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  • Investigación y Ciencia
  • Noviembre 2013Nº 446

Neurociencia

Adicción a la comida

Nuevas investigaciones sobre el cerebro revelan por qué las grasas y los azúcares hacen que cada vez más personas sufran obesidad.

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Solo por satisfacer su deseo de chocolate, una rata se arriesgaría a morir, según ha comprobado nuestro grupo hace poco. En un experimento permitimos que la ratas accedieran de modo ilimitado a su comida habitual, así como a una zona repleta de apetecibles alimentos hipercalóricos: salchichas, tarta de queso, chocolate. Los múridos disminuyeron su ingesta de los elementos sanos pero insulsos y consumieron casi exclusivamente la comida rica en calorías. Ganaron peso hasta volverse obesos.

A continuación, mediante un pulso de luz advertimos a las ratas de la llegada de un impacto desagradable en sus patas mientras comían. Las que ingerían alimentos insípidos los abandonaban enseguida y se iban corriendo, pero las obesas continuaban devorando la comida rica, ignorando la advertencia que habían aprendido a temer. Su deseo hedonista prevalecía sobre su sentido básico de supervivencia.

Nuestros descubrimientos se asemejan a otros realizados con anterioridad por Barry Everitt en la Universidad de Cambridge, salvo que sus ratas eran adictas a la cocaína.

¿Presentan entonces las ratas obesas adicción a la comida? La incapacidad de reprimir un comportamiento, a pesar de las consecuencias negativas, resulta habitual en la adicción. En determinadas personas se están hallando conductas compulsivas similares. Casi todos los obesos afirman que desean consumir menos; sin embargo, continúan comiendo más de lo necesario aunque saben que ello puede acarrearles consecuencias negativas para su salud y vida social. Algunos estudios demuestran que la sobrealimentación activa los sistemas de recompensa de nuestro cerebro; en algunas personas la magnitud de ese efecto vence a los mensajes que el cerebro les envía cuando ya han consumido suficiente. Como ocurre en los alcohólicos y drogadictos, cuanto más comen más quieren comer. Sea o no técnicamente una adicción, si la sobrealimentación estimula los mismos circuitos cerebrales que el consumo de drogas, los medicamentos que inhiben el sistema de recompensa podrían ayudar a que la gente obesa comiera menos.

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