El domingo va a ser la primera vez en la historia que podamos ver los 360 grados de una estrella. Esa estrella es obviamente el Sol, la más cercana. Es la primera vez que podremos ver toda la superficie de uno de los miles de millones de colosos de gas que hay repartidos en nuestra galaxia y por todo el universo y que siempre se nos han presentado tan distantes y planos. Astronomía y exploración espacial en 3D.

Se lo comentaba a un amigo amante de la ciencia, esperando encontrar complicidad y entusiasmo, esa sintonía que pueden encontrar dos personas al contemplar una imagen o un concepto de belleza o magnitud tal que no requiere mayor explicación. Y sin embargo, me encontré con un sorprendentemente frío y escéptico "¿y qué?". Respuesta que me dejó anonadado. La pregunta, retórica, venía a decir: "¿no hemos visto ya millones de estrellas, encontrado cientos de planetas nuevos y posado sondas en los que ya conocíamos? ¿tampoco es para tanto no?". ¿Puede ser verdad? ¿Realmente la exploración espacial llevada a cabo en los últimos cincuenta años ha sido tal que hemos limitado nuestra capacidad de sorpresa? Sí, puede ser. El continuo flujo de información y noticias también hace más difícil la reflexión sobre la trascendencia de algunas de ellas, más allá del titular.

El momento con este amigo se lo llevó la tarde y la sorpresa me dejó sin respuesta, pero me motivó a escribir sobre ello. Los humanos somos una especie surgida hace unas decenas de miles de años, fracciones en la vida de esa estrella. Evolucionamos hasta tener las inquietudes suficientes para explorar el mundo que nos rodeaba por el mero hecho de hacerlo. Por ver allá donde la vista no llegaba. La exploración nos ha llevado hasta prácticamente todos los confines del planeta. Y una vez la tecnología lo ha permitido, más allá. La Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Néptuno, cometas, asteroides y en breve el planeta enano Plutón, todos han recibido la visita de una nao Santa María del siglo XX o XXI, sin grumete, pero con cientos de ojos digitales a bordo. Las sondas Voyager las recordamos todos, por Carl Sagan quizás. En continuo viaje desde 1977, se encaminan ahora hacia el espacio interestelar, literalmente el espacio entre las estrellas, la nuestra y el resto.

Y sin embargo, el Sol seguía siendo para nosotros un disco, una esfera proyectada en el plano del cielo por la perspectiva de verla  a 150 millones de kilómetros. Y no podíamos ver qué ocurría detrás, en su cara oculta. Este domingo, los satélites STEREO de la NASA pondrán por fin volumen al Sol y, por tanto, también a nuestra exploración del Sistema Solar. En realidad ya lo estaban haciendo poco a poco desde hace meses, pero el domingo es el día en que veremos el disco en su totalidad. En términos cinematográficos, equivalente a lo que supuso para el cine la famosa escena de "The Matrix" en la que se congela un instante de tiempo y vemos a Neo (Keanu Reeves) esquivando la bala desde todos los ángulos, como espectadores imposibles.

     

En el caso del Sol, serán tres los puntos de vista diferentes: la Tierra y cada uno de los dos satélites STEREO. Llamados A y B: Ahead y Behind, delante y detrás en inglés. Estos satélites fueron lanzados por NASA en octubre de 2006. Alojados en el mismo cohete, se separaron siguiendo trayectorias ligeramente diferentes, de tal manera que acabaran por delante (A) y por detrás (B) de la Tierra en su órbita alrededor del Sol. Esta simulación muestra cómo es el proceso de separación. Es un mecanismo muy sencillo. A fue puesto un poco más cerca del Sol que la Tierra y B un poco más lejos. Al recorrer menos distancia que la Tierra en su paseo anual alrededor del Sol, A tarda menos y se adelanta. B, justo al contrario, tarda más y se retrasa. El resultado es que cuatro años y medio después, el adelanto y retraso es tal, que A y B observan caras opuestas del Sol mientras desde la Tierra tenemos una visión intermedia, tal y como se ve en el gráfico.

   

Y el resultado de combinar las dos imágenes que nos proporcionan A y B es esta imagen única, inaccesible antes, de la esfera completa del Sol. O casi completa. Queda una pequeña fracción que será completada en las próximas horas.

Spherical Sun

Muchos estaréis ahora levantando la mano y diciendo: "Oye, de todas formas, ya podemos ver
toda la esfera del Sol. El Sol rota sobre sí mismo y la Tierra alrededor. Si esperamos el tiempo suficiente, podemos ver toda la superficie." Cierto, pero no instantáneamente, el Sol tarda 28 días en girar sobre sí mismo y la Tierra 365 en darle la vuelta. Y el Sol está en continuo cambio. ¿Qué pasa con todo aquello que ocurre en escalas de tiempo más cortas? No lo vemos. Además, el Sol produce erupciones de manera frecuente, algunas de ellas en dirección a la Tierra afectando nuestro entorno. Hasta ahora nos teníamos que conformar con "verlas venir". Igual que en el caso de Neo, que sólo puede ver venir la bala, pero el espectador imposible ve el recorrido completo desde un costado, con STEREO podremos ver esas erupciones salir del Sol y llegar hasta la Tierra. De hecho, lo venimos haciendo desde hace unos meses. Ahora, podremos además investigar con detalles las condiciones que dan lugar a ellas. Las manchas solares son regiones en las que el magnetismo del Sol se manifiesta de forma intensa. No son permanentes. Emergen en la superficie, se desarrollan y con el tiempo acaban desintegrándose. Ese proceso puede llevar días o meses y genera en ocasiones unas tensiones y fuerzas magnéticas tan grandes, que llegado el momento se liberan de forma explosiva. Y ahí está la clave. Hasta la llegada de STEREO sólo podíamos ver 14 días de vida de una mancha solar, lo que tarda en rotar por toda la cara visible. Los otros 14 días en la cara oculta resultaban invisibles, y por tanto, los procesos que dan lugar a la erupción más difíciles de estudiar y comprender.

Ahora veremos todo, todo el tiempo y eso, científicamente, es fundamental porque elimina el factor suerte de tener que estar observando en el momento adecuado. Veremos nacer las manchas solares en la cara oculta del Sol y podremos anticipar su aparición en el lado visible para la Tierra, cuando estas manchas se convierten en amenazas para este mundo nuestro tan dependiente de las tecnologías. Entender nuestro entorno dentro de esta masiva influencia que es el Sol para nosotros, ahora estará un poquito más cerca.
Ignacio Ugarte Urra
Ignacio Ugarte Urra

Licenciado en Astrofísica por la Universidad de La Laguna y doctor en Física Solar por la Queen's University Belfast. Trabaja como profesor asociado de la facultad de ciencias de la Universidad George Mason, situada a las afueras de Washington, DC (Estados Unidos). Es miembro del equipo encargado de las operaciones del instrumento Extreme-ultraviolet Imager Spectrometer a bordo del satélite Hinode.

Su investigación está centrada en el estudio de los procesos de calentamiento de la atmósfera solar y de los mecanismos de iniciación de las erupciones solares.

Sobre este blog

El Sol transmite un sentido de inevitabilidad. Fiel y viejo amigo, imperturbable, constante, puntual, hasta tal punto que nos pasa desapercibido. ¿Qué secretos esconde nuestra estrella?
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