Termina un año extraño e inusual marcado globalmente por la pandemia en todos sus aspectos. Un año en el que, aunque hemos intentado hacer todo lo posible por actuar con normalidad y seguir con nuestras actividades cotidianas, el coronavirus se ha empeñado en evitarlo y nos ha obligado a seguir normas estrictas, establecer confinamientos, aplazar e incluso paralizar viajes e iniciativas en marcha y actuar con la precaución requerida para afrontar una crisis sanitaria como la que aún estamos viviendo.

Sin embargo, aún así, a pesar de todas estas dificultades, 2020 ha sido --por poner tres ejemplos concretos en relación con la investigación y exploración espacial (Luna, asteroides y Marte)--, extraordinariamente interesante en el ámbito de la geología planetaria.

Los geólogos, en la Tierra, sabemos valorar el terreno que pisamos. Analizamos sus características, su mineralogía, su petrología y su geoquímica. A través de estos estudios, comprendemos cómo ha sido su origen y evolución y extrapolamos y desarrollamos modelos con estos resultados que nos ayudan, cuando como geólogos planetarios nos trasladamos a otros mundos, a comprender lo que allí ocurrió. También identificamos y realizamos estimaciones sobre aquellos minerales y elementos y afloramientos geológicos que puedan resultar de utilidad como recursos y materias primas para nuestro día a día y que, casi sin darnos cuenta, en nuestro planeta ya forman parte de nuestro contexto vital.

2020 ha supuesto en el ámbito de las misiones espaciales un año en el que se está revitalizando el interés por lo que pisamos, siendo más rigurosos por lo que pisaremos. En más de una ocasión he comentado que --salvo que tenga lugar un descubrimiento extraordinario en el campo de la ingeniería aeroespacial--, nuestras limitaciones y la duración de los viajes espaciales harán que nos ciñamos, al menos en el próximo medio siglo, al denominado Espacio Cercano a la Tierra (Near Earth Space). Ello cubre básicamente la Luna, Marte y los asteroides. Estos son los lugares donde podremos trabajar como humanos, pisando el terreno rocoso (incluyendo de manera general regolito, roca y metal) al que estamos acostumbrados y aplicando, con las restricciones obvias, la ciencia y la tecnología que venimos desarrollando. En la actualidad, no solo estamos recibiendo muestras extraterrestres de suelo y rocas de la Luna y asteroides, sino que estamos planteando traerlas también de Marte en misiones futuras, no muy lejanas en el tiempo, curiosamente con nuevos actores y protagonistas en el campo del espacio, como China y Japón, que se han incorporado a la frontera de estas investigaciones vanguardistas casi sin ser conscientes de que ya están ahí.

Así, en 2020, por primera vez desde hace decenios, hemos recuperado y traído a la Tierra muestras de la Luna gracias a la misión china Chang'e 5, la misión de la NASA OSIRIS-REx ha tenido aparentemente éxito muestreando el asteroide Bennu y, por primera vez, gracias a la misión japonesa Hayabusa2 disponemos de muestras de un asteroide (Ryugu). A esto hay que unir que hay tres misiones, de la NASA, de China y de Emiratos Árabes Unidos, que han partido con destino al planeta rojo y que, concretamente una de ellas, la primera, será crucial en cuanto a sus objetivos para traer, en el futuro, muestras de Marte a la Tierra.

Sí, aunque muchos no puedan o no quieran apreciarlo, nos estamos dando cuenta de que la Geología importa y que es fundamental conocer y comprender cómo es el terreno que pisaremos cuando estemos en la Luna, en Marte o en los asteroides. No es casual que a los rovers marcianos los llamen rovers geólogos o que cerca del 80% de los miembros de sus equipos científicos seamos geólogos.

No muy lejos en el tiempo, el Espacio Cercano a la Tierra será otro lugar en el que habitaremos de manera más o menos permanente y en el que, al igual que en la Tierra, deberemos ser capaces de reconocer e inspeccionar qué nos proporciona y qué podemos aprender de su geología y sus recursos para poder subsistir. Teresa Guerrero lo resumía muy bien recientemente en un excelente artículo de divulgación científica:

Así es la nueva carrera espacial: traer rocas extraterrestres a la Tierra. Las potencias espaciales compiten ahora por obtener recursos de otros mundos con fines científicos, pero también estratégicos y económicos.

Si desde nuestro planeta miramos al cielo y observamos la maravilla del cosmos, una vez que salimos de la Tierra y pisamos otro cuerpo planetario, se abren nuevas perspectivas y también tendremos que mirar al suelo, fijándonos en su geología y en el terreno que pisamos. De hecho, ya estamos haciéndolo de manera robótica gracias a las sondas y a las misiones que, como si fueran avanzadillas de nuestra futura migración humana hacia el espacio, nos van proporcionando información crucial sobre ello.

 

Jesús Martínez Frías
Jesús Martínez Frías

Experto en Meteoritos, Geología Planetaria y Astrobiología en el IGEO (CSIC-UCM) y Profesor Honorífico (Ingeniería Aeroespacial) de la UC3M. Presidente de la Red Española de Planetología y Astrobiología. Miembro de misiones NASA y ESA e instructor de astronautas ESA-PANGAEA en el Geoparque UNESCO de Lanzarote. Preside la IAGETH; ha sido profesor en varias universidades y ha publicado 11 libros y más de 300 artículos. Miembro del Consejo Asesor de la Fundación Gadea Ciencia. Académico de la Academia de Ciencias, Ingenierías y Humanidades de Lanzarote. Cuenta con 2 premios de NASA y 5 de la ESA.

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Si te gusta la naturaleza, el universo y la vida, aquí encontrarás información sobre planetología y astrobiología. Adéntrate en el sistema solar, la materia primigenia y los procesos geobiológicos relacionados con el origen de la Tierra y la vida, su evolución y búsqueda más allá de nuestro planeta.

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