El día 6 de mayo de 2004 la policía norteamericana arrestó en su despacho al abogado Brandon Mayfield. Se le aplicó un protocolo de alta seguridad por lo que estuvo incomunicado durante varios días en un lugar desconocido. Su mujer, una joven musulmana de origen egipcio, se enteró por la prensa de que Mayfield había sido acusado de participar en el atentado con bombas del pasado 11 de marzo en Madrid, en el que murieron más de ciento noventa personas. Sin tener noticias del exterior, ni tampoco acerca de la naturaleza exacta de la acusación, Mayfield fue sometido a interrogatorios intensos durante varias semanas. Su experiencia como abogado le permitía conocer que se enfrentaba a una grave condena, quizá la pena de muerte. Lo que no podía imaginar era el cúmulo de circunstancias y despropósitos que le habían conducido a aquella situación.

Brandon Mayfield

Mayfield había trabajado previamente en el ejército, por lo que sus huellas dactilares se encontraban en la base de datos del FBI. Un especialista concluyó que la huella del dedo índice izquierdo de Mayfield coincidía con la encontrada en una mochila durante la investigación de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Las huellas fueron enviadas por la policía española al FBI que, tras colocarlas en su base de datos, obtuvo una docena de posibles coincidencias. Las circunstancias antes señaladas, particularmente la religión de la familia de Mayfield, y otras pruebas indirectas condujeron su arresto. El informe de la acusación indicaba que el especialista en huellas dactilares Terry Green había confirmado que existía “una coincidencia del 100 % en la identificación”, un aspecto que fue posteriormente confirmado por otro especialista del FBI. Sin embargo, unas dos semanas después de la detención de Mayfield, la policía española encontró que las huellas sospechosas coincidían con un individuo de origen argelino residente en Madrid. Ante el escándalo internacional que supusieron estas revelaciones, el FBI se vio obligado a liberar a Mayfield y abrir una investigación interna. Mayfield no se conformó con disculpas e indemnizaciones, sino que inició una campaña más amplia contra la legislación (Patriotic Act) que propició su detención.

Mayfield fingerprint

Las huellas dactilares son un ejemplo de las técnicas empleadas en los diferentes regímenes de identificación que han existido lo largo de la historia. Cada régimen de identificación utiliza unas técnicas particulares, diseñadas y aplicadas por determinados grupos o instituciones, dirigidas a una parte de la población o a su conjunto, y con el objetivo de cumplir fines muy diversos: luchar contra el delito, limitar la disidencia, controlar a vagabundos y viajeros, evitar la deserción, detener el flujo de las epidemias, imponer tributos y cobrar impuestos, permitir derechos o restringirlos, etc. Estas tecnologías han variado enormemente a lo largo de los siglos y las culturas. Por ejemplo, a finales de la Edad Media se difundieron en Europa toda una serie de recursos visuales para presentar la propia identidad: sellos de cera, insignias, escudos y firmas (mucho más barrocas que en la actualidad). También por esos años las autoridades judiciales y eclesiásticas comenzaron a construir registros escritos que incluían en ocasiones rasgos corporales (nariz, ojos, pelo, etc.) y huellas en la piel (tatuajes, cicatrices, marcas judiciales, etc.).

A partir del siglo XVI, pero sobre todo en los dos posteriores, el avance de la burocracia estatal y del registro escrito fomentó la generalización de nuevos documentos para facilitar la circulación (pasaportes, salvoconductos) y la extensión de los censos, sobre todo con fines recaudatorios. Estas herramientas y las prácticas burocráticas asociadas fueron desarrollándose en diversas direcciones y sirvieron posteriormente para nuevos fines como el control de fronteras, la represión de la mendicidad o la lucha contra la deserción militar. Por otra parte, junto con el avance de estas prácticas, las nuevas tecnologías también permitieron nuevas formas de falsificación de la identidad, al mismo tiempo que permitían estigmatizar a grupos particulares (los “sin papeles”). También impulsaron nuevas formas de identidad colectiva y rebeldías compartidas frente a los nuevos métodos de control. La consolidación de los estados europeos durante el siglo XIX introdujo nuevos problemas: cierre de fronteras,  migración del campo a la ciudad, disidencia política más organizada, creciente violencia social, etc. Para abordar estos retos, los gobiernos hicieron uso de nuevas tecnologías de la identificación, desde la antropometría (o “bertillonage” por el nombre de su creador, Adolphe Bertillon) hasta las modernas huellas dactilares. Esta técnica, con orígenes diversos en China y en la India, fue aplicada en las colonias británicas durante la segunda mitad del siglo XIX, inicialmente con el objetivo de certificar la identidad en las transacciones comerciales y contratos. Posteriormente, a través de un proceso de transformación complejo, ser adaptó a los usos de la nueva policía científica surgida a principios del siglo XX para permanecer, sin prácticamente contestación, hasta hace pocos años, cuando escándalos como el del abogado Mayfield y la llegada de nuevos métodos (como las huellas de ADN) parecen estar propiciando un nuevo régimen de identificación. Como en otras ocasiones, las nuevas tendencias suponen cambios sustanciales en los estándares de prueba, objetivos, grupos identificados, tecnologías y especialistas de la identificación. De hecho, varios informes realizados en EE.UU. y Europa alrededor de 2010 han señalado la necesidad de repensar críticamente los procedimientos empleados en muchas técnicas de investigación policial asumidas hasta ahora como infalibles (incluyendo la identificación en la escena del crimen mediante huellas dactilares).

