Sí, posiblemente ya hayamos leido en prensa sobre el asteroide que nos ocupa pero, entre los medios alarmistas y la total ausencia de riesgo, hay un punto medio que debe hacernos reflexionar. Los asteroides próximos a la Tierra, también conocidos por su acrónimo NEA, son aquellos que se mueven en torno a nuestro planeta. Los ciudadanos tenemos derecho a recibir una información contrastada de calidad pero, sin embargo, asistimos a que una mayoría de medios caen en el sensacionalismo sin contar con la opinión de los expertos. Este tema los requiere: el peligro de impacto de asteroides con la Tierra ejemplifica el divorcio cada vez más preocupante entre los medios y los científicos que, salvo excepciones, o bien crea alarma innecesaria o bien demasiado sosiego. Afortunadamente disponemos a nivel europeo de una Oficina de Coordinación del Riesgo por NEAs de la Agencia Europea del Espacio (ESA) que puede mantenernos informados sin el sesgo mediático. Con esta nueva entrada pretendo explicar de manera clara la relevancia de ganar conciencia colectiva sobre los encuentros con grandes asteroides como (7482) 1994 PC1, un asteroide potencialmente peligroso de tamaño kilométrico que acecha nuestro planeta. Dada la masa y la velocidad que le confiere la geometría de este encuentro, este asteroide podría hacernos cambiar de era: impactando la Tierra con una energía superior a los 10.000 megatones de TNT.

 

Figura 1. Número de asteroides en función del año de descubrimiento. Puede encontrarse como gráfica interactiva en el <a href="https://cneos.jpl.nasa.gov/stats/totals.html" target="_blank">Center for NEO Studies</a> (CNEOS/JPL)

ASÍ EMPEZÓ TODO: EL PROGRAMA SPACEGUARD

Es cierto que conocemos la mayoría de objetos de tamaño kilométrico que acechan a la Tierra. Este hito se ha conseguido en los últimos 30 años gracias a un esfuerzo internacional liderado por los Estados Unidos. De hecho, resultó clave la publicación del Spaceguard Survey Report (Morrison, 1992). Ese trabajo fue motivado por una solicitud que recibió NASA desde el Congreso de los Estados Unidos para localizar el 90% de los NEA de más de un kilómetro en el máximo de una década. Fruto de ese esfuerzo hoy podemos decir que ya conocemos más del 99% de esos asteroides que acechan nuestro planeta. Desde ese momento en los años noventa del pasado siglo comenzamos a descubrir miles de asteroides próximos a la Tierra y a darnos cuenta de que realmente es un peligro latente que acecha a nuestra civilización. Fue un punto de inflexión puesto que el gobierno de los Estados Unidos comenzó la financiación de los programas de descubrimiento y seguimiento de los objetos próximos a la Tierra, conocidos como NEOs (acrónimo de Near Earth Object). 

Quizás ese reto Spaceguard nunca se hubiese planteado sin una importante baza que no teníamos pocas décadas antes: las cámaras CCD (acrónimo de Charge Coupled Devices). Esas modernas cámaras digitales comenzaron a aplicarse de manera determinada para estudios astronómicos y son capaces de captar de manera extraordinariamente eficiente la luz reflejadas en estos distantes, oscuros y esquivos cuerpos. El astrónomo norteamericano Tom Gehrels descubrió por vez primera un NEO en 1989 usando una cámara CCD. Hasta aquel momento sólo conocíamos poco más de un centenar pero con esa nueva aplicación y la búsqueda intensificada hemos conseguido que la frecuencia de descubrimientos crezca de manera casi exponencial (Figura 1). El tremendo esfuerzo observacional vió la aparición de nuevos programas de seguimiento que permitieron cumplir el objetivo en 2017.  Descubiertos el el 90% de los NEA de tamaño km, estos programas ya automatizados al máximo intentan hallar el 90% de la población de objetos con diámetro mayor de 140 metros. 

El objeto que nos ocupa se aproxima a menos de 1,9 millones de kilómetros en los próximos días, una distancia que no debe preocuparnos pero que ejemplifica su capacidad de complicarnos la existencia. La Figura 2 muestra el encuentro cercano que tendrá lugar el 19 de enero de 2022 pero vamos a ver lo que podemos aprender de estudiar astrométricamente sus movimientos.

