El año 2015 finalizó con la proclamación del 11 de febrero como Día Internacional de la Mujer y de la Niña en la Ciencia por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Desde entonces diversas iniciativas han sido llevadas a cabo a fin de visibilizar la labor de las mujeres en la ciencia. A los preocupantes techos de cristal, brechas de género y efecto Matilda, se une la escasa cuando no nula presencia de mujeres científicas en nuestras narrativas históricas escolares. Muy al contrario, los estudios históricos y sociales sobre ciencia han proporcionado en los últimos años una amplia pléyade de resultados de investigación que permiten construir una historia de la ciencia en femenino y plural. Esto es, una historia de la ciencia protagonizada por mujeres que, bien de forma individual, bien como parte de un andamiaje más amplio (como colectivos profesionales), contribuyeron a diferentes áreas de la ciencia (o "asimilables") en diferentes contextos históricos. La química, como una de estas, no es una excepción. Así y con motivo de este 11 de febrero, se ofrecen a continuación algunos trabajos publicados en los últimos años que pueden ser de interés para explorar la química en perspectiva histórica y en femenino.


La historia de la química nos aporta una plétora de proscenios en los que encontraremos de forma nada disimulada a varias mujeres que, pese a sus sobresalientes contribuciones, no escribieron su nombre de forma indeleble en nuestros libros. Así, si dirigimos la mirada a la alquimia -grosso modo, ese conjunto heterogéneo de saberes y prácticas vinculadas a la transformación de la materia desarrollados desde el siglo III a.C. y hasta la conformación de la ciencia química en el siglo XVIII- encontraremos una valiosa oportunidad para pensar históricamente el papel de las mujeres "científicas". Si el alquimista se asocia al sabio o erudito que experimenta en su botica o laboratorio, la alquimista lleva con relativa frecuencia a la figura de la "bruja". Tal y como relata Mar Rey Bueno en su Evas alquímicas, estas "brujas" acumularon diversos saberes sobre plantas que podían ser de interés para preparar ciertos remedios o producir ciertos efectos. Recolectando las plantas al anocher en entornos ricos en materia orgánica (como los suelos de los cementerios), preparaban aquellas "pócimas" que las dotaban de los "dones" tantas veces representados por la literatura o el cine. Como explica Rey Bueno, hoy es posible comprender el porqué de aquellas experiencias alucinógenas teniendo en cuenta que muchas de estas plantas presentaban altas concentraciones de alcaloides en el momento de su recolección. Dado que estos se producen como metabolitos secundarios que la planta habría ido produciendo a lo largo del día, su uso producía alucinaciones propias del carácter psicoactivo de estas especies químicas. Más allá del estereotipo de "brujas" y de sus experiencias "mágicas" (que la química actual nos ayuda a desgranar), en Evas alquímicas se ilustra claramente cómo este grupo de mujeres -tantas veces agrupadas bajo el apelativo de "brujas" a posteriori- acumularon un importante conocimiento sobre los usos medicinales de plantas y el tratamiento de diversas dolencias, del que el vulgo en diversos contextos históricos resultó beneficiado.