Estas y otras cuestiones conforman los actuales trabajos sobre historia de la identificación. Se trata de investigaciones que han crecido enormemente en la última década, en parte como resultado de los debates públicos surgidos por la llegada de nuevas tecnologías de identificación y su aplicación generalizada a toda la población, con el supuesto objetivo de dar respuesta a lo que se consideran nuevos problemas del siglo XXI: migraciones, delincuencia tecnológica, terrorismo, nuevas formas de delito, etc. Precisamente el diálogo entre los estudios históricos y las situaciones actuales es el objetivo de las jornadas que se realizan en el Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia “López Piñero” de Valencia durante el mes de febrero de 2016 con el título “Identidades e Identificaciones: Pasado y Presente”. Los seminarios comienzan con la participación de Vincent Denis, autor junto con Ilsen About, de una de las primeras obras de síntesis de los nuevos estudios sobre la historia de los regímenes de identificación. Su tesis doctoral se centró en las transformaciones ocurridas en la Francia del siglo XVIII en relación a técnicas, procedimientos, personal identificador (policías, jueces, militares, clérigos, etc.) y cuerpos identificados (desertores, cadáveres, viajeros, delincuentes, etc.). Asimismo, la profesora argentina Mercedes García Ferrari presenta su libro recientemente publicado sobre uno de los creadores de la dactiloscopia: Juan Vucetich (1858-1925), comisario de policía en Buenos Aires a principios del siglo XX. El ciclo incluye también conferencias sobre problemas de identificación en la actualidad, como la conferencia del médico forense Francisco Echevarría sobre la identificación de las víctimas del franquismo, o un documental sobre la situación de los centros de internamiento de extranjeros. 

Vucetich

Este ciclo de conferencias se complementa con un conjunto de películas. Una de ellas está dedicada a un caso de falsa identidad que ocurrió en un pequeño pueblo del sur de Francia a mediados del siglo XVI. Arnaud du Tilh se apropió durante varios años de la personalidad de Martin Guerre, un soldado que se encontraba en el ejército y que su familia y vecinos daban por muerto. El asunto acabó en los tribunales y el impostor hubiera quizá ganado el juicio y mantenido la farsa, de no haberse finalmente presentado el verdadero Martin Guerre. A pesar de todo, algunos vecinos siguieron dudando sobre quién era el auténtico impostor. Finalmente, la justicia declaró culpable a Arnauld du Tilh y lo condenó a la horca. El proceso causó gran sensación y propició una gran cantidad de escritos y ensayos. Michel de Montaigne lo empleó para reflexionar sobre los límites de la justicia humana en sus célebres Ensayos. El proceso había mostrado que los actos del impostor superaban tanto la comprensión de los jueces que era imposible formular un veredicto razonable. La mejor resolución era, según Montaigne, dejar el juicio en suspenso y reconocer “que el tribunal no entendía nada de la cuestión”.

Return of Martin GuerreMuchos escritos y ensayistas posteriores han reflexionado sobre este caso que también ha inspirado a uno de los libros más famosos de la historia cultural, realizado por Natalie Zemon-Davis, una historiadora que también colaboró en la realización de la película Le Retour de Martin Guerre (1982).

Las diferencias de los casos de Martin Guerre y de Brandon Mayfield son notables, muchas más de las que separan los dos regímenes de identificación en los que se produjeron. En el primero, los jueces tuvieron que decidir mediante pruebas testificales basadas en saberes socialmente compartidos, fruto del reconocimiento mutuo entre vecinos y familiares dentro de comunidades más o menos pequeñas y sedentarias.

En el segundo caso, los policías del FBI confiaron en un indicio (las huellas dactilares) que solamente podía ser interpretado por expertos en dactiloscopia. Los resultados obtenidos en uno y otro caso no son más que ejemplos de la gran diversidad de circunstancias en las que se realizan las prácticas de identificación. Al colocar frente a frente casos tan dispares, los estudios históricos permiten pensar críticamente prácticas sociales que son invisibles por su carácter cotidiano y habitual, lo que hace difícil cuestionarlas o plantear alternativas. Así ocurre en muchos casos relacionados con la ciencia y ley en acción.

José Ramón Bertomeu Sánchez
José Ramón Bertomeu Sánchez

Director del Instituto Interuniversitario López Piñero y profesor de historia de la ciencia en la Universidad de Valencia. Ha realizado numerosas publicaciones en torno a las relaciones entre ciencia y ley a través de la historia. 

Sobre este blog

Recorridos por las fronteras entre la ciencia y la ley a través de casos judiciales relacionados con venenos, infanticidios, patentes, adulteraciones, identificaciones, hipnotismo, manchas de sangre, etc.

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