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  • Noviembre 2013Nº 446

Microbiología

Tierra prodigiosa

Movilizar las bacterias y los hongos del suelo en provecho de las plantas cultivadas supone una alternativa prometedora al uso intensivo de abonos y plaguicidas.

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Tomates frescos de un tenderete a pie de carretera; cortados en rodajas y aliñados con una pizca de sal y pimienta y unas gotas de aceite de oliva, todo un placer veraniego. ¿Será esta una costumbre abocada a la desaparición? Posiblemente, sí.

Casi todos los años de la pasada década, los responsables de salud pública de la costa oriental de Estados Unidos han seguido el rastro de tres o cuatro brotes de salmonelosis cuyo origen se halló en los tomates locales. Los brotes suelen ser pequeños y afectan a entre 10 y 100 personas, pero en ancianos y niños la intoxicación puede acarrear la hospitalización e incluso la muerte.

Hace unos años, Eric Brown, director de microbiología del Centro de Seguridad Alimentaria y Nutrición Aplicada de la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos de EE.UU. (FDA), comenzó a preguntarse por qué el fenómeno afectaba solo a la costa este. La salmonela probablemente llega a los tomatales a través de las heces de gaviotas, tortugas, aves de corral y otros animales. ¿Por qué entonces no están contaminados también los tomates de la costa occidental?

La respuesta a esa pregunta la da un examen minucioso del microbioma, la comunidad de bacterias, hongos y virus que viven en íntimo contacto con las plantas. Mientras en la costa occidental los tomates conviven con bacterias del suelo que inhiben y destruyen la salmonela, en la oriental, aunque se han hallado cepas semejantes, existen en menor cuantía. Por ello, en un estudio piloto llevado a cabo en el estado de Virginia, la FDA ha cultivado una de estas bacterias indígenas, Paenibacillus, para pulverizarla después sobre tomateras jóvenes. Ha obtenido el mismo resultado: acabar con la salmonela. Brown espera que los cultivadores de tomate puedan utilizar este método a escala comercial en 2014 o 2015.

Añadir bacterias a un cultivo para prevenir una enfermedad humana supone el inicio de un camino inédito en el campo de la seguridad alimentaria. Podría extenderse a melones, espinacas, coles de Bruselas y otros cultivos que han acaparado titulares por causar brotes de Salmonella o Escherichia coli. El proyecto del tomate forma parte de un cambio más profundo en el cultivo de alimentos, basado en los nuevos conocimientos sobre la microbiota del suelo y las múltiples formas de dependencia entre microorganismos y plantas.

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