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  • Mayo/Agosto 2017Nº 17

Conducta

Comer de manera saludable

Numerosos estímulos, algunos sutiles, dirigen nuestro modo de comer, pero no siempre en nuestro beneficio. Mediante estrategias adecuadas es posible alimentarse de forma más consciente y sana.

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Menos azúcar, menos sal y menos grasa, pero más verduras y más alimentos integrales. Las imágenes casi omnipresentes de jugosas hamburguesas, pizzas crujientes con queso fundido o chocolate derritiéndose han podido desbaratar nuestros buenos propósitos marcados para este año. No por casualidad: los estímulos publicitarios son capaces de activar el centro de recompensa del cerebro; más en las personas obesas que en las de peso normal. Este efecto ocurre aunque nos sintamos saciados, concluyó en 2014 el equipo de Kirrilly Pursey, de la Universidad de Newcastle.

Pero no solo las tentaciones del sector alimentario se ocupan de que prefiramos una galleta de chocolate a una manzana o que elijamos patatas fritas en lugar de ensalada. Investigadores dirigidos por Aukje Verhoeven, de la Universidad de Utrecht, preguntaron a unos 1500neerlandeses en dos ocasiones, con una diferencia de un mes entre encuesta y encuesta, sobre su conducta alimentaria. De las respuestas extrajeron seis razones por las que comemos lo que comemos: primero, por una cuestión de oportunidad (por ejemplo, porque un alimento se encuentra al alcance de la mano en el estante del supermercado); segundo, a causa de una ocasión especial (una fiesta o una cena con los amigos); tercero, por sentimientos negativos (ansiedad o aburrimiento); cuarto, ante el impulso de recompensarse a sí mismo; quinto, debido a la presión social (para pasar desapercibido ante los demás) y, por último, pero no por ello menos importante, por la necesidad de consumir más calorías en circunstancias determinadas (después de un trabajo duro o de practicar deporte, entre otras).

 A tenor de la misma encuesta, las razones uno y dos, es decir, las oportunidades y los eventos especiales, son las que más nos inducen, y con diferencia, a caer en la tentación de ingerir demasiadas grasas y alimentos ricos en azúcar. Solo los participantes que seguían una dieta «pecaban» alguna vez para compensar el esfuerzo realizado. También se registraron diferencias notables entre sexos. Las mujeres resarcían con comida las emociones negativas con mayor frecuencia que los hombres.

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