Besos, bacterias y batas blancas dentro de un museo holandés

05/05/2015 3 comentarios
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Tal vez algunos piensen que los científicos somos bichos raros. Para no llevarles la contraria, decidí disfrutar de mi cumpleaños en Micropia, un museo holandés de lo más especial. Allí, uno puede probar un "besómetro", escanear su cuerpo en busca de microbios, ver cómo unas hormigas cultivan sus propios alimentos y hablar con científicos de bata blanca que entran y salen de un laboratorio-pecera.

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¿Saben cuántos microorganismos viven en nuestros cuerpos? ¿Y cuántos de ellos transmitimos al besar a otra persona? ¿Adivinan dónde se sienten más a gusto los microbios? ¿Conocían la existencia de una clase de hormigas que utilizan a otros seres vivos para cultivar sus propios alimentos? Pues este tipo de cosas son las que uno puede descubrir si visita Micropia, el museo de los microorganismos en Ámsterdam.

Aunque pasen casi siempre desapercibidos para nuestros ojos, los microorganismos como las bacterias, tienen muy mala fama. Esto se debe, en buena parte, a que las asociamos con enfermedades que pueden incluso acabar con nuestras vidas. Y si bien esto último es cierto en algunos casos, tras una visita a Micropia, uno puede comprobar que las bacterias no solo forman parte de nosotros (un estudio reciente demuestra que incluso nuestro genoma lleva fragmentos provenientes de ellas), sino que ¡están por todas partes! Además, uno aprende que bacterias, virus y otros microorganismos también, pueden acarrear efectos positivos para otros seres vivos, incluidos los humanos.

Pero permítanme narrarles, con más detalle, algunas de las cosas que más me impactaron de este museo tan especial. Lo verdaderamente original de Micropia: en él se pueden observar a los microorganismos "en vivo y en directo", incluso puedes elegir el que más te guste. Un grupo de científicos se encargan de que microesporas, cianobacterias y hasta 300 tipos de microrganismos más, puedan ser observados con la ayuda de microscopios, que cualquier visitante puede utilizar por sí mismo.

Tras esto, uno se topa con el "escáner de bichos". Allí, uno levanta los brazos y... ¡zaaas! En pocos segundos puedes descubrir cuántos microorganismos viven en nuestros cuerpos. En mi caso, el escáner estimó (teniendo en cuenta mi estatura y complexión) que unos 178 trillones de ellos habitan en mí. ¿No está mal, verdad? 

 

Besómetro, pequeño show divulgativo para descubrir que 'los besos nunca son solamente entre dos personas' (izquierda). Escáner de bichos: el número y localización de microorganismos en nuestro cuerpo pueden ser explorados de forma interactiva (derecha).

 

 

Laboratorios (izquierda) donde se preparan las muestras los microorganismos que se pueden observar con microscopios en el museo (derecha). Una puerta separa ambos espacios.


La segunda estación que llama la atención de los visitantes menos aficionados a tubos de ensayo y microscopios, es el Kiss-o-meter o "besómetro". En esa estación uno puede besarse encima de un pequeño escenario y descubrir que "un beso nunca es solamente entre dos personas". Se estima que un beso de diez segundos entre adultos conlleva, nada más y nada menos, que el intercambio de unos 80 millones de bacterias, de unos cien tipos diferentes. Esta es una de las razones por las cuales, las bacterias que se encuentra en la boca de las parejas son prácticamente idénticas, como explica el Profesor Remco Kort, uno de los investigadores del museo.

Precisamente, ésta es una de las pecularidades más geniales de Micropia: usted puede hablar e intercambiar información con los científicos que estudian los microorganismos, incluso pueden ver el laboratorio en el que trabajan. Es una sensación especial ver a través de un cristal cómo los investigadores preparan sus muestras. Me puedo imaginar que también ellos se sienten, de cierto modo, como ratones de laboratorio, constantemente bajo observación.

 

Microbios en el móvil. Al cultivar una muestra que ha estado en contacto con un teléfono se revelan los habitantes microscópicos que éstos albergan (imágenes superiores). Parece que eso de lavarse las manos tiene razón de ser. Cultivo de una muestra en contacto con una mano sin lavar, y después de lavar con jabón (imágenes inferiores izquierda y derecha, respectivamente).

Tras hablar con varios microbiólogos, uno de ellos me recomendó la estación de las hormigas. Allí se puede descubrir cómo las "hormigas parasol" cultivan alimentos para sus crías utilizando... microorganismos y las heces de las propias hormigas.

Uno descubre también en Micropía cómo las bacterias pueden adaptarse y sobrevivir en entornos en los que el ser humano no duraría ni dos segundos, que nuestro teléfono móvil es un incubadero enorme de bichos y que, realmente nuestras madres tenían razón: vale la pena lavarse las manos antes de comer. Y muchas cosas más que no les voy a explicar aquí. Mejor les invito a que se pasen directamente por el museo de la capital holandesa o a que visiten su web. En resumen: nota altísima para un museo de dimensiones modestas pero de gran interés. Al final, tal vez no será tan malo eso de "estar hecho un bicho raro", visto todas las cosas de lo que éstos son capaces.

Un saludo para todos, ya de vuelta en Berlín.

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