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  • Diciembre 2016Nº 483
Juegos matemáticos

Paradojas

Razonamientos impecables, decisiones equivocadas (II)

El dilema del pensamiento racional.

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En nuestra última columna consideramos situaciones como la siguiente:

El lunes le dicen que, o bien tendrá que pasar por una operación de dos horas sin anestesia el martes, o bien será sometido a una operación de una hora sin anestesia el jueves. Ambos tratamientos provocan una amnesia transitoria que, al día siguiente, le impedirá recordar si la operación tuvo lugar o no. Una mañana, al despertarse, descubre que es miércoles. En ese momento no recuerda haber pasado por el quirófano el día anterior.

¿Preferiría averiguar que la operación de dos horas tuvo lugar ayer, o descubrir que la de una hora (menos dolorosa) ocurrirá mañana? Si elige lo primero, entonces sus preferencias están sesgadas hacia el futuro [véase «Razonamientos impecables, decisiones equivocadas», por Alejandro Pérez Carballo; Investigación y Ciencia, octubre de 2016]. También concluimos que, aunque sus preferencias no estén sesgadas hacia el futuro, debería reconocer que parece perfectamente razonable pensar así.

Por otro lado, también parece razonable tener aversión al riesgo: por ejemplo, preferir una apuesta que cueste 80 euros y pague 160 la mitad de las veces, a una que cueste 100 y reembolse 200 con la misma probabilidad. En general, la aversión al riesgo hace que una persona se incline a sacrificar algo de dinero (en este caso, la diferencia entre la ganancia esperada de cada apuesta) a fin de evitar que las consecuencias negativas sean mucho peores que las positivas.

Por último, también vimos que, si usted tiene preferencias sesgadas hacia el futuro y también aversión al riesgo, puede verse en una situación en la que una serie de decisiones perfectamente racionales desemboquen en un resultado contraproducente. En el ejemplo que consideramos le ofrecían dos pastillas: una el lunes y otra el martes. Los detalles de la oferta eran tales que, dadas sus preferencias, sería irracional rechazar la pastilla el lunes y también el martes. Sin embargo, las consecuencias de tomar ambos medicamentos eran, desde su propia perspectiva, peores que las de no hacerlo.

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