La cultura científica tiene dos niveles o dimensiones diferentes, de acuerdo con Eduard Aibar y Miguel Ángel Quintanilla (Cultura tecnológica, Horsori, 2002). La primera, llamada “cultura científica intrínseca”, está relacionada con la actividad científica y el conocimiento generado en dicho proceso (las teorías, los métodos, etc.). La segunda es la “cultura científica extrínseca”, e incluye las creencias, las normas y los valores que no pertenecen a la cultura intrínseca, por ejemplo la imagen pública de los científicos, las actitudes hacia la ciencia o las consideraciones éticas o estéticas. Lo mismo se aplica a la cultura tecnológica. En este sentido, la imagen popular de la ciencia y la tecnología forma parte de la cultura científico-tecnológica extrínseca.

A lo largo del siglo XX, los medios han desempeñado un papel esencial en la conformación de las imágenes públicas sobre el mundo y sus fenómenos, incluyendo las imágenes públicas de la ciencia, la tecnología, sus desarrollos y productos. En este sentido, los medios masivos de comunicación han ejercido una gran influencia en el modelado de la cultura científico-tecnológica extrínseca. En pleno siglo XXI, esa influencia se ha intensificado aún más si cabe. De acuerdo con las encuestas más importantes en el campo, tales como las de la National Science Foundation en EE.UU. o los Eurobarómetros en la Unión Europea, los medios son la principal fuente de información sobre ciencia y tecnología para los ciudadanos. Y cuando hablamos de los medios destaca especialmente la televisión, aunque Internet avanza con pasos agigantados en los últimos años como principal fuente de información técnica para la población general.

Los medios de comunicación suelen presentar una imagen bastante tradicional de la ciencia y la tecnología, y sus impactos sobre la naturaleza y la sociedad. Pero esto no siempre es el caso. En algunos comunicadores, tanto en medios más tradicionales como especialmente en Internet, encontramos actitudes críticas y posturas escépticas con respecto a los relatos heredados, contribuyendo así modestamente a reflejar y a la vez modelar la representación pública de estos fenómenos. Gary Larson, un influyente dibujante norteamericano particularmente apreciado en los laboratorios científicos y los campus universitarios de todo el mundo, es un magnífico e inspirador ejemplo. Su obra se extiende desde las últimas décadas de la Guerra Fría hasta los inicios de la globalización tecno-económica más reciente. Entre 1980 y su retiro en 1995, publicó su serie The Far Side en más de 1.900 periódicos, y fue traducida a 17 idiomas. Larson tiene un sentido del humor mórbido y surrealista, representando antropológicamente animales y otras criaturas para burlarse de la superioridad humana. Entendidas en un sentido amplio, la ciencia y la tecnología están presentes en un tercio de sus caricaturas.

La obra de Larson recoge también una crítica de los mitos de la ciencia y la tecnología en perfecta sintonía con los llamados “enfoques CTS” (Ciencia, Tecnología y Sociedad). En las siguientes entradas del blog, me gustaría tomarme la libertad de utilizar algunas de sus viñetas de la serie The Far Side como humilde homenaje a su trabajo y como invitación a reaccionar inteligentemente a sus divertidos y sugerentes estímulos. Los selección de los mitos y la reacción crítica ante los mismos son fruto de mi discusión con Irene Díaz, una aguda y perspicaz filósofa de la ciencia en Oviedo.

Ilustración 1

 

 

Primer mito: la objetividad del conocimiento experto

La ciencia y la tecnología ofrecen conocimiento objetivo acerca del mundo externo, que resulta de la aplicación de un procedimiento sistemático para el estudio de la naturaleza.

 

Ilustración 2

Ilustración 3

 

... Sin embargo, los valores externos y la incertidumbre están presentes de un modo ineludible en el conocimiento experto. Las novedades constituyen en ocasiones descubrimientos casuales, lo cual no quiere decir injustificados. Con todo, el conocimiento experto implica destrezas técnicas y cognitivas muy especializadas, como distinguir con claridad una burbuja de aire en la observación microscópica...

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José Antonio López Cerezo
José Antonio López Cerezo

Catedrático de lógica y filosofía de la ciencia en la Universidad de Oviedo. Unidad de Investigación en Cultura Científica de CIEMAT. Red temática CTS de la Organización de Estados Iberoamericanos. Autor de Ciencia y política del riesgo (Alianza Editorial, 2000), Políticas del bosque (Cambridge University Press, 2002), El triunfo de la antisepsia (Fondo de Cultura Económica, 2008), El canal de Panamá (Libros de la Catarata, 2014).

Sobre este blog

El foro pretende ofrecer un espacio de reflexión crítica e intercambio de ideas, un espacio no para la certidumbre sino para la duda y la pregunta inteligente sobre cómo poner las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad al servicio del progreso social.

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