Misunderstood misunderstandings. Entender las relaciones entre la ciencia y sus públicos

05/12/2018 0 comentarios
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En 1992 Brian Wynne empleó el juego de palabras misunderstood misunderstandings para recalcar la falta de comprensión por parte de la comunidad científica acerca de la naturaleza de las relaciones entre ciencia y ciudadanía. Su trabajo estaba basado en un estudio particular que conectaba ganaderos británicos, físicos nucleares y el desastre de Chernóbyl. A pesar de la gran cantidad de investigación posterior, las incomprensiones del público frente a la ciencia siguen sin ser suficientemente comprendidas en los textos de divulgación donde siguen predominando las caricaturas en blanco y negro, sin apenas matices.

En 2015 la revista Science and Culture dedicó números especiales a revisar críticamente la percepción de la ciudadanía como un peligro para el progreso tecnológico y científico. Se trata de una percepción compartida por muchas personas que se dedican a la divulgación de la ciencia en la actualidad. Los temores acerca de la intervención de la ciudadanía en asuntos relacionados con la ciencia, la medicina y la tecnología tienen diversos orígenes y motivaciones. Se sospecha que la falta de información, o la información deformada, son causas de la incomprensión que provoca miedos irracionales entre la población, particularmente en tiempos de posverdad y noticias falsas. Se temen los "pánicos irracionales" de la ciudadanía frente a los avances de la ciencia en terrenos sensibles como la energía nuclear, los transgénicos o, más recientemente, el glifosato. Se consideran estos miedos como producto de malentendidos provocados por un déficit de conocimiento por parte de la población, el cual puede ser reparado mediante una mayor inversión en divulgación científica. Se imagina así la divulgación como un proceso de instrucción vertical, dirigida desde la comunidad científica hacia el público inculto bajo planteamientos cercanos a la evangelización. Las mentes de la población son consideradas como recipientes vacíos que conviene rápidamente llenar con saberes científicos. Se piensa que una vez superado el déficit todo vendrá rodado y se podrán superar fácilmente las actitudes negativas hacia la ciencia, de modo que se vencerá la incomprensión de la ciudadanía hacia los avances tecnológicos que, siempre según este planteamiento, conducen inevitablemente al progreso social y económico. Otro rasgo característico de este tipo de aproximación consiste en calificar también como irracional cualquier planteamiento que no siga a pies juntillas este imaginario negativo de la ciudadanía como agente irracional en su relación con la ciencia y la tecnología. Se considera irracional, o anticientífico, cualquier planteamiento diferente en materia de divulgación o en la toma de decisiones públicas respecto a temas tecnológicos, médicos o científicos.

Science and Culture

El número especial de la revista Science as Culture recoge numerosas contribuciones para cuestionar esta visión de las cosas. Resulta algo complicado situar a sus firmantes en el terreno de la irracionalidad porque muchas personas trabajan en prestigiosas instituciones académicas. Además, los artículos recogen toda una serie de conclusiones de décadas de investigación acerca de estos temas. Por un lado, se señala que el "modelo del déficit" en comunicación científica hace mucho tiempo que fue criticado dentro de los estudios acerca de la comunicación para dar paso a otro tipo de aproximaciones acerca del pasado y del presente de la divulgación científica. Hoy en día existen una gran variedad de propuestas que no pasan necesariamente por este tipo de intentos de evangelización vertical que, por lo demás, ni siquiera suelen tener los resultados previstos por sus promotores, aunque sí algunos éxitos en el desarrollo de lucrativas carreras y fructíferos negocios. Son muchos de los ejemplos de estas combinaciones a lo largo de la historia más o menos reciente.

No siempre las élites políticas y académicas han tenido una percepción tan negativa del público en su relación con la ciencia. Un estudio realizado para el Reino Unido concluyó que hasta los años sesenta del siglo XX la ciudadanía era más bien vista como un participante pasivo que aceptaba de buen grado las propuestas tecnocientíficas como sinónimo del progreso. La palabra ciencia colocada junto a un producto alimentario o terapéutico era vista como un valor añadido, al margen de la veracidad de la conexión o su carácter más o menos propagandístico. A partir de los setenta, con el desarrollo del movimiento ecologista y de los grupos contrarios a la energía nuclear, la percepción cambió hacia una imagen más negativa asociada con déficits cognitivos o irracionalidad inherente. Se pensaba entonces que la creación de foros híbridos, con espacios para propiciar diálogos y negociaciones, podría superar estos problemas. En la última década, sin embargo, el planteamiento ha cambiado hasta el punto de solicitar la prohibición de algunos de los grupos contestatarios, por lo general identificados como extremistas, ante los cuales solamente cabe proteger los avances de la ciencia mediante medidas coercitivas. Por supuesto, los diferentes imaginarios de la relación entre la ciencia y la ciudadanía son mucho más complejos y variados. Diversas percepciones más o menos hegemónicas pueden coexistir en determinados momentos y contextos, según el tema abordado, los grupos enfrentados y las relaciones con intereses políticos y económicos, entre muchas otras cuestiones. No parece asunto para la brocha gorda. 

El volumen de Science as Culture contiene un artículo de Claire Marris dedicado a la "construcción de imaginarios del público como amenaza" en el terreno de la biología sintética y la producción de transgénicos. Emplea la expresión "synbiophobia-phobia", la fobia a la fobia hacia la biología sintética que, en cierto modo, no es más que una forma particular de aporofobia: las personas consideradas pobres en capital cultural y saberes especializados son también vistas como potenciales amenazas para el progreso. Las respuestas de la ciudadanía son vistas como puramente emocionales, sin valor epistémico, fácilmente sometidas a la manipulación. Es una visión que en 1992 Brian Wynne denominó misunderstood misunderstandings, es decir, una falta de comprensión por parte de la comunidad científica acerca la naturaleza de las relaciones entre ciencia y ciudadanía en sociedades democráticas. A pesar de la gran cantidad de investigación, las reacciones del público frente a la ciencia siguen sin ser comprendidas con rigor suficiente y se sigue prefiriendo una caricatura en blanco y negro, sin ningún matiz, que persiste a pesar de su ineficacia. Dado que se trata de percepciones sin fundamento, que no admiten una revisión crítica, las respuestas de sus defensores frente a las críticas suelen ser de una fuerte beligerancia. Se arrogan de forma exclusiva la capacidad para hablar por la ciencia, sin entender que su planteamiento está más cercano del pensamiento religioso que de la investigación científica, la cual no se entiende sin la constante crítica de planteamientos y la revisión de resultados, muchas veces en contra de lo que parece indicar el sentido común. Esperemos que números como los de la revista Science as Culture, que puede consultarse en abierto en su página web, sirvan para superar de una vez por todas las "incomprendidas incomprensiones", ahora que se cumplen 25 años de la aparición del famoso trabajo de Brian Wynne.

synbiophobia-phobia