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Actualidad científica

  • 27/06/2017 - Astrofísica

    La supernova simulada y la real

    Un nuevo estudio respalda la teoría vigente sobre cómo se producen las explosiones supernova en las que colapsa el núcleo de una estrella: los neutrinos desempeñan un papel esencial.

  • 26/06/2017 - Sistema solar

    Un estudio arroja dudas sobre el enigmático Planeta Nueve

    El trabajo alerta de «sorprendentes sesgos de detección» en la clase de astros que condujeron a postular la existencia de una supertierra oculta en los confines del sistema solar.

  • 25/06/2017 - Ornitología

    No hay dos huevos iguales

    Se ignoraba la razón de que la forma de los huevos de las aves sea diferente entre las distintas especies: en unas son más elípticos o más cónicos que en otras. Es posible que se haya encontrado el porqué de esto.

  • 23/06/2017 - BIOLOGÍA VEGETAL

    El joven genoma de un viejo roble

    La secuenciación genética de distintas ramas de un roble de 234 años demuestra que su ADN ha sufrido escasas mutaciones a lo largo de su vida, al contrario de lo que se esperaba.

  • 22/06/2017 - BIOFÍSICA

    ¿Por qué el ADN se enrolla al estirarlo y el ARN se desenrolla?

    Un estudio detalla qué ocurre cuando se estiran ambas moléculas. Explicar la respuesta mecánica de los ácidos nucleicos a escala atómica ayudará a descifrar cómo influye su estructura en su función biológica.

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  • Investigación y Ciencia
  • Mayo 2017Nº 488

Exploración espacial

Misión a Alfa Centauri

Un plan financiado por un multimillonario pretende enviar pequeñas sondas espaciales a una estrella cercana. ¿Es viable?

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En la primavera de 2016 me encontré en una recepción con Freeman Dyson, el brillante físico y matemático, por entonces de 92 años y catedrático emérito del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. Dyson nunca dice lo que uno espera oír, así que le pregunté qué había de nuevo. Esbozó su sonrisa ambigua y respondió: «Parece que vamos a Alfa Centauri». Alfa Centauri es el sistema estelar más cercano al Sol. Poco antes, un multimillonario de Silicon Valley había anunciado la financiación de un proyecto, Breakthrough Starshot, para enviar hasta allí algún tipo de nave espacial. «¿Es una buena idea?», inquirí. Dyson amplió su sonrisa y respondió:

«No, es una tontería». Y añadió: «Pero la nave espacial es interesante».

En efecto, la nave es interesante. En vez de usar un cohete normal, impulsado por combustible y lo bastante grande como para transportar seres humanos o instrumentos, el proyecto Starshot («Disparo Estelar») pretende enviar una flota de diminutos chips multifunción, bautizados StarChips. Cada uno de ellos iría acoplado a una «vela solar», la cual sería tan ligera que, al incidir sobre ella un potente haz láser, se aceleraría hasta alcanzar el 20 por ciento de la velocidad de la luz. Alfa Centauri, un sistema binario formado por estrellas similares al Sol (Alfa Centauri A y B), se encuentra a 4,37 años luz, por lo que el cohete más veloz tardaría 30.000 años en llegar. En cambio, los StarChips solo necesitarían 20 años. Una vez en su destino, las naves no se detendrían, sino que sobrevolarían las estrellas y sus posibles planetas en pocos minutos. Durante ese tiempo transmitirían imágenes y datos a la Tierra, los cuales tardarían otros 4,37 años en arribar.

La «tontería» es que no resulta obvio que el objetivo de la misión sea científico. Lo que los astrónomos desean saber sobre las estrellas no es algo que pueda aprenderse en un sobrevuelo fugaz. Y nadie sabe si Alfa Centauri posee planetas, por lo que Starshot ni siquiera puede prometer primeros planos de otros mundos. «Hemos pensado mucho menos en los aspectos científicos», reconoce Ed Turner, astrofísico de la Universidad de Princeton y miembro del comité asesor de Starshot. «Hemos dado casi por garantizado que la ciencia será interesante.»

Sin embargo, en agosto de 2016, Starshot recibió un golpe de suerte: un grupo europeo de astrónomos que nada tenía que ver con el proyecto anunció el hallazgo de un planeta alrededor de la estrella más cercana al Sol: Próxima Centauri, vecina de Alfa Centauri pero situada unos 0,1 años luz más cerca. De repente, Starshot se convirtió en la única forma semiviable de llegar a un exoplaneta en un futuro previsible. Con todo, el proyecto sigue recordando un poco a los sueños de esos fans de la ciencia ficción que hablan sin parar de enviar humanos fuera del sistema solar con técnicas que, seguramente, funcionarían si hubiese suficiente financiación y suficientes milagros tecnológicos.

No obstante, Starshot no necesita milagros. Su tecnología, aunque hoy inexistente, se basa en ingeniería consolidada y no viola ninguna ley física. Y hay dinero detrás del proyecto: Yuri Milner, el empresario que también financia otras investigaciones mediante el programa Breakthrough Initiatives y que cada año concede los cuantiosos premios científicos Breakthrough, ha puesto en marcha la idea con una aportación inicial de 100 millones de dólares. Al mismo tiempo, ha reclutado a un comité asesor lo suficientemente impactante como para convencer a cualquier escéptico de que Starshot podría tener éxito: expertos mundiales en láseres, velas solares, microcircuitos, exoplanetas, aeronáutica y dirección de grandes proyectos, además de dos premios nóbel, el astrónomo real del Reino Unido, eminentes astrofísicos del ámbito académico, experimentados ingenieros... y Dyson, que, por más que piense que la misión es absurda, también afirma que la idea de una vela solar impulsada por láseres tiene sentido y es digna de ser llevada a cabo. En conjunto, pocos apostarían a largo plazo contra una operación respaldada por tanto dinero y tantas mentes brillantes.

Con independencia de sus perspectivas, el proyecto se diferencia por completo de cualquier misión espacial efectuada hasta ahora. «Todo lo relativo a Starshot es insólito», asegura Joan Johnson-Freese, experta en política espacial de la Escuela de Guerra Naval de Estados Unidos. Sus objetivos, financiación y estructura directiva lo distinguen de todos los demás actores del sector. Las empresas espaciales persiguen beneficios y se centran en misiones tripuladas dentro del sistema solar. La NASA, que no planea ningún viaje interestelar, tiene demasiada aversión al riesgo para intentar algo tan incierto. Sus procedimientos burocráticos son a menudo engorrosos y redundantes, y sus misiones suelen depender de la aprobación de un Congreso inconsecuente. «La NASA necesita dedicarle tiempo; los multimillonarios pueden hacerlo sin más», asegura Leroy Chiao, antiguo astronauta y comandante de la Estación Espacial Internacional. 

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