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  • Junio 2017Nº 489
Libros

Reseña

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Pedagogía en línea

Un análisis del viaje de la educación hacia el entorno digital.

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GOING ONLINE
PERSPECTIVES ON DIGITAL LEARNING
Robert Ubell
Routledge, 2016

En 1993, el experto en tecnología educativa Seymour Papert señalaba que, si un profesor del siglo XIX apareciese de repente en un aula de los años noventa, se sentiría como en casa. Veinte años después, ya no podemos decir lo mismo.

Hoy numerosos profesores de gran parte del mundo desarrollado utilizan pizarras electrónicas y tabletas, así como métodos de aprendizaje centrados en el estudiante, colaborativos y basados en proyectos. Muchas universidades están adoptando el método del «aula inversa», en la que los alumnos aprenden en línea y después resuelven problemas en clase. En algunos casos incluso pueden acceder a equipo de laboratorio o telescopios distantes. Ciertas instituciones, como la Universidad de Waterloo o la neozelandesa Massey, combinan la enseñanza en la Red con la presencial. Y en los cursos en línea masivos y abiertos (MOOC, por sus siglas en inglés) estudia y participa gente de todo el mundo. [Véase el informe especial «La educación en la era digital»; Investigación y Ciencia, septiembre de 2013.]

Ese cambio incesante provoca un temor existencial en algunos docentes, que imaginan que para la próxima década los profesores serán reemplazados por programas de aprendizaje interactivo y las universidades impartirán cursos exclusivamente en la Red. Pero tales cambios también pueden suscitar entusiasmo, como el que refleja Robert Ubell en Going online. El libro proporciona una panorámica del fenómeno desde la Escuela de Ingeniería Tandon, de la Universidad de Nueva York, donde Ubell dirige la unidad de educación digital. La obra comienza con la observación de que la educación universitaria tradicional ha fracasado a la hora de implicar a los estudiantes en el aprendizaje activo. Cuanto más lograda resulta una clase, por ejemplo, más puede dar la falsa impresión de que todos los alumnos han asimilado el contenido.

Ubell plantea que el aprendizaje en la Red permite a los estudiantes procesar la información en el momento que mejor les conviene. Pueden participar en discusiones en línea y formular preguntas de forma anónima, sin temor a quedar en entredicho. Y todo ello exige una nueva pedagogía: nuevas maneras de enseñar y de evaluar adaptadas a las comunidades de aprendizaje activo. Los académicos deben trabajar con diseñadores web y expertos en tecnología educativa para crear condiciones que permitan a los estudiantes controlar el ritmo y el desarrollo del aprendizaje, así como compartir sus ideas y debatir las de los otros.

Ubell está en lo cierto cuando afirma que el anonimato puede resultar útil para los alumnos más inseguros o para quienes no dominan el idioma. Pero una parte importante de la enseñanza universitaria consiste en aprender a discrepar y a debatir. En este sentido, algunas plataformas de MOOC, como FutureLearn, promueven discusiones constructivas con miles de participantes de distintos países, con el objetivo de que aporten perspectivas diversas sobre cuestiones candentes, como el cambio climático.

Going online muestra que hay numerosas maneras de trasladar la educación a Internet. Todas ellas requieren que las instituciones se comprometan a extender el concepto de formación, a fin de que este deje de ser una simple relación profesional entre profesor y alumnos y pase a convertirse en un proceso colectivo. Ello implica tomar decisiones sobre las plataformas de aprendizaje en línea (ya se trate de Moodle, Blackboard o Canvas), si debe usarse un proveedor de MOOC, cómo negociar los derechos de propiedad intelectual y cómo compensar a la plantilla. Al ofrecer a los alumnos actividad y autonomía, la universidad en la Red podría estar sacrificando humanidad.

La enseñanza combinada o semipresencial ha sido la solución adoptada por algunas universidades con ánimo de lucro que ofrecen instrucción en línea masiva, como la de Phoenix, en Arizona. Los alumnos estudian las asignaturas en la Red con material facilitado por diversas fuentes (entre ellas los MOOC, páginas web y simulaciones interactivas de carácter científico) y se les incita a usar las redes sociales para compartir ese conocimiento. El aula se convierte en un espacio para explorar un tema en profundidad resolviendo problemas, debatiendo y haciendo exámenes. En ciencias, los estudiantes pueden familiarizarse in situ con equipos de laboratorio y, después, utilizarlos de forma remota y analizar en línea los datos obtenidos. La enseñanza combinada resulta también eficaz en la capacitación de trabajadores y en la formación continua. La iniciativa de formación profesional DUAL-T, del Gobierno suizo, por ejemplo, salva la distancia entre el aula y el lugar de trabajo.

Este cambio puede parecerle incómodo a un académico que ha impartido clases presenciales durante toda su carrera, pero los profesores más jóvenes han crecido con la enseñanza en línea y las redes sociales. Muchos habrán usado herramientas de colaboración, como Slack, y redes sociales profesionales, como LinkedIn o Stack Exchange.

El núcleo del libro es un estudio del año 2000 realizado por Ubell y su colaborador, Hosein Fallah, que compara dos cursos de posgrado, idénticos en contenido e instructor, pero uno impartido mediante clases magistrales y el otro en línea. El número de estudiantes es reducido (siete en línea y doce presenciales) y los resultados no son concluyentes. Un ejemplo mejor lo proporciona un metanálisis dirigido por la psicóloga educativa Barbara Means —mencionado brevemente en el libro— que analizó más de mil investigaciones empíricas. Aquel informe (Evaluation of evidence-based practices in online learning, Departamento de Educación de Estados Unidos, 2009) halló que, de media, la enseñanza en línea obtenía mejores resultados que la presencial, mientras que la combinada superaba a las demás.

Como afirma Ubell, las críticas a la instrucción en línea suelen dirigirse contra aquellos sistemas de enseñanza y MOOC que imparten clases «enlatadas». Pero el éxito de la educación digital se debe al aprendizaje basado en redes sociales, con acceso a materiales en línea desde cualquier parte del mundo, cursos abiertos de alta calidad y debates dinámicos entre compañeros. El aula inversa puede funcionar tanto en Nueva Delhi como en Nueva York. Requiere una perspectiva descentralizada, a fin de crear comunidades de enseñantes y alumnos que acojan con entusiasmo pedagogías y perspectivas culturales diversas. Las pioneras en este ámbito han sido universidades comprometidas con una educación abierta internacional, como la Universidad Abierta del Reino Unido, el Instituto de Tecnología de Massachusetts, la Universidad de Athabasca, en Canadá, o la Universidad de Ciudad del Cabo. Es este el paso que mayor dificultad supone para las universidades más tradicionales.

Así como la educación moderna se está convirtiendo en una mezcla de recursos y servicios, Going online está compuesto a partir de artículos previamente publicados y actualizados. Tejer una narrativa coherente puede resultar problemático, pero la obra consigue captar los aspectos de un sistema educativo en transición: de uno circunscrito a los campus universitarios a uno de alcance internacional.

 

[Artículo original publicado en Nature, vol. 540, pág. 340, 15 de diciembre de 2016. Traducido con el permiso de Macmillan Publishers Ltd. © 2017]

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