¿Sirve de algo la divulgación científica?

08/04/2016 32 comentarios
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Un estudio reciente sugiere que los esfuerzos por desenmascarar la desinformación científica son completamente inútiles.

Todos los estudiantes de Física que tuvimos la suerte de encontrar en la biblioteca los libros del gran Richard Feynman recordamos una cita del prefacio a sus "Feynman lectures on Physics": "el poder de la instrucción es rara vez de mucha eficacia, excepto en aquellas felices disposiciones en las que es casi superfluo" (traducción mía del original inglés). La frase era atribuida enigmáticamente por Feynman a un tal "Gibbons", pero en realidad pertenece  a la monumental "Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano" del historiador inglés Edward Gibbon, cuando relata el interés de Marco Aurelio por mejorar la instrucción de su hijo Cómodo. Sirva como pequeña e irónica confirmación de la cita, el hecho de que hoy sea atribuida casi universalmente en Internet al propio Feynman.

El emperador Cómodo: A pesar de los esfuerzos de su padre Marco Aurelio por proporcionarle la mejor instrucción intelectual, su gobierno se caracterizó por la paranoia y la conspiración, señalando probablemente el inicio de la decandencia del Imperio Romano.

La frase vuelve ahora a mi cabeza en un contexto en el que pareciera que la desinformación científica alcanza a capas crecientes y supuestamente instruidas de la sociedad, hasta el punto de que hay individuos que se dejan morir por tratarse el cáncer con remedios (¡ay!) "naturales" o que dejan morir a sus hijos por no vacunarlos adecuadamente. ¿Es posible que la divulgación científica se abra paso entre las redes de la mentira y el fanatismo ideológico hasta alcanzar a esos sectores, que son los que más la necesitan? ¿O sólo alcanzará a aquellos para los que sería "casi superfluo"?

Recientemente, investigadores de diversas universidades de Italia y el Reino Unido han analizado una cuestión parecida, y las conclusiones se presentan en el artículo "Debunking in a world of tribes" (dejen que siga traduciendo:"Desenmascarando en un mundo de tribus"). En los últimos años estos investigadores y colaboradores han venido publicando una serie de artículos en los que caracterizan el comportamiento de dos grupos completamente distintos de usuarios de redes sociales: aquellos que visitan fuentes científicas y aquellos que han caído en las garras de la cámara de eco conspiranoica y falsa. Dentro de ese primer grupo, hay además un cierto grupo que se dedica en mayor o menor medida al fenómeno del "debunking" (desenmascaramiento). Los debunkers o desenmascaradores son héroes modernos que dedican parte de su tiempo a intentar demostrar con argumentos racionales y científicos por qué son falsas las tonterías que circulan por las redes.  En este estudio en concreto los investigadores han medido (usando datos públicos de Facebook y técnicas estadísticas) el efecto que produce el desenmascaramiento entre los usuarios atrapados en la cámara de eco. Una de las cosas más útiles del artículo está en un anexo, donde encontramos un listado de 330 páginas de Facebook especializadas en la producción y propagación de basura: desde anti-transgénicos, anti-vacunas, anti-wifi, anti-medicina... hasta RT América, pasando por todo tipo de teorías de la conspiración y sitios empeñados en que la gente tiene que despertarse y abrazar no sé qué. Junto a ellos, hay también una lista de 83 sitios de buena ciencia y otros 66 dedicados directamente al desenmascaramiento.

Los resultados son altamente descorazonadores. Por un lado, la exposición de los habitantes virtuales de la burbuja anticientífica al desenmascaramiento es mínima: muy pocos de ellos llegan a entrar en los sitios adecuados. Más aún: el efecto en aquellos que llegan a interaccionar con la información científica desmitificadora es irrelevante e incluso contraproducente. En promedio, parece haber incluso un refuerzo de la pertenencia a la comunidad de la superchería. Díganme entonces ustedes: ¿para qué sirve la divulgación científica?