realizada durante el pasado Congreso de la Sociedad Geológica francesa que tuvo lugar en Pau.

No hay nada como aprender geología en el campo. 

Y para muestra de las olas, un botón.

 

Si pensáis visitar la zona, os recomiendo la guía de Thierry Mulder y editada por el BRGM. No dejéis de ir a ver tampoco Zumaia, es simplemente espectacular. Y para amenizar el viaje, podéis encontrar maravillosos pildorazos surf en el podcast del programa de Radio 3 El Sótano.

Referencias

Genna, A., Capdeville, J.P., Mallet, C., Deshayes, L. (2004). Observatoire de la Côte Aquitaine-Etude géologique simplifiée de la Côte Basque. BRGM/RP-53258-FR, 42 pp.

Mulder, Th. (2014). Curiosités géologiques de la Côte Basque. BRGM Éditions, Orléans. 110 pp.

Pedraza, J. (1996). Geomorfología: Principios, métodos y aplicaciones. Editorial Rueda, Madrid. 414 pp.

Vera, J.A. (editor) (2004). Geología de España. SGE-IGME, Madrid. 890 pp.