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  • Septiembre 2017Nº 29

Psicología

Psicología del deporte

Disparan a la portería, corren apresurados por los bosques, saltan para caer en un foso de arena o levantan pesos hasta que los huesos crujen. Algunos persiguen durante años récords y medallas. ¿Qué es lo que impulsa a los hombres a hacer deporte?

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Una infernal carrera hasta el oro: el 17 de junio de 1956, en la jornada de clausura de la competición hípica de las Olim­piadas, en Estocolmo, se decide el salto de obstáculos junto con el Premio de las Naciones. En la pista corre Günter Wink­ler sobre la yegua "Halla". Al saltar el penúltimo obstáculo, una valla de paja de 1,60 metros de alto, el jinete de repen­te da un grito de dolor. "Halla" sigue su carrera, tira la barra del último obstácu­lo, pero lleva a Winkler hasta la meta. Diagnóstico de los médicos: una hernia inguinal grave. El jinete, de 29 años, de­be ser hospitalizado; imposible iniciar la segunda manga. ¿Imposible? Winkler ve marcada la decepción en las caras de sus compañeros: con su retirada se esfumaría la posibilidad del oro olímpico en la modalidad por equipos.

"Puedo hacerlo", decide en contra de la opinión de los médicos y ayudantes. Se le inyecta un calmante y entre todos lo acomodan en la silla de montar. Apenas puede mantenerse sentado. Aunque Winkler lleva las riendas, no puede apretar las piernas para dar la orden de salto a la yegua. El animal deberá superar los obstáculos por sí solo y en el momento adecuado... y lo hace magistralmente. En la valla triple de la segunda manga se oyen los gritos de dolor del jinete. Pero Winkler será el único de estos Juegos Olímpicos en terminar una manga sin penalización: ¡oro para el caballo y el ji­nete, oro para el equipo alemán! An­dando el tiempo, el medallista comentaría que su "Halla" era "una mezcla de genio y cabra loca. Los dos teníamos un punto de demencia".

Este caso expuesto constituye un ejemplo sintomático de la "voluntad de ganar", fenómeno al cual, dentro y fuera del de­porte, los psicólogos atribuyen cuatro formas de vivencia subjetiva: encontrar­se ante una tarea enormemente di­fícil, de­cidir hacerle frente, confiar en la propia capacidad y acometerla con denuedo, no importa lo que pase.

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