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Actualidad científica

  • 26/06/2017 - Sistema solar

    Un estudio arroja dudas sobre el enigmático Planeta Nueve

    El trabajo alerta de «sorprendentes sesgos de detección» en la clase de astros que condujeron a postular la existencia de una supertierra oculta en los confines del sistema solar.

  • 25/06/2017 - Ornitología

    No hay dos huevos iguales

    Se ignoraba la razón de que la forma de los huevos de las aves sea diferente entre las distintas especies: en unas son más elípticos o más cónicos que en otras. Es posible que se haya encontrado el porqué de esto.

  • 23/06/2017 - BIOLOGÍA VEGETAL

    El joven genoma de un viejo roble

    La secuenciación genética de distintas ramas de un roble de 234 años demuestra que su ADN ha sufrido escasas mutaciones a lo largo de su vida, al contrario de lo que se esperaba.

  • 22/06/2017 - BIOFÍSICA

    ¿Por qué el ADN se enrolla al estirarlo y el ARN se desenrolla?

    Un estudio detalla qué ocurre cuando se estiran ambas moléculas. Explicar la respuesta mecánica de los ácidos nucleicos a escala atómica ayudará a descifrar cómo influye su estructura en su función biológica.

  • 21/06/2017 - microbiología

    Un antibiótico de último recurso está perdiendo efectividad en todo el mundo

    El uso de antibióticos en la cría industrial de animales conduce a que la resistencia a los antibióticos por parte de los patógenos que afectan a los seres humanos no deje de crecer. El caso de la colistina lo pone bien de manifiesto.

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  • Mente y Cerebro
  • Noviembre/Diciembre 2015Nº 75
Libros

Reseña

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Cartografiando la experiencia espiritual

La espiritualidad es una cualidad innata del cerebro y, como tal, debe poseer una función biológica.

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EL CEREBRO ESPIRITUAL
Por Francisco J. Rubia. Fragmenta Editorial, Barcelona, 2015.

 

¿Es la experiencia espiritual un fenómeno cultural o una cualidad intrínseca de nuestro cerebro? El profesor Francisco J. Rubia no tiene duda alguna: lo segundo. Desde su primer capítulo, El cerebro espiritual nos revela un claro objetivo: explicar la espiritualidad desde un punto de vista biológico y los mecanismos cerebrales que la subyacen. El lector interesado en la neurobiología de la espiritualidad y la religión no quedará defraudado, ya que encontrará un repaso exhaustivo a la cartografía cerebral de ambas.

La tradicional separación entre mente y cerebro, fruto del dualismo que impregna nuestra cultura occidental, no tiene sentido desde el punto de vista del neurocientífico; la distinción entre materia y espíritu queda obsoleta una vez descartado el dualismo; por ello, el autor se permite acuñar un neologismo para aquello que constituye nuestro cerebro: «espiriteria».

El problema de qué entendemos por espiritualidad va ligado a uno de los retos más complejos a los que se enfrenta la neurociencia actual, a saber, la definición de la consciencia. Se señala que existen dos tipos de consciencia: la del estado de vigilia, aquella en la que nos encontramos usted mientras lee esta reseña y yo mientras la escribo, y la inhibida, a la que se accede con dificultad mediante estados alterados, y que, según el autor, son la base de la experiencia espiritual.

Así pues, deben existir regiones en el cerebro que, al ser estimuladas, generen la experiencia espiritual. La humanidad ha buscado desde antiguo rutas de acceso a esta experiencia: desde la inducción de estados de trance chamánicos mediante el ayuno o melodías repetitivas hasta la ingesta de sustancias psicoactivas. A lo largo de varios capítulos de este libro, recorremos, en un contexto histórico y social, los usos de una amplia variedad de drogas, como la mescalina y la ayahuasca de los nativos en Sudamérica, el cornezuelo en la antigua Europa o el LSD en la Europa contemporánea, todos ellos con fines espirituales. Estas drogas, utilizadas para acceder a la consciencia inhibida, reciben también el nombre de enteógenas, es decir, son sustancias que generan la presencia de un ente (de un dios, en realidad) dentro de nuestro propio cerebro. De hecho, el uso de drogas enteógenas podría ser tan antiguo como la humanidad: la coca se utiliza en los Andes desde hace al menos 7000años, mientras que el soma de los vedas (y después de Huxley en su mundo feliz), una bebida probablemente a base de hongos alucinógenos, ya se menciona en 1500 a.C. en la India. Estas drogas actúan sobre los sistemas de neurotransmisores cerebrales, siendo las más potentes enteógenas aquellas que modulan los niveles de dopamina y de serotonina.

