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  • Investigación y Ciencia
  • Diciembre 1985Nº 111

Medicina

Moléculas del sistema inmunitario

Las proteínas que reconocen invasores foráneos son los polipéptidos más diversos de que se tiene noticia. Codificadas por centenares de fragmentos de genes, se combinan en miles de millones de variedades distintas.

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El sistema inmunitario constituye un elemento esencial para la supervivencia; sin él, la muerte por infección resulta inevitable. Dejando de lado su función vital, el sistema inmunitario constituye también un ejemplo fascinante del ingenio biológico. Las células y moléculas de esa red defensiva se mantienen en continua vigilancia ante los organismos infecciosos. Reconocen una variedad casi ilimitada de células y sustancias foráneas, distinguiéndolas de las del propio cuerpo. Cuando un agente patógeno penetra en el cuerpo, lo detectan y se movilizan para eliminarlo. «Recuerdan» cada una de las infecciones, de modo que cualquier reincidencia de un mismo organismo reciba un trato más eficaz. Es más, todo ello lo realizan a costa de un exiguo presupuesto de defensa, en el que participa tan sólo una pequeña parte del genoma y de los recursos del cuerpo.

El punto fundamental del montaje de una respuesta inmunitaria es el reconocimiento de marcadores químicos que distingan lo propio de lo que no lo es. Las moléculas a las que se ha confiado esa tarea son proteínas cuya propiedad más sorprendente es la variabilidad de su estructura. En general, todas las moléculas de una determinada proteína que elabore un individuo son absolutamente idénticas: tienen la misma secuencia de aminoácidos. En todo caso, pueden darse dos versiones de una proteína, especificadas por los genes paternos y maternos. Las proteínas de reconocimiento del sistema inmunitario, por el contrario, se presentan bajo millones, y tal vez miles de millones, de formas ligeramente diferentes. Esas diferencias permiten a cada molécula reconocer un modelo específico de diana o efector.

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