El término <em>normal </em>en el diccionario de la RAE

La normalidad, para los químicos, es una manera anticuada de medir concentraciones. Ha habido históricamente muchas formas para ello. Por ejemplo, la demalidad, la molinidad y la molonidad. No, no bromeo, yo no había oído nunca estos términos hasta el momento de preparar este escrito, pero veo que se explican en los países asiáticos. Y también había la formalidad, la molalidad y la molaridad. Y la normalidad, la vieja normalidad. En los diccionarios generales no encontraréis ninguno de estos términos, ni en los ingleses o franceses. Y en la Wikipedia, poca cosa.

Se requiere una breve digresión química, lo siento. Vamos a 1777. Wenzel fue el primero en considerar que cierta cantidad de una sustancia era equivalente a una cantidad de otra cuando reaccionaban completamente; y si ambas reaccionaban con una tercera sustancia, las cantidades con que lo hacían eran también las mismas en la mayoría de los casos: eran equivalentes. Richter difundió este concepto a partir de 1792. Fruto de miles de experimentos a lo largo de los siglos XVII y XVIII se pudieron definir dos conceptos fundamentales en química: las fórmulas de las sustancias, y los pesos atómicos de los elementos.

En un principio, las fórmulas representaban simplemente el número de átomos que constituyen la sustancia compuesta, deducida de las cantidades con que reaccionaban los elementos entre ellos. Eran las fórmulas empíricas, como las siguientes, en terminología actual: NO, H₂O, CH3, CH, CH4, CH2O. Estas fórmulas indican solo la proporción de átomos en la sustancia, pero no la estructura real de la molécula. Experimentos complementarios permitieron determinar las fórmulas moleculares de las sustancias , que son el número de átomos que realmente forman la molécula. Por ejemplo, de las anteriores son NO, H₂O, C2H6, C2H2, CH4, C2H4O2. Son posibles también varias fórmulas moleculares para una misma fórmula empírica. Por ejemplo el C60H60, uno de los fulleranos, tiene la misma fórmula empírica que el etino o acetileno C2H2, o que el benceno C6H6: los tres son CH.

De las fórmulas empírica y molecular se calculan inmediatament dos valores. Conociendo la masa atómica de cada elemento, se pueden calcular el peso fórmula, que es la masa en gramos de la fórmula empírica, y el peso molecular, que es la masa en gramos de la fórmula molecular. Otro concepto importante -y más oscuro- es el peso equivalente, que tiene en cuenta cómo es la reacción química en la que interviene la sustancia. El peso equivalente es igual al peso molecular la mayor parte de las veces, o es un submúltiplo sencillo.

Finalmente, la definición que nos faltaba y que es el objetivo de todos los párrafos anteriores. La normalidad de una disolución es el número de pesos equivalentes de sustancia disuelta en un litro de disolución. Se representa por el símbolo N. Dos ejemplos: si hablamos de sosa cáustica o hidróxido de sodio (NaOH), que tiene un peso equivalente de 40 g, una disolución 2N de sosa cáustica tendrá 80 g de sosa y el resto, hasta un litro, de agua. Y si habláramos del ácido clorhídrico HCl, que tiene un peso equivalente de 36,5, una disolución 2N de clorhídrico tendría 73 g del ácido y el resto agua. Y ambas disoluciones son equivalentes, porque cuando se mezclan reaccionan completamente. Este es el concepto de normalidad en química: una concentración. ¿Por qué se llama como se llama y qué tiene de normal? Debe de tener relación con norma y normativa, pero desconozco el origen.

A comienzo del siglo XX el uso de la normalidad para medir concentraciones se empezó  a sustituir por el concepto de molaridad, concepto similar pero que usa el peso molecular. Se representa por la letra M. Deriva del concepto de mol, inventado por Ostwald el 1892, y, según Isaac Asimov, este concepto divide el mundo entre los químicos, que lo entienden y el resto de la humanidad, que no. No hablaremos aquí de ello, pero si estás interesado puedes mirarte este capítulo del libro "Tortilla Quemada": "El mol mola".

