Apocalípticos e integrados en la era de la posverdad

30/12/2016 4 comentarios
Menear

Enseñanzas del clásico de Umberto Eco para el tiempo presente.

En 1964, el gran Umberto Eco publicó su célebre colección de ensayos Apocalípticos e integrados, en la que describió las dos actitudes más comunes de los académicos e intelectuales frente a la llamada "cultura de masas" (que entonces venía representada por la televisión, la música grabada, la literatura comercial y los tebeos de Superman, entre otros). Por un lado, los "vendedores del Apocalipsis" rechazarían de plano y por sistema cualquier fenómeno que entrara dentro de esa categoría. Por otro, los integrados lo celebrarían y saludarían como algo siempre positivo. 

Eco criticaba a los dos grupos: a los apocalípticos por su concepción "aristocrática" de la cultura, que condenaba cualquier avance tecnológico o cambio social que condujera a una mayor difusión de la cultura y el conocimiento; a los integrados por su aceptación acrítica y sin filtros de los defectos y problemas que esos cambios y avances generan. Aunque aparentemente contrarias, las dos actitudes conducirían al mismo resultado práctico (¿les suena?): pasividad intelectual que imposibilitaría cualquier intento de reforma y mejora. Frente a estos dos polos, la tarea del verdadero intelectual -nos enseñó Eco- consiste en analizar en profundidad y con rigor los mecanismos de la cultura de masas, con objeto de entenderlos para rescatar y aprovechar sus partes positivas, pero también para encontrar vías de reforma y mejora de las partes negativas (un "cauto dirigismo cultural").

 Umberto Eco (1932-2016)

Han pasado más de cincuenta años y las llamadas "nuevas tecnologías" han transformado la faz de la cultura de masas, hoy crecientemente canalizada a través de Internet y las redes sociales. Lo que fue saludado jubilosamente en un principio con práctica unanimidad por su enorme potencial en la democratización de la cultura y el conocimiento, no ha tardado en mostrar también sus enormes problemas. La erosión de la calidad de la información es quizá el más importante de ellos, hasta el punto de que hoy hablamos abiertamente de la era de la "posverdad". En este contexto, no es difícil reconocer a nuevos apocalípticos, que demonizan los avances tecnológicos y las nuevas formas de comunicación, y a nuevos integrados, que las celebran sin reflexión crítica y responsable. Urge, por tanto, recordar a Eco: intentar entender los nuevos aspectos de la cultura, para aprovecharnos de las nuevas posibilidades y proponer cómo mejorarla. Esto requiere de nuevos mecanismos, más complejos y sofisticados que en los años 60, y que ya no atañen sólo a las ciencias sociales, sino también a las matemáticas, la física estadística, la informática y la inteligencia artificial, como hemos visto aquí. Eco nos dejó en 2016, pero propongo que los demás nos dediquemos a esta tarea. De lo contrario, caeremos en la pasividad de los apocalípticos o de los integrados, y dejaremos el camino de la reforma libre sólo para aquellos que hoy dirigen la nueva cultura de masas: entre ellos, algunas de las empresas más poderosas del planeta.