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  • 02/02/2017

NEUROCIENCIA

Existe una relación entre la personalidad y la estructura del cerebro

Las características anatómicas de la corteza cerebral revelan los cinco rasgos básicos de personalidad humana.

Social Cognitive and Affective Neuroscience

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Estar abiertos a nuevas experiencias, ser más escrupulosos, inestables emocionalmente, extrovertidos, o amables depende del espesor, el tamaño y el número de pliegues de nuestra corteza cerebral. Estas características anatómicas varían según cada persona y reflejan rasgos de personalidad específicos para cada individuo. Los altos niveles de nerviosismo, que puede ser la base de los trastornos mentales, se asocian con un mayor espesor y una reducción en tamaño y número de pliegues en algunas regiones de la corteza. En cambio, la apertura a nuevas experiencias, tiene un patrón opuesto en la anatomía cerebral: menos espesor y más extensión e incremento de pliegues en los córtex prefrontales.
[Luca Passamonti/University of Cambridge]

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Tres grandes ejes de la psicologíaAl contrario de lo que se suele pensar, la personalidad se desarrolla durante toda la vida. En este monográfico hallará las claves sobre nuestros rasgos personales y el comportamiento social. Según los expertos, la personalidad humana surge de la interacción entre los genes, el cerebro y el ambiente.

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Los rasgos generales de nuestra personalidad, así como el riesgo de desarrollar trastornos mentales, están ligados a la estructura del cerebro. Esta es la conclusión de un artículo publicado en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience por un equipo de científicos italianos pertenecientes a distintos centros de investigación. El descubrimiento, que pone de relieve el importante papel que desempeñan los factores genéticos en el desarrollo de la personalidad, servirá también para comprender mejor los mecanismos que regulan el riesgo de desarrollar enfermedades mentales.

Según los psicólogos, los rasgos básicos que caracterizan la personalidad humana se pueden clasificar en cinco grandes categorías, llamadas «Los cinco grandes» (del inglés, Big Five): neuroticismo, extraversión, apertura a nuevas experiencias, amabilidad y responsabilidad. Pero todavía no estaba del todo claro si las diferencias en la personalidad se hallan directamente relacionadas con diferencias en la estructura física del cerebro.

En el nuevo estudio, los investigadores han analizado una base de datos de neuroimágenes de más de 500 personas de entre 22 y 36 años, sin antecedentes de trastorno mentales u otros problemas de salud, procedentes de Proyecto Conectoma Humano, una iniciativa estadounidense financiada por 16 miembros de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés) que pretende dibujar el primer mapa completo del cerebro humano.

En particular, el grupo estudió las variaciones de tres aspectos de la anatomía de la corteza cerebral (espesor, tamaño y número de pliegues) y analizó si estas se podían relacionar con los distintos rasgos básicos de personalidad de los participantes.

La importancia de estos aspectos en el desarrollo del cerebro se conoce desde hace tiempo. «La evolución ha modificado la anatomía de nuestro cerebro, aumentando el área y la cantidad de pliegues con la finalidad de maximizar su superficie y plasticidad, y reduciendo el espesor cortical. Es como si se estirara y plegara una lámina elástica: si aumenta la superficie, al mismo tiempo se reduce su espesor», explica Luca Passamonti, investigador de la Universidad de Cambridge.

«Es interesante observar cómo este mismo proceso evolutivo sucede también en cada uno de nosotros: al pasar de la infancia a la adolescencia y luego a la edad adulta, el grosor cortical tiende a disminuir, mientras que el área y el número de pliegues aumenta», añade Antonio Terracciano, de la Universidad del Estado de Florida. De forma paralela, con la madurez se observa un incrementode la estabilidad emocional, de la responsabilidad y del altruismo, lo que sugiere la existencia de una correlación entre una estructura del cerebro y un rasgo específicode la personalidad.

Los resultados obtenidos por los investigadores confirman esta tendencia. En particular, el estudio mostró que los valores altos en nerviosismo, característica que puede estar relacionada con algún trastorno mental, se asocian con un mayor espesor y una reducción en el tamaño y el número de pliegues de algunas regiones corticales, entre ellas, la corteza prefrontal y la temporal. En cambio, la apertura a nuevas experiencias, dimensión de la personalidad que se asocia con la curiosidad, la novedad, la creatividad y un interés por la diversidad, presenta un patrón opuesto en la anatomía cerebral: menos espesor y más extensión e incremento de pliegues en la corteza prefrontal de ambos hemisferios.

«Si bien el desarrollo de nuestra personalidad se debe en parte al ambiente y las experiencias que vivimos, estos resultados muestran claramente que los factores genéticos desempeñan también un papel importante. Como prueba de ello son bien conocidas las diferencias de la personalidad en los niños ya en las primeras etapas de desarrollo», señala Nicola Toschi, de la Universidad Tor Vergata de Roma.

La relación observada entre la estructura del cerebro y las características de la personalidad sugiere que estas diferencias son más acusadas en las personas que padecen enfermedades mentales, según los investigadores. «Pero primero tenemos que comprender mejor la relación que hay entre la estructura del cerebro y los rasgos básicos de personalidad en personas sanas, para después ser capaces de detectar las diferencias con las personas que padecen trastornos mentales», concluye Passamonti.

Más información en Social Cognitive and Affective Neuroscience.

Fuente: EurekAlert!

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