Un enjambre meteórico generado por la emisión de partículas desde un cometa (J. Dergham y J. M. Trigo/CSIC-IEEC)

Los cometas son cuerpos helados procedentes de las regiones externas del Sistema Solar, cuyos diámetros van desde pocos kilómetros hasta decenas de km, que están formados por agregados porosos que incluyen pequeños minerales, hielos y materia orgánica. En sus múltiples pasos en la proximidad del Sol, punto de su órbita conocido como perihelio, pierden masa por la sublimación de sus hielos y lanzan al espacio interplanetario partículas de polvo que conforman los llamados enjambres de meteoros. Los cometas periódicos suelen llenar el interior de sus órbitas de auténticos escombros en cada uno de esos pasos. De ese modo, el cometa 109P/Swift-Tuttle ha acabado generando una de las corrientes más vistosas: las Perseidas. 

El radiante de una lluvia de meteoros es consecuencia de la perspectiva en que observamos la entrada de las partículas a la atmósfera terrestre (Trigo-Rodríguez, 1993)

Observar una lluvia de meteoros sólo requiere de nuestros ojos y de identificar correctamente qué meteoros proceden del radiante, situado en la constelación de Perseo. Dado que desde la superfície terrestre observamos los meteoros de un mismo enjambre penetrando desde órbitas casi paralelas, el efecto de perspectiva hace que  procedan de una misma región del firmamento conocida como radiante. Los meteoros que no surgen de esa región de la constelación de Perseo no serán Perseidas y, de manera simplificada, pueden ser contabilizadas como esporádicos aunque algunas procedan de otros radiantes meteóricos (véase Fig. 2).

 

El bólido Vall d'Alba (SPMN130893) fue una Perseida que alcanzó una luminosidad cercana a la Luna. Ocurrió el 13 de agosto de 1993 sobre Castelló, coincidiendo con el paso de la Tierra por una región densa y relativamente más joven de partículas del cometa 109P tras su retorno en 1992 (J.M. Trigo/CSIC-IEEC). 

Las Perseidas producen meteoros muy vistosos pero en realidad su origen es la ablación en la atmósfera de partículas diminutas que generan una columna de gas ionizado que emite la luz que percibimos (Trigo-Rodríguez, 2019). La razón de su vistosidad no es precisamente su tamaño ni su masa, dado que suelen ser producidas por partículas submilimétricas. Parte de la vistosidad procede de que la geometría orbital hace que las partículas del cometa se encuentren a la Tierra a una velocidad relativa de unos 60 km/s, es decir, a unos 216.000 km/h. A esa velocidad partículas sumamente pequeñas ya producen meteoros visibles a simple vista. Obviamente, existen partículas de tamaño centimétrico que generan meteoros mucho más luminosos, dentro de la categoría de bólido o bola de fuego si su luminosidad iguala o supera la del planeta Júpiter. Sin embargo esas son bastante más raras dado que en el espacio interplanetario suelen ir fragmentándose por colisiones o por la degradación de su estructura arracimada en un medio que les resulta sumamente adverso. Por todo ello, si deseamos fotografiarlas debemos escoger grandes angulares y exposición prolongada usando un trípode. Escojamos una zona a media altura y a unos 45º del radiante, evitando la Luna.

El radiante de las Perseidas revelado en 2004 por cámaras de vídeo (Trigo-Rodríguez et al., 2005)

Vemos Perseidas todas las noches pero la región más densa es atravesada en torno al 12 de agosto. Este año el máximo se espera durante la tarde (sobre las 16-17h CET) y, por tanto, será más favorable para ser observado desde América del Norte. En cualquier caso, podremos llegar a ver varias decenas de meteoros a la hora en la madrugada del día 12, siendo más favorable justo antes del amanecer. También el atardecer del 12 de agosto podrá ir acompañado de Perseidas rozadoras muy luminosas. Para contemplarlas y fotografiarlas, busquemos un entorno rural, sin obstáculos y poco iluminado. Si no tenemos más remedio que observarlas desde una ciudad busquemos una azotea y escojamos un punto alto, evitando la contaminación luminosa de farolas o luminarias.

