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  • Mente y Cerebro
  • Julio/Agosto 2014Nº 67

Neurociencia

Prótesis más sensibles

Las extremidades artificiales ideadas para solventar las dificultades que presentan personas con amputación o parálisis son cada vez más sofisticadas. Con el fin de perfeccionar su rendimiento, se investiga el modo de dotarlas de sensibilidad.

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Desde que sufrió un infarto cerebral, Cathy Hutchinson, de 58 años, se encuentra postrada en una silla de ruedas. El accidente cerebrovascular la dejó tetrapléjica hará algo más de 17 años. Hace apenas dos, esta mujer protagonizó un experimento sorprendente: sentada en su silla, sin capacidad para moverse, con un cable colocado en la cabeza y la mirada fija en la pajita de una botella, consiguió guiar el brazo de un robot hacia la mesa, tomar con los dedos de la extremidad artificial el recipiente, levantarlo lentamente, acercárselo a la boca y sorber una pequeña parte de su contenido. Lo había conseguido: con su mente había logrado articular una prótesis robótica. Tras la hazaña no pudo más que sonreír relajada y orgullosa.

El vídeo de Hutchinson (en línea en youtu.be/ogBX18maUiM) ilustra los últimos avances que se están alcanzando en el ámbito de las prótesis de robot controladas por medio del cerebro. En los últimos 15 años, los investigadores han demostrado que ratas con electrodos implantados en el cerebro son capaces de articular un brazo robótico para que active una palanca; que monos se entretengan con un videojuegosin mover un dedo, y que una persona con tetraplejia (Hutchinson) beba de una botella. También ha experimentado un extraordinario avance el desarrollo de prótesis, las cuales en la actualidad permiten controlar todos los dedos por separado y doblar más de veinte articulaciones.

La mirada concentrada que Hutchinson mantiene durante el vídeo también revela una característica clave aún ausente en los aparatos ortopédicos. Si bien sus ojos veían dónde se encontraba el brazo artificial, no podía sentir el movimiento que estaba llevando a cabo. Ni tampoco experimentó sensaciones táctiles cuando las pinzas del robot sostenían la botella o si esta se deslizaba fuera de su alcance. Sin este tipo de información sensorial, incluso las acciones más simples pueden resultar lentas y torpes, como bien sabe Igor Spetic, de Madison. Tras perder su mano en 2010 en un accidente industrial, se le implantó una prótesis. Desde entonces, comenta, forma parte de su día a día romper piezas de vajilla, aplastar la fruta al agarrarla o, como le sucedió no hace tanto, caérsele una lata al intentar alcanzarla de la estantería de un supermercado. Percibir las sensaciones táctiles le resultaría extraordinario. «Sería como tener de nuevo la mano», señala.

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