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Actualidad científica

  • 21/09/2017 - Evolución humana

    ¿Cuántos neandertales había?

    La arqueología y la genética han dado respuestas muy diferentes a esa pregunta. Un nuevo estudio las reconcilia y descubre la historia de aquella antigua gente, en la que rozaron alguna vez, mucho antes de la definitiva, la extinción.

  • 20/09/2017 - BIOLOGÍA REPRODUCTIVA

    Macrófagos testiculares, guardianes de la fertilidad masculina

    Responsables de eliminar los patógenos de nuestro organismo, estas células moderan también la respuesta inmunitaria para evitar la destrucción de los espermatozoides.

  • 19/09/2017 - Zoología

    ¿Ha extinguido Irma especies?

    Junto  a las pérdidas humanas y económicas, el huracán Irma ha tenido también graves consecuencias para la naturaleza.

  • 18/09/2017 - Materiales cuánticos

    Calor topológico

    Un trabajo analiza por primera vez el comportamiento de los aislantes topológicos en presencia de focos térmicos. Sorprendentemente, la aparición de un flujo de calor no parece arruinar la robustez de estos materiales.

  • 17/09/2017 - Sismología

    Una misteriosa sacudida detectada tras la prueba nuclear norcoreana desconcierta a los sismólogos

    Una segunda liberación de energía sísmica, observada solo unos minutos después de la detonación del 3 de septiembre, sigue confundiendo a los investigadores.

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  • Mente y Cerebro
  • Septiembre/Octubre 2017Nº 86
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Reseña

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Naturaleza humana

Aproximaciones multidisciplinares.

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VERBS, BONES, AND BRAINS
Dirigido por Agustín Fuentes y Aku Visala
University of Notre Dame Press, Notre Dame, 2017

A lo largo de los últimos decenios hemos asistido a una eclosión sin precedentes de investigaciones empíricas y filosóficas sobre la biología evolutiva de Homo sapiens, los orígenes del problema mente/cerebro y la cultura humana. Esa investigación y sus interpretaciones han encendido acalorados debates sobre la naturaleza de los humanos y sobre cómo ha de entenderse el hombre desde el punto de vista de las ciencias y de las humanidades. Desde el punto de vista de la ciencia, se ha puesto especial énfasis en la genómica y en la epigenética, así como en la neurociencia del cerebro. Desde la óptica humanística se resalta su carácter único, responsable e inteligente. De una manera u otra, los diversos enfoques de la naturaleza humana se entrelazan con las cuestiones últimas relativas a la naturaleza del cosmos, el origen de la vida y de la consciencia.

Con Charles Darwin emergió una nueva perspectiva al instalar al ser humano en el árbol evolutivo de los organismos. Cierto es que desde Linneo se le clasificaba entre los mamíferos, pero siempre quedaba aparte cuando se empezó a hablar de posibles transformaciones de las especies. Darwin fue el primero que aportó herramientas sistemáticas y teóricas que vinculaban capacidades, desarrollo e historia del hombre con sus homólogos en los animales: las mismas causas que favorecen el cambio en los animales son las que lo promueven en la filogenia del hombre. Se pasó de una interpretación esencialista de la especie humana a una concepción evolutiva. Ese giro repercutió en la vertiente teleológica y normativa de la naturaleza humana: la selección natural no es finalista, no tiene un objetivo premeditado.

Sin embargo, la perspectiva evolutiva siguió siendo minoritaria en las ciencias sociales por más de un siglo, hasta que, en los años setenta Edward O. Wilson introdujo el concepto de sociobiología. A tenor del mismo, el comportamiento social humano trascendía los condicionamientos culturales, pues reflejaría una adaptación para la supervivencia y la reproducción. El hombre presentaría un conjunto de disposiciones y rasgos que no están lejos de los que caracterizan a los demás primates. La sociobiología de Wilson fue rechazada por otros científicos, Stephen Jay Gould entre ellos, quien no aceptaba la reducción de la conducta a la selección natural. En los años ochenta, la ciencia cognitiva, antaño dominio de la filosofía, buscó un hueco en la ciencia. La psicología cognitiva se oponía también a la sociobiología. El modelo estándar de la psicología cognitiva, llamado también modelo nativista o «escuela de santa Bárbara», proponía que la mente humana era un sistema modular, cuyos módulos fueron creados por selección natural para resolver problemas adaptativos en un entorno ancestral. Ahora esos módulos, en su origen adaptativos, se emplean en diferentes tareas y forman una base universal de las distintas culturas humanas.

Aunque los humanos no poseen el mayor cerebro, sí poseen la mayor corteza en proporción. El cerebro humano­ es de una complejidad más allá de lo imaginable. Consta de unos 100.000 millones de neuronas, que establecen unos 100 billones de sinapsis. El botón sináptico terminal presenta unas 300.000 copias de 80 moléculas diferentes. La interrelación neuronal está condicionada por la arquitectura física del cerebro y del sistema nervioso. Importan el grado y la forma de conectividad, así como el tamaño, en las capacidades cognitivas.

Por dinámica de sistemas sabemos que los sistemas complejos como el cerebro pueden adquirir propiedades que no poseían los elementos componentes. Son las propiedades emergentes. Las sensaciones de dolor, por ejemplo, son experiencias del sujeto (o como se suele decir, de primera persona) que escapan a una descripción científica objetiva (o de tercera persona). Un electroencefalograma podría registrar la excitación de neuronas en su hipotálamo y un neurocientífico podría identificar los procesos químicos implicados, pero ni una ni otros son la primera persona. Ni la excitación de las fibras C ni los procesos químicos son el dolor. El estudio de la naturaleza humana es, en buena medida, el estudio de nuestros rasgos y de cómo se hallan interrelacionados. Existe una estructura común dentro de la diversidad de individuos que componen la especie.

En el dominio de la ética, la noción de naturaleza humana se utiliza a menudo como concepto normativo, de guía para la acción; nos indica cómo hemos de actuar. También se emplea como concepto descriptivo, que caracteriza lo que hacen los humanos y están dispuestos a hacer, no lo que deben hacer. El concepto normativo entra de plano en los debates sobre homosexualidad, aborto o potenciación. Si, por naturaleza, el hombre es moralmente bueno, nuestra meta tendría que ser abrazar nuestra propia naturaleza. Pero si, por naturaleza, el hombre es moralmente malo, el conocimiento de esta habría de permitirnos buscar los medios para obviarla y domeñar nuestras inclinaciones.

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