Cuatro décadas inspirando a jóvenes científicos

09/10/2016 0 comentarios
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Acercándome a los cuarenta como esta revista, me doy cuenta que llevamos toda una vida compartiendo inquietudes.

No recuerdo exactamente cuándo compré mi primer número, pero sí que se remonta a mi adolescencia durante mi etapa del instituto. Investigación y Ciencia también por entonces representaba toda la rigurosidad de una revista científica, pero con artículos ilustrados con fotografías y dibujos que te introducían al mundo de la ciencia de una manera amena, para luego atraparte en ella.

Cuando salía de la librería con un número en las manos, rebosaba de alegría y ansiedad por abrirla, leerla y releerla porque era consciente que allí se encontraba todo lo que necesitaba saber para ser científica. Investigación y Ciencia cumplía con mis expectaciones con creces, ya no era solo una pasión por la lectura extraescolar, sino que siempre formó parte de una útil herramienta académica. Cuando comencé la universidad, Investigación y Ciencia había puesto un stand en mi facultad y rápidamente me hice suscriptora durante unos años. Han sido innumerables las ocasiones que obtuve datos y textos de Investigación y Ciencia para incorporarlos a mis trabajos de ciencias naturales, biología o incluso física y química. Todavía guardo en cajas en el desván de mi casa lucense cada uno de estos ejemplares que había coleccionado durante tantos años, cuidadosamente conservados como si aún se mereciesen una relectura.

Septiembre 2000

Cuando tenemos pasión por algo, suele venir precedida por una fuente de inspiración, y ciertamente apareció como un manantial para mis ojos en la portada de Investigación y Ciencia del mes de septiembre del año 2000, al dedicar este número a la investigación del genoma humano bajo el titular "Frutos del genoma humano". La ilustración de la portada era simplemente magnífica, deslumbrante y futurista. Lo decía todo, una silueta de mujer con las manos extendidas soportando los cromosomas bajo una luz iluminadora.

Atrapada por la belleza de esta imagen fantasiosa que encerraba la investigación del genoma humano, se me ocurrió un titular, "El genoma humano al descubierto". Así fue como llamamos al primer congreso de biología molecular que se organizó en la Facultad de Biología en la Universidade de Santiago de Compostela en junio del 2001, basado en muchos de los contenidos publicados de este ejemplar.

 Organizadores y ponentes de las jornadas

Alrededor de 250 estudiantes registrados y un panel impresionante de conferenciantes excepcionales llegados desde varias instituciones españolas. Recuerdo con especial cariño las palabras de uno de los conferenciantes, el Profesor Josep Egozcue, citogenetista de la Universitat Autònoma de Barcelona, "este ha sido sin dudar a dudas, el mejor congreso en el que he participado en toda mi carrera", y este alago había quedado marcado como el mejor sello de excelencia que habíamos recibido. A nivel personal que un científico de la talla del Dr. Egozcue hubiese alabado el trabajo de una aspirante a científica de 24 años, representó la mayor recompensa que podría haber recibido tras la organización de mi primer congreso científico. Años más tarde cuando coincidí con él en el campus de Bellaterra de la Universitat Autònoma de Barcelona durante mi etapa doctoral, me alegró descubrir que aún conservaba la escultura con la que le obsequiamos por su participación en nuestro congreso.

Este es solo un ejemplo de que sin duda alguna, Investigación y Ciencia ha inspirado muchos de nuestros logros en divulgación científica y en nuestra carrera investigadora, ha dejado huella en nuestras investigaciones ,y más que nada, nos ha descubierto la cara más amable y accesible de la ciencia de calidad.

El rigor científico puede ser vulnerado y reemplazado con sensacionalismo o pseudociencia, pero Investigación y Ciencia, como su publicación Mente y Cerebro, no se han dejado atrapar por esta tentación para vender más números, y este ha sido sin duda la clave de su supervivencia y éxito. No son solo los números vendidos durante 40 años, es la pasión, ilusión y vocación por la ciencia transmitida a toda una generación de investigadores que como yo misma, nos alimentamos de la mejor divulgación científica accesible en los kioscos de nuestros pueblos y ciudades. Por estos años y por muchos más, el enorme agradecimiento de los lectores, muchas gracias por inspirarnos.