Los usos de un eclipse

30/08/2014 1 comentario
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A principios del siglo XX, los eclipses sirvieron principalmente para conocer mejor al Sol. También ayudaron a comprobar la Teoría de la Relatividad de Einstein. El eclipse que estoy estudiando ahora sirvió, además, para promover al Observatorio Astronómico Nacional de México ante varios públicos clave.



el eclipse.jpgEl 10 de septiembre de 1923 tuvo lugar un eclipse total de Sol que únicamente sería visible en el norte de la República Mexicana. Astrónomos mexicanos y extranjeros viajaron a esta región para hacer observaciones que ayudaran a contestar las preguntas importantes del momento. Éstas trataban principalmente sobre el Sol y el Sistema Solar. Entonces un eclipse era el único momento en que se podía ver la corona solar, ya que nuestra estrella es tanto más brillante que su cabellera. Por esa época los eclipses tenían otro uso más: la verificación de la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein, que predice que la trayectoria de la luz se dobla o desvía al pasar cerca de un cuerpo masivo como el Sol.


Para los astrónomos del Observatorio Astronómico Nacional de México (OAN), este eclipse sirvió también para afianzar su posición ante la sociedad mexicana y los científicos de todo el mundo. Para entender esto, hay que mirar el contexto que rodeaba al OAN entonces. 


En 1923 hacía pocos años que había terminado la Revolución Mexicana, una violenta guerra civil. La paz aún no regresaba a todo el territorio y por lo tanto la situación social, política y material no había encontrado un equilibrio. El presidente en ese momento, Álvaro Obregón, estaba concentrado en restaurar la paz y recobrar las condiciones necesarias para echar a andar nuevamente al país.

Observatorio en Tacubaya.jpgA la mitad de todo esto, el OAN estaba en una situación bastante precaria. El Observatorio se había forjado un lugar en la sociedad mexicana del siglo XIX. También había establecido relaciones y participado en proyectos con los astrónomos europeos. Pero ahora todo era diferente: el nuevo gobierno era enemigo de aquel que apoyó al OAN desde sus inicios y la sociedad estaba en un complejo proceso de reacomodo por este cambio. Pero además, del otro lado del Atlántico había comenzado la Primera Guerra Mundial. Esto prácticamente detuvo la ciencia en Europa –excepto aquella que fuera útil para el combate– y dejó sin colegas a nuestros astrónomos. De modo que Joaquín Gallo, director del OAN desde 1915, tuvo que volver a posicionar al Observatorio ante los grupos que le interesaban.


retrato.jpgEstando así las cosas, el eclipse total de Sol de 1923 fue una gran oportunidad en varios sentidos. Permitió a los astrónomos mexicanos servir de anfitriones y trabajar con su contraparte de los Estados Unidos. De esta manera se dieron a conocer ante una nueva fuerza en la astronomía mundial.

En el proceso de preparar su propia expedición y apoyar las de los visitantes, el OAN además fortaleció su relación con el Gobierno. Negociaron apoyo estratégico y económico, y a cambio de ello participaron en la creación de un México estable donde expediciones extranjeras pudieron realizar sin contratiempos sus observaciones.

A través de la creciente prensa nacional, también se lograron proyectar ante la nueva sociedad mexicana, que los siguió desde que empezaron a montar sus campamentos hasta el final de sus exitosas observaciones. Algunos incluso aprovecharon la oferta de Ferrocarriles Nacionales y viajaron hasta la zona de totalidad para presenciar –quizás por única vez en sus vidas– el ocultamiento total del Sol por la Luna.


Así, la naturaleza proporcionó el impactante fenómeno natural que permitió a los astrónomos mexicanos demostrar su capacidad científica y fortalecer su situación.