Canibalismo en Brasil, según un grabado de Theodor De Bry (Francfurt, 1593). Wikipedia.

Para terminar de sentar las bases de una visión panorámica, crítica y renovada sobre la ciencia durante los siglos XVI y XVII que prescinda de la narración tradicional en torno a una supuesta Revolución Científica, jalonada por un puñado de héroes (todos hombres, todos blancos, todos europeos) y sus grandes descubrimientos; quizá conviene un último esfuerzo por descentrar un panorama que se ha venido enunciando en términos exclusivamente europeos. El cambio de escala al que obligan la primera globalización y el despliegue inseparable binomio modernidad-colonialidad desde Europa hacia el resto del planeta debería ir acompañado de una nueva geografía global de las prácticas científicas. Pero ésta aún está por elaborar. Esa nueva geografía global no puede ser sino multicéntrica y ofrecer una imagen más cercana a la de una compleja red de relaciones horizontales que a la de una jerarquía de centros y periferias que elaboró, precisamente, la historia de la ciencia hasta hace bien poco marcada profundamente por la mirada etnocéntrica europea.

Mercado en las Indias orientales, según Albert Eckhout, pintado entre 1640 y 1666. <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:East_Indian_Market_Stall_by_Albert_Eckhout.png" target="_blank">Wikimedia.</a>

Las redes por las que circuló el conocimiento sobre el mundo y la naturaleza durante la primera globalización se componían de relaciones muy variadas (comerciales, militares, misioneras o de exiliados por motivos religiosos o políticos) y por ellas fluyó todo un arsenal información científica de primer orden: objetos, mapas, instrumentos, informes, descripciones y especímenes, a la vez que alimentos, remedios medicinales, animales, minerales, así como personas, libres o esclavas, con sus propios conocimientos y experiencias. Este ingente arsenal de información nueva circula, pero también se acumula, se ordena, se analiza, se contrasta y se vuelve a poner en circulación desde muchos centros, no sólo desde las grandes metrópolis europeas, también desde Acapulco, Macao, Salvador de Bahía, Calcuta, Manila, Malaca o México.

Desde estos y otros espacios de una geografía global, la naturaleza fue explorada, medida, observada, representada y reproducida, a la vez que explotada, modificada e incluso destruida. El conocimiento generado mediante esos procesos fue híbrido, aunque la apropiación intercultural hegemónica fue sin duda europea, debido a que suyo era el poder colonial impuesto con un inseparable aliado: el discurso de la modernidad civilizatoria. Este conocimiento fruto de hibridaciones culturales se comunicaba por diversos medios -alguno de ellos nuevo, gracias a la imprenta o al surgimiento de las revistas científicas- y adquiría condiciones de verosimilitud a través de mecanismos que dotaban de valor de verdad a la observación directa, a la elaboración de hechos con valor de prueba, gracias a la credibilidad adquirida por determinados testigos, socialmente reconocidos, lo mismo que otros eran socialmente ocultados o despreciados como no fiables.

Canibalismo en Brasil, según un grabado de Theodor De Bry (Francfurt, 1593). <a href="https://ca.m.wikipedia.org/wiki/Fitxer:Os_Filhos_de_Pindorama._Cannibalism_in_Brazil_in_1557.jpg" target="_blank">Wikipedia.</a>

En este escenario, el poder colonial ejercido por unas potencias europeas que exportaban su modernidad, su religión cristiana y sus tecnologías del saber natural permitió construir sólidamente un discurso de superioridad que no solo legitimaba su mirada hacia la naturaleza toda, sino también su particular mirada a la «otredad», a los otros seres humanos no europeos. Este discurso sobre «el otro» se nutrió de diversos dispositivos, ampliamente difundidos y aceptados, como por ejemplo el de convertir en caníbal a todo habitante del continente americano e islas adyacentes, el de feminizar –una forma nada sutil de expresar la misoginia de la mirada eurocéntrica– los cuerpos y las mentes masculinas de los «indios», tanto orientales como occidentales y, por supuesto, el de animalizar o cosificar hasta reducir a una mera mercancía a millones de mujeres y hombres convertidos en esclavas y esclavos. 

Japón en un mapa europeo de Jan Janson (1650). <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Nova_et_accvrata_Iaponiae,_terrae_Esonis_ac_insularum_adjacentium_ex_novissima_detectione_descriptio_(8342747633).jpg" target="_blank">Wikimedia.</a>

Otro dispositivo más sutil pero igualmente eficaz fue el que Dipesh Chakrabarty ha definido como la asimetría de la ignorancia, basada en el olvido selectivo de lo que se ignoraba y de lo que se aprendió de los otros. Un olvido que, como ha señalado Romain Bertrand, no tiene nada de inocente, sino que es la condición misma de lo que se ha enseñado a considerar, por lo menos implícitamente, como la superioridad, innata o adquirida, de Europa y de su saber sobre el resto del mundo. De hecho, hasta hace bien poco, la historia de la ciencia estaba constituida por un único panteón de grandes hombres del pensamiento moderno, de indiscutible conformación europea.

