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  • Noviembre 2015Nº 470
Filosofía de la ciencia

Filosofía de la tecnología

La extraña relación entre filosofía y tecnología

Tras un largo y lamentable olvido, los pensadores comienzan a centrar su atención en las dimensiones filosóficas de la tecnología.

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La filosofía occidental ha tomado desde antiguo como objetos de reflexión los más diversos fenómenos: la naturaleza, el conocimiento, el arte, la moral, la política, Dios, la educación, el amor o la guerra. Sin embargo, y a pesar de su ubicuidad, la técnica no ha merecido atención más que en tiempos recientes. Con excepciones notables como el análisis que Aristóteles hace sobre la tekné como forma de conocimiento especial, la mayor parte de los filósofos tradicionales apenas mencionan nuestra capacidad excepcional de crear esa «sobrenaturaleza» que es la técnica. Precisamente fue Ortega y Gasset, uno de los primeros filósofos profesionales que trató en particular sobre el tema, quien la consideró como una imposición material humana sobre el mundo de lo natural para hacerlo más habitable: nuestra forma de adaptar el medio al sujeto.

Las explicaciones de ese olvido son muy diversas y posiblemente tengan mucho que ver con un cierto prejuicio con respecto a las tareas manuales. Pero lo más interesante de la filosofía de la tecnología quizá no sea su falta de historia, sino las consecuencias de su juventud. Como disciplina en pleno desarrollo, muchos de los asuntos fundamentales están aún en discusión, sin que se hayan fijado posturas firmes. Además, es un área que puede resultar atractiva para los que se inician en la investigación filosófica por todo lo que queda aún por hacer.

A continuación quisiera llevar a cabo un pequeño esbozo de los problemas que se están abordando en la reflexión filosófica sobre este asunto, que, por cotidiano e influyente, nos resulta insoslayable. Para hacerlo me ayudaré de una clasificación habitual en filosofía. Así, podemos tratar cuestiones de tres tipos: ontológicas (¿qué diferencia el objeto que estudiamos, en tanto su composición o estructura, de otros?), epistemológicas (¿el conocimiento que se requiere para el desarrollo y uso de la tecnología es peculiar o diferente de otras formas de conocimiento?) y morales (¿cuáles son las repercusiones de las nuevas técnicas sobre la vida presente y futura de los humanos?). Asimismo, la filosofía ha entrado en colaboración con disciplinas como la sociología, la historia o la economía, naturalizándose, empleando conocimientos y métodos procedentes de ellas. En conjunto, este campo engloba los «estudios sociales de la técnica», que nacieron como hermanos de los «estudios sociales de la ciencia».

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