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Actualidad científica

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  • Julio/Septiembre 2016Nº 85

Biología

¿Convivimos con microorganismos alienígenos?

Quizá la vida haya brotado en la Tierra más de una vez. Ha comenzado la búsqueda de microorganismos radicalmente inéditos.

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El origen de la vida constituye uno de los grandes problemas científicos sin resolver. Se ignora de qué forma, dónde y cuándo apareció la vida. Todo cuanto se sabe es que la vida microbiana se había establecido en la Tierra hace unos 3500 millones de años. Sin pruebas de lo ocurrido con anterioridad, hay lugar sobrado para la disensión.

Hace treinta años, la opinión prevaleciente entre los biólogos era que la vida resultó de una casualidad química tan improbable que sería increíble que se hubiera producido dos veces en el universo observable. Esa posición conservadora fue la apadrinada por Jacques Monod, premio nóbel, quien en 1970 escribía: «El hombre sabe, al fin, que se encuentra solo en la fría inmensidad de un universo del que surgió tan solo por azar». Pero en años más recientes, esa concepción ha dado un giro impresionante. Ya en 1995, Christian de Duve afirmaba que la vida constituye «un imperativo cósmico» y añadía que «es casi forzoso que surja» en cualquier planeta semejante a la Tierra. Esa manifestación de De Duve vino a reforzar la convicción de los astrobiólogos: que el universo rezuma vida. Tal teoría, que Robert Shapiro, de la Universidad de Nueva York, ha dado en llamar determinismo biológico, suele enunciarse diciendo que «la vida se halla inscrita en las leyes de la naturaleza».

¿Cómo determinar cuál de esas concepciones es correcta? El método más directo consistiría en buscar pruebas de vida en otros planetas; en Marte, por ejemplo. Si la vida hubiera surgido de la nada en dos planetas de un mismo sistema solar, se tendría una confirmación decisiva para la hipótesis del determinismo biológico. Desdichadamente, puede transcurrir mucho tiempo antes de que las misiones al Planeta Rojo adquieran la complejidad necesaria para salir de caza de formas de vida marcianas y, en caso de que existan, para estudiar con detalle tal biota extraterrestre.

Sin embargo, puede que exista otra forma, más sencilla, de verificar el determinismo biológico. Ningún planeta se asemeja más a la Tierra que la Tierra misma; por consiguiente, de ser cierto que la vida surge con facilidad en condiciones terrenas, tal vez haya nacido más de una vez en nuestro planeta. Animados por esa posibilidad, los expertos han empezado a escudriñar desiertos, lagos y cavernas en busca de indicios de vida «alienígena», de seres ajenos, es decir, organismos que se diferencien en aspectos fundamentales de todos los seres vivos conocidos, por haber tenido un origen totalmente independiente. De existir, tales organismos serán, con toda probabilidad, microscópicos; por ello se están diseñando experimentos para la identificación de microorganismos exóticos que pudieran hallarse entre nosotros.

Aunque carecemos de una definición indiscutible de la vida, nadie cuestionaría que dos de las propiedades que la caracterizan son la capacidad metabólica (extracción de nutrientes del medio, conversión de los nutrientes en energía y excreción de productos residuales y desechos) y la capacidad reproductora. La teoría ortodoxa de la biogénesis sostiene que, si la vida se originó sobre la Tierra más de una vez, una de sus formas habría predominado y eliminado a las restantes.

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