Trabajo esclavo en un ingenio azucarero y plantas. Pintura anónima en el mueble de materia médica del gabinete Salvador (Barcelona, ca. 1750). Institut Botànic de Barcelona.

En los últimos años, sin embargo, la historia de la ciencia ha sabido establecer puentes de diálogo con otras disciplinas desde las que hace mucho más tiempo se venía reflexionando en torno a cómo se establecen los parámetros de superioridad, cómo se ejerce la violencia mediante la imposición de un tipo determinado de saber sobre el mundo o cómo se construye la ignorancia de los otros. Antropólogos, filósofos, sociólogos e historiadores culturales han contribuido así a una renovación del discurso y de los temas de indagación en la historia de la ciencia. Gracias a ello, se está abriendo espacio a una crítica profunda de la forma en que se constituyeron los saberes hegemónicos europeos. Se ha analizado el modo en que determinados saberes - considerados hasta ahora subalternos, auxiliares o locales - fueron esenciales para aquéllos. También se ha analizado el proceso que condujo a silenciar estos conocimientos gracias a mecanismos de expropiación/apropiación ya configurados en los siglos XV y XVI a partir de las empresas imperiales de portugueses y españoles.

Taxonomía humana: las dieciséis "castas" en Nueva España. <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Casta_painting_all.jpg" target="_blank">Wikimedia.</a>

Este proceso acabó de perfilarse con la expansión transoceánica de holandeses, británicos y franceses y sentó las bases de la hegemonía del saber europeo y de una concepción de la modernidad impuesta a todo el planeta en nuestra época contemporánea, no sin resistencias que aún están por historiar de forma satisfactoria en nuestro presente. El universo mestizo de hoy se comenzó a fraguar en las interacciones entre aquellos europeos y las sociedades no europeas de su tiempo. Cuando se pretenda realizar una nueva geografía de la construcción del conocimiento humano acerca del mundo natural, se tendrá que abrir espacio para una nómina más extensa de zonas de contacto, de recursos de comunicación intercultural, de agentes, intermediarios y mediadores de esos contactos. Y, a la vez, desde esta nueva geografía del saber, se deberá prestar atención l modo en que mediante esos contactos el poder colonial trató de imponer su discurso de superioridad, utilizando mecanismos de apropiación-expropiación del saber, al mismo tiempo que imponía la disyuntiva modernidad-atraso para juzgar a los otros. Se trata de un ambicioso programa de futuro en el que la historia de la ciencia - al menos tal y como la practican las nuevas generaciones y según la entendemos en este proyecto Saberes en acción, tiene mucho que aportar y mucho que aprender.

José Pardo Tomás

IMF-CSIC

Para resumir

En esta sesión del curso online Una introducción a la Historia de la Ciencia, la Tecnología y la Medicina de la Universitat de València podrás encontrar una síntesis de los principales aspectos abordados en esta entrada.

Para ampliar

Podrás encontrar una relación de lecturas recomendadas, estudios, fuentes documentales y recursos de interés en este enlace.

Sabersaccio
Sabersaccio

El equipo de redacción de Saberes en acción (@sabersaccio) está integrado por personal investigador y profesorado del Instituto Interuniversitario López Piñero de Estudios Históricos y Sociales sobre Ciencia, Tecnología, Medicina y Medioambiente (IILP) perteneciente a las Universidades de Alicante (UA), Miguel Hernández (UMH), Jaume I (UJI) y Valencia (UV), así como por reconocidos especialistas de diversas instituciones académicas.

Sobre este blog

Saberes en acción ofrece un nuevo recorrido por la historia de la ciencia, la tecnología y la medicina, basado en las perspectivas ofrecidas por las últimas investigaciones en este terreno. Se presentan relatos alternativos, a menudo sorprendentes, a través de nuevos personajes, espacios y objetos. Las personas que nos acompañen en este viaje en el tiempo podrán poner en cuestión muchas imágenes difundidas acerca de la ciencia y su historia. Veremos, por ejemplo, que hubo muchos avances en las pretendidas «edades oscuras», que la «revolución científica» es un bulo al servicio de discursos eurocéntricos, y que la ciencia es una empresa colectiva en la que han participado numerosas personas, muchas de ellas invisibles en los relatos tradicionales. Se podrá conocer mejor las cambiantes relaciones entre la ciencia, la tecnología y la medicina con las diversas sociedades y culturas, así como las interacciones entre todos sus ingredientes. Todas las entradas ofrecen una bibliografía adicional para las personas que quieran seguir ampliando su curiosidad en el tema.

Ver todos los artículos