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  • Septiembre/Octubre 2017Nº 86
Avances

Demencias

Síntomas psicológicos sutiles pueden preceder al alzhéimer

Las alteraciones emocionales y de la conducta en personas mayores pueden advertir de una futura demencia.

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Por lo general, las demencias, entre ellas la enfermedad de Alzheimer, se relacionan sobre todo con la aparición de problemas de memoria y de otras funciones intelectuales que comienzan, precisamente, con olvidos y despistes. Sin embargo, esta concepción se encuentra lejos de la realidad. La progresiva degeneración y muerte de las neuronas que acontece en las demencias afecta a gran parte de las funciones cerebrales, no solo al rendimiento intelectual.

Dos grandes grupos sintomatológicos conforman las dos caras de una misma moneda: los síntomas intelectuales o cognitivos (alteración de la memoria, la orientación y el lenguaje, entre otros) y los síntomas psicológicos y conductuales (delirios, alucinaciones, depresión o agitación). Estas alteraciones pueden ayudar a la detección precoz del trastorno si se cuenta con una herramienta de diagnóstico adecuada, según hemos publicado en Alzheimer's & Dementia. Estos síntomas psicológicos y conductuales influyen de forma destacada en la calidad de vida del paciente y producen una mayor sobrecarga emocional y económica en los cuidadores a medida que la enfermedad avanza.

Aunque el alzhéimer es la forma de demencia más frecuente (dos terceras partes del total de afectados), su origen y mecanismos de desarrollo continúan, en buena parte, sin conocerse. Con todo, las técnicas de neuroimagen han revelado que los cambios cerebrales comienzan alrededor de dos décadas antes de que aparezcan las primeras manifestaciones de la patología. Ello ha permitido dividir el desarrollo de la patología en diversas fases. En la primera, denominada estadio prodrómico, se inician los cambios cerebrales, aunque el paciente no presenta ningún síntoma. La segunda fase, de deterioro leve, se caracteriza por ligeras alteraciones cognitivas y conductuales que, si bien pueden detectarse, no afectan el funcionamiento global de la persona (necesita pequeñas ayudas para llevar a cabo sus labores cotidianas). Finalmente, se registra la demencia propiamente dicha: las capacidades funcionales del sujeto se van deteriorando, por lo que cada vez necesita más supervisión y asistencia.

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