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  • Julio/Septiembre 2016Nº 85

Biología

Microorganismos halófilos

La investigación sobre los microorganismos que medran en medios salinos ahonda en los caracteres unificadores de la vida y los secretos moleculares de la supervivencia en condiciones extremas.

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Visto desde el aire, el entramado irregular de estanques de evaporación que se extiende al sur de la bahía de San Francisco en California parece un caleidoscopio de rojos y púrpuras. Esos colores se deben a la presencia de organismos unicelulares, extraños microorganismos que medran en soluciones salinas concentradas. Tales condiciones extremas matan a cualquier forma de vida del planeta, salvo a las arqueas halófilas. Estas pertenecen a un antiguo reino que ya existía antes de que la Tierra tuviera una atmósfera aeróbica. Un gran número de arqueas se desarrollan en condiciones extremas (temperatura de ebullición, radiaciones letales, desecación casi absoluta); de ahí que se las denomine «extremófilas».

Nuestro concepto, humano, de la vida se halla condicionado por la biosfera «visible»: ambientes terrestres templados y acuáticos marinos o de agua dulce. Pero el repertorio de formas de vida microscópicas que alberga una sola gota de salmuera desafía esa noción. A diferencia de los extremófilos adaptados a una sola condición extrema, las haloarqueas disfrutan de un metabolismo versátil. Crecen en aerobiosis (con oxígeno), anaerobiosis (en ausencia de oxígeno) o como fototrofos (mediante energía luminosa); se adaptan a fluctuaciones de temperatura, pH y concentración de iones metálicos. Se las encuentra en marismas anaeróbicas, fuentes hidrotermales, permafrost antártico, salmueras subterráneas o en el subsuelo marino.

La principal dificultad técnica que entraña el estudio de la mayoría de las especies de arqueas estriba en la recreación, en el laboratorio, de las condiciones extremas que requieren. Las arqueas halófilas, en cambio, son fáciles de cultivar; los microbiólogos las han utilizado en experimentos de genética, fisiología y biología molecular. Las haloarqueas crecen mejor en condiciones de hipersalinidad: desde un poco mayor que la del agua de mar hasta la de salmuera casi saturada. Esos atributos, asociados a los datos genómicos disponibles y a técnicas de manipulación molecular, las han elevado al estatuto de organismos «modelo» para el estudio de otros extremófilos (otras arqueas incluidas) y organismos superiores.

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