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Los químicos lo celebraremos con champán: a las 17:38 de la tarde, justo antes de la verbena de San Juan -noche mágica- se ha llegado a cien millones de sustancias en el CAS Registry. 100.000.000.

¿Cómo lo sabemos? Cuando un laboratorio identifica una nueva sustancia en una planta tropical, o sintetiza una nueva molécula para ver si puede ser usada como medicamento, o identifica un nuevo mineral, los científicos redactan un artículo científico, e intentan publicarlo en alguna de las revistas que, a miles, se editan en papel o por la red. Algunas de estas revistas -la mayoría- son de pago, otras son de acceso abierto. La mayor parte de las revistas tienen un sistema de revisores -los peer reviewers- que juzgan si el artículo propuesto es adecuado para la revista, si tiene el nivel de calidad suficiente, si está bien escrito, si los resultados que se presentan son reproducibles por otros laboratorios, etc. Los revisores suelen ser anónimos, y de las mismas especialidades científicas que los autores. Si los revisores están de acuerdo en publicarlo, el artículo se pone en la cola y un día u otro saldrá publicado. Este sistema tiene limitaciones y problemas, pero es el vigente hoy y de difícil modificación.

Algunas de estas revistas como Nature o Science son citadas por los diarios de información general: son famosas, de las más citadas, y donde todo el mundo aspira a publicar. Pero hay miles de revistas, y cada una tiene un índice de impacto diferente: cuanto más impacto, más se valora, porque después la promoción personal del investigador dependerá de dónde ha publicado. La revista de más impacto es la CA-A Cancer Journal for Clinicians, con un impacto de 115. Nature es la que más citas tiene, más de 600.000 al año, con un impacto de 42. De las 8600 revistas indexadas hay 74 de España, siendo la de más impacto la Revista Española de Cardiología, con un factor de 3,79. Hay 580 revistas de química, y encabeza el ranking la Chemical Reviews, con 137.000 citas y un impacto de 46. Hay 134 de ingeniería química, encabezadas por Energy & Environmental Science, con 36.000 citas el año y un factor de 20. Y así para cada especialidad.

Una vez publicado el artículo en una revista empieza una nueva etapa: la indexación y registro del artículo. Hay publicaciones especializadas que leen todos los artículos que se publican de una determinada materia, hacen un resumen y luego publican dichos resúmenes. En 1830 se fundó en Leipzig la primera de estas revistas de resúmenes en el campo de la química, en alemán, y que inspeccionaba todas las revistas conocidas europeas y americanas en cualquier idioma sobre dicha materia. Inicialmente se llamó Pharmaceutisches Centralblatt, El 1850, y visto el predominio de la química en el mundo farmacéutico, pasó a llamarse Chemisch-Pharmazeutisch Zentralblatt, y finalmente en 1856 sólo Chemisches Zentralblatt. Esta revista duró hasta 1969. Habían publicado dos millones de resúmenes. Ahora está toda digitalizada. En la figura adjunta se muestra una edición de 1870 del Chemisches Central-blatt, con C.Zentralblatt 1.JPG

En la Biblioteca de Física y Química de la Universidad de Barcelona disponen del Zentralblatt desde 1897 hasta su último número. Yo la usé a comienzos de mi tesis, y vi pronto que era redundante con la otra gran revista de resúmenes que también tenian en la biblioteca y que es la que ahora tiene el monopolio: el Chemical Abstracts.

El Chemical Abstracts Service (CAS) [+]  es una sección de la American Chemical Society. Entre otras muchas publicaciones, edita desde 1907 la revista de resúmenes Chemical Abstracts. Primero era en papel, pero ya hace años que está sólo en la red. Cada semana revisa más de 8000 revistas de originales y los extracta. Todos los químicos relacionados con la investigación académica o industrial la hemos usado y la usamos en una forma u otra. El volumen de información es tan enorme que se han desarrollado muchas herramientas de selección y filtrado temático que el interesado puede encontrar en su web. Para la tesis yo la usé aún en papel: buscabas en varios índices, leías resúmenes, y seleccionabas y pedías por correo ordinario los artículos que parecían interesantes a sus autores, que te enviaban, si querían, una separata: un trozo de la revista con el artículo. Por no haber, ni fotocopiadoras teníamos. Ahora todo se hace desde el ordenador propio.

En la figura adjunta se muestran los venerables volúmenes históricos del Chemical Abstracts, bajo la innovadora Tabla Periódica de Eugènia Balcells, en la biblioteca de las facultades de Física y Química de la UB.Biblio FQ CA i Balcells.jpg

En 1965 el CAS creó una innovadora herramienta: el registro de sustancias, el CAS Chemical Registry. Todas las sustancias descritas en todos los artículos de química desde el inicio de las publicaciones reciben un número según unas complicadas reglas, y en un registro único se almacena la información sobre el mismo: qué es, qué propiedades tiene, quién y dónde lo han identificado, dónde se describe...

