No, New Horizons no hará que Plutón vuelva a ser un planeta

09/07/2015 4 comentarios
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En días de excitación por la llegada de la sonda New Horizons a Plutón, algunos empiezan a pensar que la renovada popularidad del planeta enano podría devolverle la membrecía perdida en el exclusivo club de planetas del sistema solar. Pero no es así. Ni el cubrimiento mediático o unas bonitas fotos tomadas en los confines delsistema solar, servirán para resolver el intenso debate sobre qué es un planeta. Aprovecho la emoción del momento para discutir (otra vez) este delicado asunto.

La última imagen de Plutón tomada por la New Horizons a menos de una semana de su histórico sobrevuelo. Sobresale una extraña región del planeta, tal vez cubierta por nitrógeno congelado, que recuerda la forma de un corazón y que ha permitido a los más apasionados plutonistas crear este bonito meme (crédito: @Alex_Parker en Twitter)

En 2006 una pequeña fracción de la comunidad astronómica (tan o más confundida que el resto de ella después de los recientes descubrimientos en el sistema solar y más allá) aprobó por votación solemne (aunque minoritaria según algunos) unas resoluciones de la Unión Astronómica Internacional, IAU (la máxima autoridad de los estándares astronómicos) en las que se limitaba el número de cuerpos del sistema solar a los que se debería llamar propiamente "planetas". La definición sacaba a Plutón del exclusivo club al que pertenecen cuerpos como la Tierra o Júpiter. Hacia finales de ese mismo año el sistema solar tenía 8 y no 9 planetas como habíamos aprendido desde niños.

Casi desde el mismo momento en el que la noticia llegó a las redes sociales (es decir 20 minutos más tarde) y hasta hoy, un mes antes de que se realice una nueva versión de la Asamblea General de la IAU, esta vez teniendo a Plutón como "local" (la Asamblea tendrá lugar en Hawai, Estados Unidos), no se ha dejado de discutir sobre lo acertado o desacertado de la decisión.

Nunca las ciencias planetarias (teóricas) habían tenido una popularidad tan alta. Los términos "TNO" (Trans Neptunian Object), "KBO" (Kuiper Belt Object), "Planetary Embryo", "Hill Radius", etc. no habían sido antes mencionado tanto en redes sociales y sitios web por igual, sino fuera por esta acertada o desacertada decisión. La IAU, por su parte, recibió también un empujoncito en su popularidad. La que hasta ese año había sido una organización principalmente conocida por los astrónomos, pasó a convertirse súbitamente en una versión científica de la OTAN o de la ONU. Lamentablemente, para el público, con la salida del (para algunos) amado Plutón del club de los planetas, la IAU había tomado una decisión desacertada (como las que toman también la OTAN y la ONU) movida seguramente (según algunas versiones) por una minoría poderosa.

Pero ¿qué tan "justa" fue esa decisión? Ahora que New Horizons empieza a enviarnos datos detallados sobre la superficie y ambiente de Plutón ¿reconsiderarán los astrónomos devolverle su membrecía? La cosa es un poco más complicada que eso.

Si bien el tema se ha discutido en extenso en Internet, el histórico momento de la llegada de la nave, sumado a la inminente realización de la Asamblea de la IAU en territorio de los Estados Unidos (y en la que algunos creen que el lobby de los "plutonistas" podría lograr que nuestro protagonista recuperara su curul entre los planetas), es interesante volver sobre este asunto.

En primer lugar hay que decir que se está volviendo una opinión general entre muchos expertos "planetologos" que la categoría "planeta" parecería ser una falacia, un vicio con origen en tiempos (históricos) en los que sabíamos tanto sobre la organización del universo como lo que sabemos hoy sobre la naturaleza materia oscura: casi nada.

He escuchado ya un par de expertos muy respetados en las ciencias planetarias y en los dos extremos del quehacer astronómico (el observacional y el teórico) sugerir o compartir la idea de que es inútil tratar de definir las fronteras que separan a los planetas de los que supuestamente no lo son.

Y es que como lo demostró el caso de Plutón ponerle límite a lo que define un planeta es más difícil de lo que pensábamos.

