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  • Septiembre 2017Nº 492
Taller y laboratorio

Didáctica de la física

En las buhardillas de los liceos

Fruto de un interminable periplo por los trasteros de los liceos, un hermoso libro nos presenta casi 1000 instrumentos que sirvieron para enseñar, a mediados del siglo XX, la física del siglo XVIII. Unos tesoros que deberíamos recuperar para nuestros modos de hoy.

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El balancín de Hardy, el pasa-vinos de Galileo, la prensa para lentillas de vidrio, el grafómetro de pínulas, la esfera destellante, el huevo eléctrico, el gran prisma de parafina, el morsófono, el pararrayos de cuernos, la regadera mágica, el corta-manzanas, la campana de vidrio de cuatros perlas... En colegios, liceos y universidades de toda Francia se guardan colecciones de extraños objetos. Desde 2003, la Asociación para la Conservación y el Estudio de los Instrumentos Científicos y Técnicos para la Enseñanza (ASEISTE, por sus siglas en francés) ha clasificado más de 55.000 instrumentos, procedentes de unos sesenta centros, de los que hemos confeccionado otras tantas fichas con los datos del lugar donde se inventarían. (ASEISTE colabora estrechamente con la institución española homóloga ANDPIH, la Asociación Nacional para la Defensa del Patrimonio de los Institutos Históricos). Este patrimonio, hoy presentado en una enciclopedia, es testimonio de un tiempo en que la enseñanza de la física se basaba en la experiencia.

La física experimental nace a mediados del siglo XVIII por influencia del abate Jean Antoine Nollet. En 1746, en Versalles, ante el rey Luis XV y su corte, el abate efectuó una experiencia que dejó huella: produjo una sacudida eléctrica en una hilera de 180 guardias agarrados de la mano. Desde entonces, fue requerido en todos los salones y en su curso de física se abarrotaba el aula, mientras los gabinetes de física se multiplicaban entre la nobleza y la burguesía.

Se desarrolló así el oficio de constructor de instrumentos y, en 1852, la enseñanza de la física en las clases, anecdótica frente a las humanidades clásicas, se afirmaba sobre una base sólida: el ministro francés de instrucción pública creó un plan de estudios en toda regla, recomendando «partir de la experiencia fundamental siempre que el tema lo permita», y asignó créditos cuantiosos para la compra de material científico.

Así se inició la era de oro de la construcción de instrumentos, que duró medio siglo y constituyó la parte esencial de los gabinetes de física y de historia natural de los liceos. Hoy, esos instrumentos resultan más que nunca de gran utilidad: ninguna pantalla ni ningún libro fijarán los fenómenos físicos en las mentes de los alumnos mejor que su percepción directa.

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