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  • Investigación y Ciencia
  • Octubre 2014Nº 457

Epidemiología

Una antigua plaga

La tuberculosis parece estar evolucionando en formas inesperadas que burlan a los seres humanos.

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Hoy en día, la mayoría de las personas de las regiones más ricas del planeta consideran la tuberculosis, si es que piensan en ella, un espectro del pasado. A lo largo de la antigüedad, la tenaz infección bacteriana consumió los cuerpos de incontables millones de personas, ricas y pobres, llenando sus pulmones de un esputo sanguinolento. A medida que la enfermedad se extendió durante los siglos siguientes, continuó atacando a individuos de distinta situación económica y clase social, afectando tanto a famosos como a desconocidos. Entre sus víctimas mejor conocidas cabe mencionar al poeta Manuel Bandeira, los escritores Emily y Anne Brontë y el escultor Frédéric-Auguste Bartholdi, quien diseñó la Estatua de la Libertad. A principios del siglo XX, la humanidad había empezado a luchar con campañas de salud pública, la mejora de los niveles de vida y, finalmente, los antibióticos y una vacuna moderadamente eficaz. Sin embargo, aunque en 2011 la tuberculosis enfermó a casi nueve millones de personas y causó la muerte de 1,4 millones de ellas, sobre todo en las regiones más pobres del planeta, la tasa de mortalidad se ha reducido en más de un tercio desde 1990. Las cosas están mejorando, o eso parece.

Las nuevas investigaciones genéticas sugieren que la bacteria responsable de la tuberculosis podría estar a punto de resurgir más fortalecida y mortífera que nunca, y no solo porque algunas cepas se han vuelto resistentes al tratamiento estándar con antibióticos. Un grupo pequeño pero cada vez más influyente de investigadores cree que el microorganismo, Mycobacterium tuberculosis, puede haber evolucionado de un modo inesperado y peligroso. Han descubierto que el patógeno se divide en siete familias de cepas genéticamente relacionadas. Una de ellas, al menos, posee una virulencia extraordinaria, es propensa a la resistencia a los fármacos y se propaga con facilidad en nuestro mundo cada vez más interconectado y poblado.

Al mismo tiempo, existe la inquietud de que las estrategias terapéuticas actuales y la única vacuna parcialmente eficaz tal vez estén ayudando a que la bacteria se vuelva más difícil de combatir. Los médicos sabían desde hace tiempo que el tratamiento incompleto puede dar lugar a cepas de tuberculosis resistentes a los antibióticos. Sin embargo, ahora se están dando cuenta de que incluso las intervenciones con éxito pueden acarrear problemas si estas eliminan con preferencia los grupos de microorganismos más leves y de crecimiento más lento. Este efecto divergente favorecería el avance de las familias bacterianas más agresivas y de crecimiento más rápido.

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