Pero había habido también otro concepto para medir concentraciones. Se trataba de la formalidad. Es todo lo mismo, pero usando el peso fórmula en lugar del peso molecular o el peso equivalente. Se representa por F. Y, como ya se ha dicho, además había habido la molalidad (que todavía se explica por aquí), la demalidad, la molinidad y la molonidad.

La IUPAC, organismo regulador de la nomenclatura química, desaconseja desde hace años usar la normalidad, los equivalentes, los pesos fórmula y la formalidad. Es decir, que en el mundo de la química, hace muchos años que no hay normalidad ni formalidad... Y también cree la IUPAC que el término molaridad es anticuado y haría falta sustituirlo por concentración de sustancia. Pero por aquí el concepto de molaridad está muy vivo y sin atisbos de dejar de ser usado.

Y hablemos ahora por fin del desconfinamiento.

El concepto de normal puede querer decir que algo está de acuerdo con una norma establecida, o que es como de ordinario. La vieja normalidad quiere decir, pues, el funcionamiento de la sociedad antes de la pandemia. Acabamos de ver que existía la vieja normalidad de la química. Pero, ¿había una vieja normalidad social? No lo han explicitado las autoridades, que yo sepa, pero implícitamente deben querer decir que todo lo que pasaba antes era lo normal. Las familias, el trabajo, los estudios, los viajes de vacaciones, las diversiones... Pero, ¿formarían parte también de la vieja normalidad las pateras, los conflictos políticos y sociales, el machismo, la explotación de determinadas profesiones, la mala financiación de las universidades, los presos políticos, los brotes de racismo? Todo esto debe estar también dentro de la vieja normalidad.

El gobierno de España, y el de otros países hispanoparlantes, nos propone una nueva normalidad. Este concepto debe haber sido acuñado por algún experto en marketing político, y probablemente está vacío de contenido y su uso no durará mucho. Nueva normalidad tendría que querer decir que se cambiarían hábitos y se harían habituales algunos comportamientos o hábitos diferentes de los de la vieja normalidad. Pero sinceramente no me imagino a nadie cambiando ninguno de los componentes anteriores, los unos porque los queremos así como eran, y otros porque no los podremos cambiar con una sociedad empobrecida. Llego a la conclusión que la nueva normalidad quiere decir la vieja normalidad, más pobre, con menos capacidad de hacer frente a la resolución de los conflictos. Y con mascarilla, para los seguidores de las recomendaciones.

Me temo también que, hablando de nueva normalidad, los gobiernos -como los químicos ya hace tiempos- han abandonado también la formalidad... Procuremos que, al menos, les quede algo de moralidad...

Cronograma de la desescalada, en abril de 2020

Claudi Mans Teixidó
Claudi Mans Teixidó

Catedrático emérito de Ingeniería Química por la Universidad de Barcelona. Autor de los libros de divulgación científica: La truita cremada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya, catalán) y Tortilla quemada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya). Els secrets de les etiquetes (2007, Ed. Mina, catalán) y Los secretos de las etiquetas (2007, Ed. Ariel). La vaca esfèrica (2008, Rubes editorial, catalán). Sferificaciones y macarrones (2010, Ed. Ariel), La química de cada dia (2016, Publicacions de la Universitat de Barcelona, catalán) y La Química en la cocina: una inmersión rápida (2018, Tibidabo Ediciones).

Director científico del Comité Español de la Detergencia, Tensioactivos y Afines (CED). Vocal de la junta de la Associació Catalana de Ciències de l'Alimentació (ACCA) y del Colegio-Agrupación de Químicos de Catalunya.

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La naturaleza del ser humano es su artificialidad: la voluntad de adaptar el medio a sus necesidades. De ahí la tecnología y las ciencias aplicadas. Hablaremos de eso, especialmente de nuestra vida cotidiana. Y también de arte científico, de lenguaje científico-cotidiano... Nos lo pasaremos bien.

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