 

 

 

Figura 2. Encuentro entre el asteroide Apolo 7482 y la Tierra el 19 de enero de 2022. Una órbita interactiva está <a href="https://ssd.jpl.nasa.gov/tools/sbdb_lookup.html#/?sstr=7482&amp;view=VOP" target="_blank">disponible aquí</a> (CNEOS/JPL) 

EL ENCUENTRO CON EL ASTEROIDE 7482 1994 PC1

Denominamos asteroides próximos a la Tierra a aquellos que poseen distancias al perihelio inferiores a 1,3 U.A. (unidades astronómicas). Entre ellos distinguimos varios tipos, dependiendo de las características de su órbita. El que nos ocupa, catalogado por el Minor Planet Center (MPC) como 7482, se trata de un asteroide Apolo. Se trata de un subgrupo de NEA cuya órbita cumple que el eje mayor de su órbita es mayor que la distancia media del Sol a la Tierra (a > 1,0 UA) y, por otro lado, cuya distancia al perihelio sea inferior a ella (concretamente: q < 1,02 UA). Es el grupo más numeroso dado que alrededor del 62 % de los NEA identificados hasta ahora se encuentran dentro de esta categoría. Obviamente, cada asteroide sigue una órbita diferente alrededor del Sol, más o menos inclinada sobre el llamado plano de la eclíptica y con un periodo de revolución diferente dependiendo de los excéntrica que sea la órbita. 

El objeto será difícil de observar dado que se mueve a una velocidad angular importante: unos 120 segundos de arco por minuto. Por ello, debe planificarse su observación con cartas del cielo adecuadas, conociendo las constelaciones entre las cuales se moverá (Figura 3). Para calcular su trayectoria podemos emplear la página de cálculo de efemérides del MPC, indicando en la casilla correspondiente el número de catálogo del asteroide y las coordenadas desde donde observamos. Al final de este artículo facilito la trayectoria para el Observatorio del Montseny (B06) desde donde seguiré el encuentro. 

Figura 3. A título orientativo, véase el movimiento aparente del asteroide 7482 sobre las constelaciones la noche del 18-19 de enero, indicando la posición cada dos horas en Tiempo Universal Coordinado (añádase una hora para la hora local peninsular). Una carta mucho más detallada será precisa para poder distinguirlo entre las estrellas de fondo (J.M. Trigo/CSIC-IEEC)

INTENTANDO LA OBSERVACIÓN DEL ASTEROIDE 7482

Para satisfacer la curiosidad de muchos, al menos aquellos que tengan cierta soltura a apuntar un telescopio al cielo, no estaría de más plantearnos la observación de este asteroide. Si hemos seguido las indicaciones anteriores y disponemos de un lugar relativamente oscuro, toda vez que ya conozcamos su trayectoria aparente desde nuestra ubicación en coordenadas ecuatoriales, podríamos  planificar el mejor momento desde nuestra ubicación. Dado que las espectactivas meteorológicas pintan bastante bien, escojamos algún momento en que el asteroide cruce relativamente cerca de una estrella brillante que nos resulte más fácil de localizar. Fijémonos que, si aceptamos el reto, podremos emplear telescopios relativamente pequeños dado que alcanzará una magnitud +9, más débil de la que podemos ver a simple vista pero ciertamente observable con un telescopio. Particularmente, para facilitar el seguimiento o incluso la fotografía del asteroide, recomendaría telescopios con una buena montura ecuatorial y dotados de motores de seguimiento, mínimo de unos 8-10 cm de diámetro (sea lente o espejo). Hay quien, incluso, se atrevería con unos prismáticos grandes (p.e. 10x50) y un buen trípode. 