Cada región del cerebro es rica en un conjunto específico de neurotransmisores, la señalización mediante los cuales ejerce una función concreta. Por ejemplo, las neuronas del sistema de recompensa cerebral, indispensable para la supervivencia del organismo, utilizan dopamina. Se cree que la dopamina de la región prefrontal señala el valor de los estímulos que percibimos, por lo cual la ingesta de sustancias que eleven la dopamina podría incrementar la importancia de los estímulos y episodios ocurridos en los rituales espirituales. De hecho, enfermedades del sistema nervioso que cursan con excesos o déficits de dopamina hacen que quienes las padecen sufran cambios en su espiritualidad. Por ejemplo, las personas con párkinson, que cursa con degeneración de neuronas dopaminérgicas, tienden a ser menos espirituales, mientras que las personas con esquizofrenia lo son más.

Además de la corteza prefrontal, otras regiones cerebrales como la amígdala y el hipocampo podrían ser cruciales para la experiencia espiritual. La estimulación de estas estructuras, mediante drogas enteógenas, puede dar lugar a experiencias de abandono del cuerpo. Además, estas estructuras participan en las conductas sexuales o agresivas, explicando que estas acompañen a la experiencia mística. El orgasmo, de hecho, produce cambios similares en las estructuras cerebrales a los éxtasis místicos.

Si la espiritualidad es innata, biológica, debería estar sujeta a la evolución cerebral, es decir, debería haber resultado beneficiosa para la supervivencia durante la evolución. El autor nos ofrece diversas posibilidades a este respecto: una de las consecuencias de la espiritualidad es la tendencia a personificar a seres inanimados, lo cual proporciona ventajas para la supervivencia. Así, ver un individuo en una roca no nos perjudica, mientras que no reconocer a un predador por confundirlo con un objeto inanimado puede ser fatal. Sin embargo, también es posible que la espiritualidad no sea más que un subproducto de la evolución, sin una función concreta. Para algunos autores, la espiritualidad no es más que un subproducto de la autoconsciencia. Pero esta explicación no hace más que aplazar el problema porque, entonces, ¿qué función adaptativa tiene la autoconsciencia?

Si bien para el autor la espiritualidad es una cualidad innata, la religión no lo es, ya que se trata de un constructo de tipo social. La religión sería una espiritualidad institucionalizada. Con frecuencia escuchamos que la religión es innata, ya que no existen sociedades humanas que carezcan de religión, pero el autor puntualiza: las sociedades animistas y chamánicas, o sociedades como la budista, no pueden considerarse religiosas, solo espirituales. Mientras la religión no puede existir sin espiritualidad, la espiritualidad es independiente de la religión, pero, además, es la fuente de esta. En cuanto a los posibles beneficios biológicos de la religión, encontramos el aumento de la cooperación en el grupo y el alivio de las tensiones internas en él.

El origen de la religión podría también deberse al impulso antropomorfizador del ser humano. La magia supone la capacidad de los humanos de manipular el mundo a voluntad; cuando esta falla surge la religión, que delega los poderes en un ser superior.

En conclusión, el profesor Rubia nos convence de que tener una mente humana no significa tener religión, pero sí poseer la capacidad de adquirirla a través de una espiritualidad innata. La espiritualidad sería, pues, la parte subjetiva de la actividad de estructuras mentales que están al servicio de la supervivencia. La única característica humana común a todos los seres espirituales que la mente humana imagina es, de hecho, que están dotados de mente.

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