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  • Julio/Septiembre 2017Nº 89

Gastronomía

La impresión en 3D llega a la cocina

La fabricación digital abre nuevos caminos a la gastronomía personalizada.

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La fabricación de objetos tridimensionales mediante la adición de capas, o impresión en 3D, constituye una técnica cada vez más consolidada en el ámbito de la ingeniería, sobre todo en la industria de componentes [véase «¿Imprimiremos casas en el espacio?», por Joaquim Minguella Canela; Investigación y Ciencia, enero de 2015].

Otros campos de aplicación de esta técnica corresponden al diseño, la arquitectura, la joyería y, muy especialmente, la medicina. En este último ámbito, la personalización de prótesis permitirá en un futuro próximo una adaptación perfecta al paciente. Asimismo, una vez escaneadas y reproducidas, las prótesis podrán ser utilizadas para diagnosticar o para simular intervenciones quirúrgicas, lo que permitirá un entrenamiento de gran valor formativo.

También la gastronomía comienza a beneficiarse de las aplicaciones de esta técnica. Una de las primeras propuestas basadas en la impresión —si bien todavía no era en 3D— se presentó en el año 2005, en el marco del VII Congreso Lo mejor de la gastronomía, celebrado en San Sebastián. Allí, Homaro Cantú, del restaurante Moto en Chicago, propuso lo que él llamaba Hamburguesa a la brasa. Primero cocinó la hamburguesa y luego la fotografió con una cámara digital. A continuación, mediante una impresora modificada para uso alimentario, imprimió sobre un papel comestible la imagen del plato.

Un avance más se produjo en Inglaterra, donde Yu Wen Chen y Malcolm Robert Mackley, de la Universidad de Cambridge, publicaron en febrero de 2006 en Soft Matter, revista de la Real Sociedad de Química, «Chocolate flexible», un artículo de revisión en el cual demostraban que la extrusión en frío permitía obtener flexibilidad en el chocolate y, por tanto, formas tridimensionales inusuales.

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