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  • Septiembre/Octubre 2016Nº 80

Medicina

La epidemia de la miopía

Acabar con los altos índices de miopía se ha convertido en un problema sanitario a escala mundial. Un simple cambio en nuestra conducta diaria podría ser la solución.

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Los niños de Singapur viven a diario una fuerte presión académica. Después de una jornada escolar, que puede durar entre seis y ocho horas, muchos alumnos asisten a clases extraescolares en centros educativos privados y, ya en casa, trabajan hasta la noche para tener los deberes listos para el día siguiente. Con el aumento de las horas de estudio en las últimas décadas se ha incrementado también el índice de miopía en el país, hasta alcanzar proporciones epidémicas. Entre un 80 y un 90 por ciento de los recién graduados en las escuelas superiores de Singapur son miopes. Lo mismo puede decirse de China, Taiwán, Japón y Corea de Sur, países donde los alumnos pasan mucho más tiempo inclinados sobre un pupitre o sentados frente al ordenador que los jóvenes de generaciones anteriores. Las cifras crecen también en otros países desarrollados. En Estados Unidos, la prevalencia de miopía casi se ha duplicado: ha pasado del 25 por ciento en los años setenta hasta el 42 por ciento a principios de 2000.

Si continúa la tendencia actual, más de la mitad de los habitantes del mundo (hasta cuatro mil millones de personas) necesitarán gafas en 2050, prevén los investigadores del australiano Instituto de la Visión Brien Holden. Esta alarmante predicción, publicada a principios del presente año en la revista Ophtalmology, se basa en el análisis de 145 investigaciones sobre los índices de miopía en todo el mundo. «Se trata de una estadística realmente preocupante», afirma Kovin Naidoo, investigador de la visión en la Universidad de KwaZulu-Natal en Sudáfrica, quien ha participado en el estudio. «Cualquier problema de salud pública que afecte al 50 por ciento de la población resulta de vital importancia.»

El globo ocular de las personas miopes es ligeramente alargado. Esta alteración provoca que las imágenes se formen frente a la retina en lugar de hacerlo sobre ella, de manera que los objetos lejanos se perciben borrosos. Por lo común, la miopía aparece en la infancia o adolescencia y continúa progresando hasta llegar a la veintena, edad en la que los ojos completan su desarrollo.

Para la mayoría de las personas miopes, la visión clara puede restablecerse fácilmente recurriendo a lentes de contacto, gafas o cirugía. Sin embargo, en los casos graves o, como denominan los oftalmólogos, de miopía alta, los ojos continúan alargándose hasta límites peligrosos, con lo que aumenta el riesgo de desprendimiento de retina, cataratas, glaucoma u otras patologías que pueden llevar a la ceguera. El reciente estudio predice que los casos de miopía alta también aumentarán en los próximos años: de un 3 por ciento en el año 2000 ascenderán a un 10 por ciento en 2050, y unos 938 millones de afectados correrán el riesgo de perder la visión.

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