Figura 4. Frecuencia de impacto de asteroides contra la Tierra (Figura actualizada y adaptada de La Vanguardia)

EL PELIGRO DE IMPACTO POR ASTEROIDES 

En base al estudio computacional de estas aproximaciones, el estudio de la frecuencia de impacto de meteoroides y pequeños asteroides y, además, la evidencia que podemos extraer de impactos en la historia de nuestro planeta, se ha podido cuantificar las frecuencias de impacto con asteroides próximos a la Tierra (Trigo-Rodríguez, 2022). Obviamente, cuanto mayor sea el tamaño del objeto, mucho menor es la probabilidad de impactar contra la Tierra como podemos ver en la Figura 4. Los descubrimientos indican que existen muchos menos objetos grandes que pequeños, siguiendo una ley de potencias. Un asteroide de las dimensiones de 7482 tendría lugar por término medio cada millón de años. Ya estaríamos hablando de un impacto devastador, capaz de destruir nuestra civilización por los efectos sobre la biosfera. La colisión con asteroides mucho más grandes es muy rara. Por ejemplo, el impacto de un asteroide con un diámetro diez veces mayor al que nos visita, como el que produjo el cráter de Chicxulub y que dió lugar a la extinción de los dinosaurios entre otras especies, suele ocurrir cada 100 Ma.

 

No podemos cesar de aprender sobre estos objetos rocosos y metalorrocosos que nos acechan. Desde el Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC-IEEC) venimos liderando toda una serie de experimentos para comprender su composición y propiedades (Moyano-Cambero et al., 2018; Tanbakouei et al., 2019). A nivel internacional precisamente este año llevaremos a cabo la primera prueba in situ para realizar la deflexión de un asteroide. Esa misión de NASA se llama Double Asteroid Redirection Test, o simplemente DART, por su acrónimo. Vamos a poner en práctica nuestra capacidad de desviar asteroides mediante la técnica del impactador cinético. Nuestro objetivo es un asteroide binario catalogado como 65803 Didymos. DART impactará a 6.6 km/s no su cuerpo central de 780 metros sino su satélite Dimorphos, dotado de unos 160 m de diámetro. Con ello esperamos probar la eficiencia en la transferencia de momento de un proyectil contra un asteroide, algo que ya hubiesen querido poder intentar los dinosaurios. 

BIBLIOGRAFÍA

Morrison D. (1992) The Spaceguard survey. Report of the NASA International Near-Earth-Object Detection Workshop.

Moyano-Cambero C.E., Pellicer E., Trigo-Rodríguez J.M., Williams I.P, Blum J., Michel P., Küppers M., Martínez-Jiménez M., Lloro I., and Sort J. (2017) "Nanoindenting the Chelyabinsk Meteorite to Learn about Impact Deflection Effects in asteroids", Astrophysical Journal 835, article id.157, 9 pp.

Tanbakouei S., Trigo-Rodríguez J.M., Sort, J., Michel, P., Blum, J., Nakamura, T. and Williams, I. (2019) Mechanical properties of particles from the surface of asteroid 25143 Itokawa, Astronomy & Astrophysics 669, A119, doi: https://doi.org/10.1051/0004-6361/201935380, 5 pp.

Trigo-Rodríguez, J.M. (2022) Asteroid Impact Risk, Springer, in press.

RECURSOS EN LÍNEA

ESA's Near-Earth Object Coordination Centre, Planetary Defence

Center for NEO Studies, Jet Propulsion Laboratory (JPL).

 

Efemérides para la trayectoria del asteroide la noche del 18-19 de enero (MPC)

Josep M. Trigo-Rodríguez
Josep M. Trigo-Rodríguez

Científico titular del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC) y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC), e I.P. del Grupo de Meteoritos, Cuerpos menores y Ciencias Planetarias del ICE-CSIC. Entre 2003 y 2005 fue postdoc del Instituto of Geofísica y Física Planetaria de UCLA. Tras la publicación de más de medio centenar de artículos arbitrados sobre los cuerpos menores del Sistema Solar y más de una decena de libros, el Minor Planet Center catalogó un asteroide en su honor con el nombre: 8325 Trigo-Rodríguez.

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Asteroides, cometas y planetas nos proporcionan meteoritos: muestras únicas e irrepetibles llegadas desde lejanos rincones del Sistema Solar. Sus materiales son auténticos fósiles de la creación y datan procesos acaecidos hace miles de millones de años. Acompañadme en este viaje hacia los orígenes...

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