Otro episodio clave en la historia de la química lo constituye la llamada revolución química. Una de las figuras icónicas de dicho proceso, que alcazó su máximo apogeo a finales del siglo XVIII, lo constituye el lienzo del matrimonio Lavoisier realizado por Jacques-Louis David hace más de 230 años. Esta pieza, icono de la pintura neoclásica, cuenta con una mujer como protagonista. Si bien el cuadro se titula Retrato de Antoine Laurent Lavoisier y de su esposa, la composición de la pintura revela más apropiado Retrato de Marie Anne Paulze y de su esposo. Si bien Lavoisier suele ser considerado "el padre de la química", algo ampliamente cuestionado y matizado por los historiadores de la química, Lavoisier y "su cuadro" sigue apareciendo con frecuencia en nuestros libros de texto para ilustrar su papel (solitario) en el nacimiento de la química. Sin embargo, la auténtica protagonista del lienzo, Marie Anne, suele tener un protagonismo mucho menor. Por el contrario, el autor del lienzo, quien fue a su vez profesor de dibujo de Marie Anne, supo darle el protagonismo que merecía. La composición trigonal, la mirada que Antoine dirige a Marie Anne y la mirada de esta al artista (y al espectador) nos revela a la auténtica protagonista del lienzo. Y es que también fuera del retrato, Marie Anne tuvo un papel activo en la revolución química, tantas veces escrita en masculino y singular. Más allá de su papel como traductora de artículos del inglés al francés para facilitar el trabajo a su esposo o de su labor elaborando las ilustraciones que después se publicarían en los trabajos de Lavoisier, Marie Anne participó activamente en la realización de experimentos (como atestiguan los cuadernos de laboratorio de Lavoisier) y fue, además, anfitriona en las diversas sesiones científicas que el matrimonio Lavoisier organizó en su domicilio en el último tercio del siglo XVIII. Marie Anne es precisamente una de las protagonistas de Women in their elements, obra colectiva publicada el pasado añado en el marco del Año Internacional de la Tabla Periódica. Editada por Annette Lykknes y Brigitte Van Tiggelen, esta obra recupera el nombre y la voz de decenas de mujeres como Vicenta Arnal, Trinidad Salinas, Marguerite Perey, Chien-Shiung Wu, Barbara Bowen, Alice Hamilton o Gertrud Johanna Woker, entre otras muchas dedicadas al estudio de los elementos químicos.


Otra lectura de gran interés a fin de visibilizar a las mujeres en la química y, en este caso, más allá de la academia, lo constituye Las chicas del radio. Su autora, Kate Moore, recoge la drámatica historia de las trabajadoras de la United Stated Radium Cooperation de Nueva Jersey y la Radium Dial Company de Illinois. En su labor pintando las esferas de relojes con pinturas ricas en radio (y en el marco del boom por este elemento que se vivió en las primeras décadas del siglo XX), estas trabajadoras -las conocidas como shining girls- sufrieron en primera persona los efectos perniciosos (en su mayoría, mortales) del elemento de número atómico 88. Moore ilustra cómo, pese a los esfuerzos de la industria de asociar el deterioro de su salud a la sífilis (estigmatizándolas al asociar su mala salud con prácticas sexuales) y de desviar el foco de las causas de sus dolencias lejos de su quehacer profesional, el activismo de trabajadoras del radio como Marguerite Carlough o Catherine Wolfe Donohue, entre otras, permitió visibilizar el riesgo que este elemento entrañaba para las pintoras de relojes. Una visibilización que, tal y como apunta Moore, llevó a científicos como Glenn Seaborg a preocuparse por los efectos del plutonio radiactivo en la salud de los trabajadores vinculados al Proyecto Manhattan en la década de 1940 y que hizo que la comunidad científica dirigiera la mirada a los efectos de las sustancias radiactivas sobre la salud en la década de 1950.


Como ilustran las lecturas anteriores, la historia de la química constituye una valiosa oportunidad para visibilizar la labor desarrollada por las mujeres desde hace siglos. Recuperar dicha labor constituye todavía hoy un reto pendiente y una necesidad imperiosa a fin de que nuestras narrativas históricas escolares sobre ciencia sin mujeres sean, pronto, cosa del pasado. Un pasado en el que, pese a invisibilizaciones y olvidos, la ciencia se conjugó en femenino y plural.

Luis Moreno Martínez
Luis Moreno Martínez

Luis Moreno Martínez es químico, educador científico e historiador de la ciencia especializado en historia y didáctica de la química. Tras licenciarse en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid, se doctoró en Didáctica de las Ciencias en la Universidad Autónoma de Madrid y en Historia de la Ciencia en la Universitat de València. Su trabajo se inscribe en el ámbito de la investigación, la docencia y la divulgación. Enseña historia de la ciencia en la Universitat de València, investiga en historia y didáctica de la ciencia en el Instituto Interuniversitario López Piñero y divulga escribiendo en diferentes medios. Sus principales líneas de investigación incluyen la historia de la educación científica y el tratamiento de la historia de la química en contextos y materiales educativos.

Twitter: @luismormz

Página web: www.luismormz.com

Sobre este blog

Esto no salía en mi libro de ciencias es un espacio para la comunicación social de las investigaciones sobre historia y didáctica de la ciencia que pone el foco en el análisis crítico de las narrativas históricas sobre ciencia presentes en materiales y contextos educativos.

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