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  • Investigación y Ciencia
  • Noviembre 2013Nº 446
Panorama

Ingeniería

Evaluación integral del riesgo sísmico

La consideración de factores sociales, económicos y ambientales, además de los arquitectónicos y urbanísticos, mejora la prevención y la mitigación de los daños causados por un terremoto.

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Los terremotos pueden resultar catastróficos cuando ocurren en áreas urbanas densamente pobladas y con infraestructuras frágiles. Por tanto, para minimizar los desastres causados por estos fenómenos naturales devastadores resulta crítica una buena evaluación del riesgo sísmico, es decir, la probabilidad de que se produzcan daños materiales y pérdida de vidas humanas debido a un terremoto en una zona determinada y en un intervalo de tiempo concreto.

Sin embargo, las evaluaciones del riesgo sísmico suelen realizarse bajo una concepción fragmentada del mismo, que varía según la disciplina científica desde la que se aborda el estudio. En general, suelen centrarse en aspectos físicos, sobre todo en la afectación de los edificios y las infraestructuras (características estructurales).

Pero el riesgo no solo se asocia con la ocurrencia del fenómeno natural en sí, sino también con todos los factores de vulnerabilidad que puedan agravar los daños causados por este. Dicha vulnerabilidad guarda relación con las características estructurales de los edificios de la zona y también con la fragilidad social o falta de resiliencia de la población. Una mala organización institucional y comunitaria, una insuficiente preparación para dar respuesta ante emergencias, la inestabilidad política y una economía débil contribuyen a aumentar el riesgo. Factores como la falta de educación y de gobernabilidad, la marginalidad, la pobreza, las condiciones sociales de desigualdad, la fragilidad de las viviendas y, en general, las condiciones de inseguridad social y económica, constituyen los principales determinantes de los desastres —no solo los sísmicos, sino también los debidos a otros fenómenos naturales—. Es decir, los desastres son socio-ambientales por naturaleza y su ocurrencia es el resultado de riesgos creados por la sociedad. Por tanto, para lograr una mejor gestión del riesgo es necesario recurrir a enfoques multidisciplinarios e integrales del mismo.

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