Y, ¿qué es una sustancia para el CAS? Pues cualquiera de las siguientes:

• Compuestos orgánicos como fenol, sacarosa...
• Compuestos inorgánicos como ácido fosfórico, sulfato de praseodimio...
• Metales como sodio, cobalto, samario...
• Aleaciones como latón, acero 18/8, peltre...
• Minerales como calcita, coltan...
• Compuestos de coordinación
• Organometálicos
• Elementos como nitrógeno, xenón, fósforo...
• Isótopos como U235, U238...
• Partículas nucleares como rayos alfa, positrones...
• Proteínas y ácidos nucleicos
• Polímeros como PVC, PET
• Materiales no estructurables (UVCB, Unknown or Variable compositions, Complex reaction products and Biological materials).

Vemos que hay de todo, pero no todo de todo. La mayor parte de mezclas no se consideran sustancias indexables: una mezcla de agua y azúcar puede tener infinitas composiciones, desde solo agua a solo azúcar, y estas mezclas no son sustancias registradas por el CAS. Una yema de huevo, cuya composición es muy característica, tampoco.

El acontecimiento de hoy es que ¡se ha llegado a la sustancia 100.000.000! Cien millones de sustancias es fácil de decir, pero muy difícil de imaginar. 

Pero la mayor parte de estas sustancias no existen ya. Se sintetizaron en su día, se caracterizaron, se publicó su procedimiento de obtención y sus propiedades, y con el paso del tiempo los laboratorios las eliminaron porque no tenían interés para el futuro y no cabían en sus almacenes. Otras sustancias se descomponen con el tiempo. Y de los elementos con número atómico superior a 110 sólo se han generado y detectado algunos átomos que no han sobrevivido más de unas minúsculas fracciones de segundo...

En el lenguaje cotidiano de laboratorio y de las industrias se suele hablar más de productos que de sustancias. Sigma-Aldrich [+] es una de las principales empresas suministradoras de productos para laboratorio. Tiene en sus catálogos más de 200.000 referencias de todo tipo, que puede comercializar en varias formas. Por ejemplo tiene 126 referencias para el oro puro: en nanopartículas, en escamas, en láminas, en diferentes cantidades y envases... Estas diferentes formas son sólo un número del CAS Registry, el CAS 7440-57-5. 200.000 son muchos productos, pero sólo el 2 por mil de las sustancias registradas. Y no todos los tienen en su almacén. Muchos son sintetizados bajo demanda.

Desde 2007 rige en Europa y otros países el sistema REACH [+] . Es un sistema obligatorio de Registro, Evaluación, Autorización y restricción de productos químicos, para todo producto que se fabrique en Europa o se importe un mínimo de una tonelada al año. Hasta inicios de 2015 se han registrado unos 15.000 productos. De ellos, entre el 10 y el 20 %, se comercializan en grandes cantidades y, si son peligrosos, tienen regulado su transporte por carretera mediante las directrices del reglamento ADR (Agreement concerning the International Carriage of Dangerous Goods by Road) para mercancías peligrosas [+]. Hay también regulaciones para ferrocarril, transporte marítimo y aéreo.

El número de sustancias no para de crecer. El 4-5-2015 había 96.565.979. esto quiere decir que su número crece a razón de más de 3000 sustancias por hora.

¿Qué importancia tiene que se haya llegado a 100.000.000 sustancias? Ninguna, naturalmente. Sólo la magia de los números redondos. Y la demostración de que la ciencia avanza, con la creación de sustancias que no hay en la naturaleza, con los nuevos riesgos y las nuevas esperanzas que ello comporta. Muchos científicos de todas las edades y de todas partes están trabajando ahora, y durante el tiempo en que has leído esta entrada se han subido al registro veinte, treinta o más sustancias nuevas. Contempla cómo crece dicho número [+]. Y observa la árida bibliografía de uno de los resúmenes del Chemical Abstract, de 1918. Como este, todos.

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Claudi Mans Teixidó
Claudi Mans Teixidó

Catedrático emérito de Ingeniería Química por la Universidad de Barcelona. Autor de los libros de divulgación científica: La truita cremada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya, catalán) y Tortilla quemada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya). Els secrets de les etiquetes (2007, Ed. Mina, catalán) y Los secretos de las etiquetas (2007, Ed. Ariel). La vaca esfèrica (2008, Rubes editorial, catalán). Sferificaciones y macarrones (2010, Ed. Ariel), La química de cada dia (2016, Publicacions de la Universitat de Barcelona, catalán) y La Química en la cocina: una inmersión rápida (2018, Tibidabo Ediciones).

Director científico del Comité Español de la Detergencia, Tensioactivos y Afines (CED). Vocal de la junta de la Associació Catalana de Ciències de l'Alimentació (ACCA) y del Colegio-Agrupación de Químicos de Catalunya.

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La naturaleza del ser humano es su artificialidad: la voluntad de adaptar el medio a sus necesidades. De ahí la tecnología y las ciencias aplicadas. Hablaremos de eso, especialmente de nuestra vida cotidiana. Y también de arte científico, de lenguaje científico-cotidiano... Nos lo pasaremos bien.

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