Vacuna de la viruela. Wikimedia.

Las ideas acerca de la etiología de las enfermedades infecciosas cambiaron con la evolución de la medicina. Para los médicos griegos, las epidemias se originaban cuando se producía una "constitución epidémica", una conjunción de factores atmosféricos y locales que favorecía la aparición de infecciones en quienes habitaban en un entorno determinado, cuyo equilibrio se había roto. Cambios en la temperatura, en el régimen de lluvias, una catástrofe natural, un fenómeno astronómico como un eclipse o el paso de un cometa podían originar este desequilibrio. La búsqueda de un elemento que fuera común a todas las personas que se infectaban a la vez, aún sin haber mantenido contacto entre ellas, situó el origen de la enfermedad infecciosa en el aire respirado, en la atmósfera, dando lugar a la teoría miasmática consolidada a lo largo de la Edad Media. Los miasmas eran vapores o exhalaciones emanados de la materia orgánica en descomposición, a partir de cadáveres o del agua estancada, que corrompían o alteraban el aire atmosférico. Su mal olor los identificaba como nocivos para el organismo, en donde penetraban mediante la respiración y alteraban los humores corporales. Se distinguía la infección del contagio, en el que el contacto directo con el individuo infectado o con algún objeto o fómite que hubiera tocado, transmitía en ese momento el miasma a la persona sana, dada la viscosidad atribuida al mismo y mediante la cual, permanecía adherida a la ropa, las sábanas, los utensilios de comida, etc.

Enfermedades emergentes y reemergentes (Anthony Fauci, 2017). <em><a href="https://www.niaid.nih.gov/sites/default/files/main%20map.jpg" target="_blank">National Institute of Allergy and Infectious Diseases. </a></em>

Esta teoría miasmática apenas varió hasta el siglo XIX. El médico renacentista Girolamo Fracastoro (1478-1553) atribuyó a los seminaria el origen de la infección. Llamaba así a las semillas o partículas que, por la acción del calor febril, se desprendían de los humores corrompidos por la enfermedad. Desde el interior del cuerpo de la persona infectada salían a través de la respiración o por los poros de la piel y al entrar en otro organismo por medio del aire respirado o por contacto o a través de fómites, se depositaban en el mismo humor del que provenían y en el que reproducían la corrupción original. Estas semillas no eran microorganismos, no eran partículas con vida, por lo que no se puede hablar de una teoría animada del contagio en referencia a la teoría de los seminaria de Fracastoro.

En las décadas de 1850 y 1860 se comprobó que algunos parásitos animales como los ácaros o los gusanos podían producir enfermedades infecciosas, por ejemplo la sarna o las helmintiasis intestinales, así como algunos parásitos vegetales, caso de los hongos causantes de la tiña. Hubo que esperar al último cuarto de esa centuria para que se comprobara definitivamente la teoría del contagio animado. La consolidación de la microbiología y su posterior desarrollo en las décadas siguientes es uno de los factores que ha permitido el control y la erradicación total o parcial de muchas enfermedades infecciosas. Demostró que estaban originadas por seres vivos microscópicos que se transmitían desde personas infectadas o desde el medio que rodeaba al enfermo e identificó los mecanismos de contagio: de persona a persona o a través del aire, el agua, los alimentos, etc. Basados en estos conocimientos, los responsables de salud pública diseñaron medidas preventivas que buscaban evitar la adquisición de estas infecciones por la población, como el aislamiento de los infectados, el saneamiento del medio ambiente, la potabilización del agua de bebida o la inspección de los alimentos.

Niña con desnutrición. <a href="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/47/" target="_blank">Wikimedia.</a>

El diagnóstico clínico de la infección que padecía el enfermo pudo confirmarse en el laboratorio bacteriológico mediante una batería de pruebas que permitieron identificar al germen causante, bien por su visualización directa, bien a través de las reacciones inmunológicas que producía en el organismo afectado. La verificación del microorganismo responsable era condición indispensable para la aplicación de una terapéutica eficaz, dirigida a su eliminación del enfermo, bien con los anticuerpos específicos (seroterapia), bien con los antibióticos o antivirales frente a los cuales era sensible. El conocimiento cada vez mayor de los microbios patógenos y de las reacciones defensivas que producía en el organismo llevó asimismo a la fabricación de vacunas, una de las medidas preventivas sanitarias de mejor relación coste/beneficio.

