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  • Mente y Cerebro
  • Septiembre/Octubre 2017Nº 86

Neurociencia

Un retratista en el cerebro

A nuestro cerebro le atraen las caras. Y la capacidad para reconocerlas se la debemos a un mapa topológico situado en la ­corteza visual, el cual parece organizado a semejanza de un rostro.

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La capacidad para reconocer las caras humanas e interpretar sus gestos constituye una condición previa e indispensable para la vida social. Basta con mirar el rostro de la persona que se sienta a nuestro lado en el teatro para saber si la conocemos, imaginarnos su manera de ser y de comportarse y respirar tranquilos porque, según nos sugiere su semblante, se comportará correctamente durante la representación.

La maquinaria neuronal del reconocimiento facial trabaja a tal velocidad que en pocas décimas de segundo puede determinar si alguien nos resulta conocido. Incluso cuando no logramos recordar en ese instante de qué nos suena esa persona, tenemos la vaga sensación de haberla visto antes. Incluso los bebés, al poco tiempo de nacer, reaccionan con más intensidad ante los patrones similares a las caras que ante otros estímulos visuales de complejidad equiparable [véase «Expertos en rostros», por Stefanie Höhl; Mente y Cerebro n.º 58, 2013].

Pero ¿qué ocurre en nuestro cerebro cuando contemplamos un rostro? En 1997, la científica cognitiva Nancy Kanwisher, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, constató que se activaba el área fusiforme facial cuando los sujetos, tumbados bajo el escáner, observaban una cara. Ante imágenes de objetos, en cambio, esta área del lóbulo temporal permanecía muda. Algo más tarde, los investigadores descubrieron otras dos estructuras que reaccionan de manera similar: el área occipital facial (alojada en la transición del lóbulo occipital al temporal) y el surco temporal superior. Al parecer, estas tres regiones establecen un estrecho intercambio bidireccional e interpretan diversas características del rostro con el fin de identificar a la persona y de interpretar sus gestos. El equipo de Nikolaus Kriegeskorte, de la Unidad de Cognición y Neurociencias en Cambridge, ha mostrado en fecha reciente que las partes próximas entre sí de la cara que se observa (la nariz y la boca, por ejemplo) activan grupos neuronales que también se hallan cercanas en las áreas occipital y fusiforme faciales. Los científicos han denominanado «faciotopo» a esta distribución somatotópica.

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