Vesta y Ceres, asteroides o planetas enanos del cinturón principal y que fueron visitados recientemente por la sonda DAWN han mostrado evidencias de ser objetos tan complejos como sus hermanos mayores los planetas (crédito: NASA)

El tamaño no es. Piedras de tan solo un centenar de kilómetros tienen paisajes superficiales y procesos interiores complejos que antes no nos alcanzabamos a imaginar (véase la foto arriba). La distancia al Sol o a su estrella anfitriona, tampoco. Se han descubierto cuerpos de gas o roca que prácticamente rozan a su estrella y otros que están tan lejos que un estornudo los sacaría de órbita. La relación con otros cuerpos en el sistema planetario, menos. La resolución original de la IAU de 2006 mencionaba el hecho de que Plutón no había terminado de "barrer" las regiones cercanas a su órbita. Este, uno de los aspectos más debatidos de la decisión en todos estos años, era un argumento relativamente robusto hasta que se descubrió hace un par de años, 2 exoplanetas en órbitas tan cercanas una de otra, que resultaba difícil sostener la idea de que todos los planetas limpiaban sus alrededores después de formarse.

En otras áreas de la Astronomía las categorías son más fáciles de definir.  Ese es el caso por ejemplo de las estrellas. A pesar de parecernos cuerpos fabulosos, las estrellas son en realidad bastante simples; tanto es así que una sola propiedad física, la masa, las define casi completamente. La masa de una estrella (y su edad por supuesto) dice casi todo sobre ella: cómo es por fuera y por dentro, cuánto combustible ha gastado y cuánto le queda, a qué velocidad rota, o cómo se va a morir, etc. (debe mencionarse también que sutiles diferencias en la cantidad de "metales", es decir de elementos diferentes al hidrógeno y el helio, tienen también un impacto -no crucial- en las propiedades de las estrellas).

La masa de una estrella permite también delimitar de forma precisa qué puede llamarse y qué no puede llamarse así. Hoy sabemos, por ejemplo, que si la masa de un bulto de gas es menor a cerca de 8 centésimos de la masa del Sol (unas 83 veces la masa de Júpiter), la temperatura en su interior nunca será lo suficientemente alta como para que se produzca la fusión del hidrógeno (que es justamente el fenómeno físico que hace que todas sus propiedades dependan solo de la masa). Es decir, nada con menos de esa masa podrá llamarse una estrella.

No es así en el caso de los planetas. Una vez que una bola de materia hecha de hidrógeno, helio y otros elementos más pesados, tiene una masa inferior a la necesaria para convertirse oficialmente en estrella, cosas muy complejas pueden pasar en su interior y superficie.

Lo primero que sucede es que a las relativamente bajas temperaturas de la envoltura de las "subestrellas" (como las llamaré a partir de ahora), los átomos empiezan a unirse para formar moléculas (una cosa bastante extraña en la mayoría de las estrellas). Lo que antes era una masa uniforme de "baba hidrogenoide" con iones atómicos diluidos, se convierte ahora en un cuerpo que podría desarrollar capas de elementos y moléculas incluso en estados diferentes al gaseoso (líquido y sólido). Estas capas interactúan entre sí para crear cosas novedosas, desde campos magnéticos, costras dinámicas (cortezas, placas tectónicas, océanos de baba no-hidrogenoide), volcanes, atmósferas e incluso vida.

Así pues el destino de la materia, cuando no puede fusionar hidrógeno es increíblemente diverso y rico y a la compleja diversidad emergente difícilmente se la puede encasillar. Es cierto que los astrónomos hoy hablan de enanas marrón, super jupíteres, planetas, asteroides y cometas, pero también es cada vez más claro que las fronteras entre esos distintos niveles de complejidad astronómica son muy borrosas.

¿Por qué preocuparse entonces por las resoluciones burocráticas de los astrónomos?

Si de clasificar lo que a mi parecer es inclasificable se tratase, podríamos proponer otros esquemas alternativos, obedeciendo también supuestos criterios científicos, en los que Plutón compartiría de nuevo una membrecía con la Tierra y Júpiter y otros en los que no. ¿Haría eso menos interesante los resultados de la New Horizon?: ¡definitinitivamente no!