Pese a la visión errónea de ciertas películas, para contemplar una lluvia de meteoros sólo necesitaremos nuestros ojos y quizás una cámara fotográfica capaz de hacer larga exposición de manera ininterrumpida. Básicamente es como jugar a la lotería, dada la imprevisibilidad del fenómeno. Podemos usar una esterilla o una tumbona cómoda y una linterna modificada para producir luz roja y lo más atenuada posible si deseamos tomar notas. Desde nuestras latitudes debemos fijarnos en un punto a media altura sobre el SE ó NW, evitando tener la Luna o cualquier otra fuente lumínica en nuestro campo de visión.

Desde Latinoamérica debería esperarse a que el radiante haya salido por el horizonte NE y fijar algún punto a su alrededor. Si conocemos las constelaciones, intentemos mirar a una cierta distancia del radiante, quizás hacia las constelaciones de Dragón-Cefeo o de Pegaso-Acuario en donde alcanzaremos a monitorizar un mayor volumen de atmósfera. Para contabilizar la actividad pueden contar el número de Perseidas procurando no distraerse y sin obstáculos en el campo de visión. Si deseamos contribuir a su estudio científico deberemos estimar la denominada Magnitud Límite Estelar (MALE) y las coordenadas geográficas de nuestro lugar de observación. La MALE se estima contando el número de estrellas que vemos en determinadas áreas estelares que encontraremos aquí (procuremos fijar la medición en alguno de los que se encuentren como mínimo a media altura sobre el horizonte, a más de 40º). Tras la observación lo enviaríamos a través del formulario electrónico de la International Meteor Organization (IMO).

¡Mucha suerte y a disfrutarlas!

BIBLIOGRAFIA

Trigo-Rodríguez J.M., (1996) Meteoros: Fragmentos de cometas y asteroides. Editado por Equipo Sirius, Madrid. ISBN: 84-86639-81-6, 371 pág.

Trigo-Rodríguez J.M. (2002) Análisis espectroscópico de fragmentos cometarios y asteroidales a su entrada a la atmósfera terrestre. Tesis doctoral, Publ. Univ. Valencia, accesible online: http://hdl.handle.net/10803/9481

Trigo-Rodríguez J.M. (2019) The flux of meteoroids over time: meteor emission spectroscopy and the delivery of volatiles and chondritic materials to Earth. In "Hypersonic Meteoroid Entry Physics", Colonna G., Capitelli M. and Laricchiuta A. (eds.), Institute of Physics Publishing, IOP Series in Plasma Physics, pp. 4-1/4-23. Online ISBN: 978-0-7503-1668-2.

Trigo-Rodríguez J.M. et al. (2005) Orbital Elements of 2004 Perseid Meteoroids Perturbed by Jupiter, Earth Moon and Planets 97, pp. 269-278.

 

 

Josep M. Trigo-Rodríguez
Josep M. Trigo-Rodríguez

Científico titular del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC) y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC), e I.P. del Grupo de Meteoritos, Cuerpos menores y Ciencias Planetarias del ICE-CSIC. Entre 2003 y 2005 fue postdoc del Instituto of Geofísica y Física Planetaria de UCLA. Tras la publicación de más de medio centenar de artículos arbitrados sobre los cuerpos menores del Sistema Solar y más de una decena de libros, el Minor Planet Center catalogó un asteroide en su honor con el nombre: 8325 Trigo-Rodríguez.

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Asteroides, cometas y planetas nos proporcionan meteoritos: muestras únicas e irrepetibles llegadas desde lejanos rincones del Sistema Solar. Sus materiales son auténticos fósiles de la creación y datan procesos acaecidos hace miles de millones de años. Acompañadme en este viaje hacia los orígenes...

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