Rubeola. <a href="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/d8/Rash_of_rubella_on_back_" target="_blank">Wikimedia.</a>

La única enfermedad infecciosa erradicada hasta ahora por el hombre ha sido la viruela. La aplicación sistemática de la vacuna antivariólica desde finales del siglo XVIII permitió su disminución paulatina hasta que en 1980 la Organización Mundial de la Salud la declaró oficialmente erradicada. Mediante una estrategia combinada, liderada por este organismo sanitario internacional, que incluía campañas de vacunación, vigilancia de los focos epidémicos y redes de informantes en las poblaciones afectadas se logró combatir esta enfermedad que, al transmitirse únicamente de persona a persona, desapareció cuando el último individuo contagiado (Somalia, 1978) fue aislado y se cortó la cadena de transmisión. Las próximas candidatas a ser erradicadas son la poliomielitis, el sarampión, la rubeola, la parotiditis o paperas y la dracunculiasis o infección por el gusano de Guinea.

Último caso de viruela (Somalia, 1978). <a href="http://www.who.int/features/2010/smallpox/LAST_CASE_02.jpg," target="_blank"><em>Wolrd Health Organization.</em></a>

El control de las enfermedades infecciosas es un objetivo difícil de alcanzar. Los microorganismos se hacen resistentes a los fármacos administrados, las vacunas son a veces rechazadas o no llegan a toda la población. Factores como la pobreza o los conflictos bélicos impiden la prevención y el tratamiento de las infecciones, más frecuentes en organismos desnutridos, la globalización, con el auge del comercio internacional y los movimientos poblacionales por causas migratorias o turísticas, favorecen la rápida propagación de estas enfermedades. La aparición de enfermedades emergentes, que son las producidas por un agente infeccioso hasta entonces desconocido, como el virus de la inmunodeficiencia humana, causante del SIDA, el virus del Ébola o los coronavirus del Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARS), del Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) o de la COVID-19 y de enfermedades reemergentes, llamadas así aquellas que reaparecen en una zona en la que ya no se producían casos, como el cólera o la fiebre amarilla, junto con los cambios en el medio ambiente por la acción del hombre, que modifican el equilibrio entre éste y los microorganismos que viven en su hábitat, el cambio climático con el calentamiento del planeta y la utilización de nuevos procedimientos técnicos, como los aplicados en la preparación de piensos para los animales, probable causa de la "enfermedad de las vacas locas", son algunos de los obstáculos que se encuentran en el camino para obtener la disminución y desaparición de las infecciones.

Vacuna de la viruela. <a href="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/95/" target="_blank">Wikimedia.</a>

El concepto de enfermedad cambió a lo largo del siglo XIX y el descubrimiento de los microorganismos como causas morbosas llevó a la consolidación de nuevas disciplinas científicas, como la microbiología médica. El laboratorio bacteriológico era un espacio para el diagnóstico clínico y el desarrollo de métodos preventivos y curativos que se llevaron a la práctica clínica y se integraron en las políticas de salud pública. Las enfermedades infecciosas disminuyeron con todo ello, pero no desaparecieron y hoy en día continúan entre nosotros. El ejemplo de la COVID-19 en 2020 demuestra con claridad los estragos que un virus nuevo, muy contagioso por su transmisión respiratoria y ante el cual la población no tenía inmunidad, puede paralizar el mundo en pocas semanas antes de lograrse una vacuna y un tratamiento que permitan prevenir y curar la enfermedad. Se hace necesario por tanto abordar la profilaxis y la terapéutica de las enfermedades infecciosas teniendo en cuenta no solo factores estrictamente médicos, sino también, económicos, sociales, políticos, geográficos y culturales para lograr su pleno control y erradicación.

Mª José Baguena Cervellera

IILP-UV

 

Para resumir

En esta sesión del curso online Una introducción a la Historia de la Ciencia, la Tecnología y la Medicina de la Universitat de València podrás encontrar una síntesis de los principales aspectos abordados en esta entrada.

Para ampliar

Podrás encontrar una relación de lecturas recomendadas, estudios, fuentes documentales y recursos de interés en este enlace.

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Saberes en acción ofrece un nuevo recorrido por la historia de la ciencia, la tecnología y la medicina, basado en las perspectivas ofrecidas por las últimas investigaciones en este terreno. Se presentan relatos alternativos, a menudo sorprendentes, a través de nuevos personajes, espacios y objetos. Las personas que nos acompañen en este viaje en el tiempo podrán poner en cuestión muchas imágenes difundidas acerca de la ciencia y su historia. Veremos, por ejemplo, que hubo muchos avances en las pretendidas «edades oscuras», que la «revolución científica» es un bulo al servicio de discursos eurocéntricos, y que la ciencia es una empresa colectiva en la que han participado numerosas personas, muchas de ellas invisibles en los relatos tradicionales. Se podrá conocer mejor las cambiantes relaciones entre la ciencia, la tecnología y la medicina con las diversas sociedades y culturas, así como las interacciones entre todos sus ingredientes. Todas las entradas ofrecen una bibliografía adicional para las personas que quieran seguir ampliando su curiosidad en el tema.

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