Abajo enumero una lista de opciones de clasificación alternativa que propuse hace algunos meses en mi blog personal, un poco en broma y un poco en serio, y que tratan de demostrar que las fronteras entre todo aquello que no es una estrella son bastante arbitrarias.

Como las encuestas en Internet están de moda, vayan a este enlace para que indiquen cuál podría ser la mejor alternativa que redefina el paisaje "burocrático" del sistema solar. Naturalmente, el resultado de esta nueva encuesta (como los de otros cientos de ellas que existen en Internet preguntando simplemente si Plutón es o no un planeta) tendrá un impacto nulo sobre las decisiónes que se tomen en la próxima Asamblea de la IAU.

Estas son las "opciones":

Opción "socialista": Declarar a todos los cuerpos del sistema solar y otros descubierto más allá en una sola categoría: subestrellas. ¡No más discriminación!

Opción "diplomática": Declarar como planetas a todos los cuerpos con masa (tamaño) igual o menor a Júpiter y masa (tamaño) mayor o igual al cometa Halley (que lleva su nombre en honor a un astrónomo inglés y no hay que hacerles a ellos tampoco el desplante).

Opción "hippie": Declarar a Plutón nuevamente como un planeta, con la respectiva consecuencia de incluir a los otros 20 cuerpos como él que han sido descubiertos desde 1930. Esto, siempre y cuando se acepte el parágrafo especial de llamar a Tritón "planeta prisionero". Se sabe que el pobre fue capturado por Neptuno contra su voluntad y hoy gozaría de la condición de planeta si no fuera por su mala suerte y por las abusivas aventuras orbitales de su victimario.

Opción "individualista": Hacer una categoría única por cada cuerpo. Al fin y al cabo la complejidad de los procesos subestelares es tan grande que es difícil encontrar dos cuerpos enteramente iguales o siquiera parecidos. De ese modo se definirían los objetos subestelares "vulcanos", es decir cuerpos con un radio entre 0,1 y 0,15 radios terrestres, compuestos en un 50 % de hierro. De ellos se conoce solamente un objeto en el sistema solar: Mercurio. Estarían también los objetos subestelares "Gaias". Cuerpos con masa y radio igual a la Tierra situados en la zona de habitabilidad circumestelar o circumbinaria, cubiertos por una biosfera extendida en toda su superficie, atmósfera e incluso en su interior. Lamentablemente se conoce un solo objeto de este tipo y algunos piensan que la probabilidad de encontrar otro en el universo e incluso en el multiverso es prácticamente nula.

"Opción conservadora": Devolver a Plutón su membrecía de planeta sin dársela a otros TNO, pero retirársela a Júpiter, a Saturno y cualquier otro planeta con sus características descubierto en el futuro más allá de los bordes del cinturón de Kuiper. Es que a decir verdad Júpiter y Saturno se parecen a todo menos a sus supuestos hermanos menores. Los astrónomos todavía debaten si se forman a partir de remolinos de gas o si lo hacen como bolas de nieve que ruedan acumulando basura por una ladera, como lo hacen los demás planetas. A todo eso hay que sumarle que son los únicos que están hechos casi exclusivamente de hidrógeno y helio además de tener cuerpos a su alrededor que tendrían todo su derecho a considerarse planetas: las lunas gigantes. Esos muchachos nos están robando espacio para los chiquitos más indefensos.

En síntesis: disfrutemos del sobrevuelo de la New Horizons y de los resultados científicos fabulosos que seguramente la nave nos enviará de vuelta (y que solo veremos muchos meses después de que ocurra). No nos preocupemos más de si nuestro "amado" Plutón encaja o no en una clasificación relativamente arbitraria. Parafraseando a Jorge Wagensberg "[El universo] no tiene la culpa de nuestros [sistemas de clasificación]".

Nota:

  • Esta entrada es una versión modificada de otra que publiqué en octubre de 2014 en mi blog personal Trinoceronte con el título "El Planeta Gringo". La reproduzco en su mayoría aquí por la relevancia de esta discusión ante la inminente llegada de la New Horizons.