Yamanaka, un Nobel de libro

08/10/2012 1 comentario
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Los periodistas solían tener preparadas las biografías de personajes públicos, del mundo de la política, el deporte, la cultura, el cine, las finanzas, etcétera, cuando el sujeto en cuestión se hallaba ante una muerte anunciada. Ahora muchos cubren ese expediente echando mano de Wikipedia.

Otros, que hemos pasado de largo el "mezzo del camin" de Dante, guardamos carpetas sobre los cambios que va sufriendo la ciencia de una manera ordenada. En particular si el impulso inicial es cercano. Permítame el lector que comparta esa experiencia a propósito del recién galardonado Shinya Yamanaka. A éste y al británico John B. Gurdon le han concedido el nobel de Fisiología y Medicina por sus aportaciones decisivas en el campo de la reprogramación celular, hallazgos que han revolucionado nuestro conocimiento sobre el desarrollo de las células y los organismos. Descubrieron que las células maduras, especializadas, pueden reprogramarse y volver a ser células inmaduras, capacitadas para convertirse en todos los tejidos del cuerpo. Tal es lo que pondera la Academia Sueca.

Uno de esos artículos a los que aludía, exponía Yamanaka la génesis de su hito. Lo publicó hace tres años. A esas alturas estaba ya claro que las células estaminales pluripotenciales inducidas (iPS, de "induced pluripotent stem cells") ofrecían unas posibilidades sin precedentes para la investigación de las enfermedades, el diseño de fármacos, la toxicología y la medicina regenerativa. El proceso de reprogramación, en esas fechas, resultaba todavía ineficiente e incompleto. Yamanaka analizaba las causas de los cuellos de botella creados en la generación de esas células y proponía un modelo en el que todas las células alcanzaran capacidad de convertirse en pluripotenciales.

Había iniciado su línea de investigación el año 2000. Su laboratorio de la Universidad de Kyoto se dispuso a someter a contrastación la idea de que los factores que mantenían la pluripotencialidad en las células estaminales embrionarias pudieran inducir pluripotencialidad en las células somáticas. Hasta 24 factores se seleccionaron entre los candidatos iniciales, en razón de la importancia que revestían o su expresión específica en células embrionarias de ratón.

Para valorar la incidencia de esos factores, introdujeron combinaciones de los genes en fibroblastos embrionarios de ratón, sirviéndose de un vector retrovírico. Se manipularon las células para que portaran un gen resistente a los antibióticos que se expresaría sólo cuando Fbxo15, uno de los genes plutipotenciales de células estaminales embrionarias de ratón, se activara. Predijeron que ese gen se activaría también si se inducía la pluripotencia a través de una combinación de los 24 genes. Ese primer resultado brillante apareció en 2003.

Tres años después publicaba el hito que cambió todo un capítulo de la epigenética y que le ha supuesto el galardón. En efecto, cuando se introdujo uno a uno cada gen candidato en los fibroblastos, no se desarrolló ninguna colonia. Sin embargo, cuando se mezclaron retrovirus que expresaban todos los 24 genes candidatos, emergieron varias colonias. Con enorme sorpresa descubrieron que bastaba con 4 factores de esos para generar colonias. Todos eran factores de transcripción: Oct3/4 (denominado también Pou5fl), Sox2, Klf4 y c-Myc. Podían reprogramar fibroblastos a partir de embriones y ratones adultos. Las células reprogramadas, a las que bautizaron con el nombre de células pluripotenciales inducidas, presentaban una morfología similar a la de las embrionarias, amén de otros rasgos comunes.

Y así empezó el camino hacia el Nobel. Los experimentos de Yamanaka fueron reproducidos en otros laboratorios y generalizados, por él mismo un año después, a los fibroblastos humanos sirviéndose de idéntico cóctel de genes. La Universidad de Kyoto obtuvo la primera patente de esas células en 2008. En 2009, Juan Carlos Izpisúa los aplicaba al tratamiento de la anemia de Fanconi. En 2011 servían de punto para la modelización de la esquizofrenia en el laboratorio de Fred H. Gage.